POR DOMINGO MURCIA ROSALES, CRONISTA OFICIAL DE ALCALÁ REAL (JAÉN).
El Aula Magna de Capuchinos ofrecía el aspecto de las mejores ocasiones. Si se tiene presente que Francisco Toro Ceballos ha sido figura angular del quehacer cultural de esta ciudad en las últimas cuatro décadas, no sorprende en absoluto. Le quisieron acompañar familiares, amigos y muchos de aquellos con los que, de una u otra manera, ha trabajado y entablado, por tanto, una relación cercana en este tiempo.
Francisco Toro, para la ocasión, ha dirigido a los presentes un discurso personal que, con acierto, ha sabido conciliar los entresijos de su naturaleza y personalidad, con un lugar de honor para el que ha sido su adlátere, Domingo Murcia Rosales, con quien compartirá la condición de cronista oficial de esta ciudad, que lleva a gala ya esa privilegiada forma de bicefalia.
Con ironía se comenzando describiéndose Toro como hombre mujeriego, “pero no en la acepción que están ustedes pensando, sino en la de: necesitado de desenvolverse y desarrollarse entre mujeres”, haciendo repaso de las muchas féminas que han ocupado y ocupan un lugar importante en su vida, comenzando por Manena Ceballos, su madre, siguiendo por Carmen Muñiz, su mujer, y haciendo parada imprescindible en su maestra Carmen Juan Lovera.
Pero no han faltado guiños y recuerdos para muchos hombres claves en su vida: “Enrique Toral y Peñaranda, que me hizo depositario de su legado, tan interesante para la historia giennense y nacional; el catedrático José Rodríguez Molina, a quien tanto debemos los alcalaínos; el notario y fecundo cronista Antonio Linage Conde, figura internacional en casi todas las disciplinas de la investigación. Pero especialmente Domingo Murcia, del que he tenido el honor de haber sido jefe de su gabinete y la gloria de ser su lazarillo”.
“Montado en el vehículo de la jubilación –continuaba Toro Ceballos- que ya no tiene vuelta atrás, me han regalado el mayor galardón que podría esperar. Ser cronista oficial de Alcalá la Real es premiar mis años de dedicación a la cultura…”. Ha habido, igualmente, una atinada mención a sus predecesores. “Les confieso que me gustaría alcanzar la meta a la que llegaron Guardia Castellano, con su fecundidad e ingenio literario; Benavides Luna, con su docta y sensible aportación a la historia local; Utrilla Serrano, con su gracejo descriptivo del costumbrismo; o Murcia Rosales, con su apasionada generosidad y diversidad productiva”.
Ha habido muchas palabras de agradecimiento: a sus compañeros de trabajo, a todos aquellos que se unieron a la propuesta para su nombramiento, a los colectivos alcalaínos, a los medios de comunicación.
Como no podía ser de otro modo, Francisco Toro ha terminado glosando unas palabras publicadas por Domingo Murcia en 1973: “Esta pequeña ciudad nuestra de tertulias y polémicas es como una mujer. Peina sus rizos de olivar y muestra sus encantos, desdeñosa, dispuesta a cautivar al que la visita y a los que habitamos en ella. Conservadora y liberal, cargada de historia o actual, alegre y picante, mordaz… y, desde luego, siempre amable y acogedora. Alcalá, siempre tiene abiertos sus brazos y está preparada para oír requiebros.Para ganar a Alcalá hay que responder a su cortesía con la cortesía. Para enamorarse hay que conocerla…”.
