POR GOVERT WESTERVELD, CRONISTA OFICIAL DE BLANCA (MURCIA)
Abanilla
Villa de la encomienda de Calatrava, que está bajo la propiedad de un hijo del duque de Medina Sidonia, tiene 1.007 mudéjares y 40 cristianos viejos. Está en la frontera con Valencia, por lo que conservan más el «tonillo» morisco, y se dice que los mayores de 50 años entienden el «arauigo», pero no los más jóvenes. Algunos retienen el modo de llorar a los muertos, aunque quien lo menciona opina que no es una secta, sino una barbaridad. En la iglesia hay 92 sanbenitos de castigados por la secta de Mahoma, y el más moderno data de hace menos de 50 años.
Uno de este lugar, en un cierto encuentro en el que el gobernador designó a un cristiano viejo como fiscal de una causa suya, dijo, estando en concejo, que el gobernador hacía mal al designar a un fiscal de otra ley. Cuando el escribano, que también era cristiano viejo, lo corrigió, se declaró que ese fiscal entendía otra ley de otra nación, y todos los demás se ofendieron mucho por lo dicho inicialmente. Tienen aversión a los cristianos viejos, y aunque algunos de ellos son enemigos de estos, uno comentó que no querían asociarse con un cristiano viejo que fuera comisario de la fábrica de la iglesia, que es antigua, pequeña y está en un lugar muy alto, por lo que decidieron no hacerla. En la vida de San Vicente Ferrer se relata que convirtió a los de este lugar y a los de Fortuna, por lo que hace años les hacen mucha fiesta y tienen el voto de guardar su día. El cura, que lleva 8 años como tal, y confesando que está muy ofendido por esta gente, dice muy bien de ellos en general. También otro padre mercenario, de gran renombre religioso, que ha sido varias veces prelado y que hace veinte años ofició como cura en una sede vacante, habló muy bien de ellos en todo, y lo mismo hicieron los cristianos viejos que viven aquí. Solo aquel escribano, del cual consta que ha tenido grandes enfrentamientos con ellos, apunta lo que se mencionó antes, aunque en cuanto a la cristianidad y el modo de vivir, dice a su favor que los valencianos eran tan moros como los de Argel, pero estos, aunque conservan cierto resabio, los considera buenos cristianos. Esto mismo lo afirman con énfasis 21 testigos, tanto en lo general como en algunas particularidades. Dicen que, cuando iban al reino de Valencia a contratar, siempre solían alojarse en casas de cristianos viejos y nunca en las de moriscos valencianos.
Se sabe que en cierta ocasión ocurrió un caso de matrimonio con una mujer morisca de Valencia, lo cual fue tan mal recibido por los demás que el hombre que se casó tuvo que abandonar el lugar. Según el registro de la Aduana, compran cerdos para su consumo. La fábrica de la iglesia tiene una renta de 300 ducados procedentes de limosnas de esta gente, ya que la encomienda no contribuye con nada. Hay cincuenta y una memorias perpetuas. Poseen cuatro ermitas, que visitan con frecuencia y devoción. Además, el comendador de la Orden de la Merced en Murcia informa que desde hace 20 años este lugar y Ricote aportan 100 ducados anualmente a su convento para la redención de cautivos. También constan grandes mandas para una gran cantidad de misas en sus testamentos. Tienen tres cofradías. Aunque hay algunos conflictos con los cristianos viejos, muchos testigos culpan a los mismos cristianos viejos, acusándolos de tratar y mandar a los mudéjares de forma imperiosa. A pesar de esto, existe cierta mezcla entre ambos grupos, pero se les considera del tercer género.
Socobos
Esta villa de Socobos pertenece a la encomienda de la Orden de Santiago, aunque se dice que actualmente está vacante. Hay 574 mudéjares y 30 cristianos viejos. Se afirma que algunos mudéjares emigraron desde Hellín para poblar este lugar. Solo un testigo, sospechoso de ser enemigo de los mudéjares, declara que los ancianos hablan árabe y, aunque no sabe de ninguna conjuración, afirma haber oído a un hombre de Férez, un lugar cercano, que una mujer granadina le dijo que si los del valle se rebelaban, los de Socobos también lo harían. Según este testigo, otro vecino de Socobos, uno granadino ya fallecido y el otro mudéjar, habrían firmado algo relacionado con una supuesta conjuración. El hombre de Férez fue interrogado bajo juramento y confesó haber oído a la granadina decir lo mencionado, proporcionando detalles sobre el lugar y las circunstancias, aunque asegura que ocurrió en privado. También fue interrogada bajo juramento la mencionada granadina, quien negó reiteradamente haber dicho tal cosa. Añadió que, aunque lo hubiera dicho, habría sido un grave testimonio en su contra y una acción que iría contra su alma.
A pesar de que se llevaron a cabo diligencias exhaustivas, no se pudo esclarecer más sobre este asunto. Se menciona además que en aquel lugar ha habido dos o tres matrimonios con granadinos. El párroco actual no tiene una buena opinión de los habitantes, pero se sabe que existen motivos personales que lo han llevado a estar enfrentado con ellos. Sin embargo, incluso este párroco reconoce la sinceridad de su fe cristiana y su forma de vida, y confirma que se mezclan con los cristianos viejos. Esto mismo es corroborado por otros testigos, hasta quince, quienes hablan positivamente de esta comunidad en términos generales y destacan, con énfasis, su devoción y dedicación al culto divino. Entre estos testigos se incluyen tres o cuatro párrocos que sirvieron en este lugar, algunos de ellos durante siete años, quienes también elogian la calidad de sus confesiones.
La comunidad ha construido una nueva iglesia bastante adecuada, edificada por ellos mismos, y en ella se celebran 60 misas perpetuas. Tienen cofradías que desempeñan bien su función, traen predicadores durante la Cuaresma y otras festividades, y en ocasiones recientes han organizado procesiones y novenas de misas. También han solicitado a los pueblos vecinos que los encomienden a Dios en esta dificultad, pidiendo a los párrocos que lo mencionen en sus iglesias. En mi poder está una carta escrita al guardián de San Francisco de Hellín, en la que el alcalde mudéjar, en nombre del pueblo, ruega con gran ternura y fervor que los encomienden a Dios en esta situación. Además, tienen en dicho convento dos o tres memorias antiguas. Aunque en este lugar existe algo más de mezcla con los cristianos viejos que en otros sitios, se les puede incluir en el tercer grupo. De este lugar hay seis o siete familias que se trasladaron a Xerpio por necesidad, y los testigos también hablan favorablemente de ellos.
