HERNÁN DE VEGUILLAS Y OTROS PIONEROS SURGIDOS DE GUADALAJARA
Mar 28 2026

POR ANTONIO HERRERA CASADO, CRONISTA OFICIAL DE GUADALAJARA.


Ayer tuvo lugar en Guadalajara, en el “Aula de Cultura de AACHE”, la presentación del nuevo libro de Ángel Taravillo Alonso, que ha titulado “El morrión y la cruz”. Una crónica novelada de la conquista del Perú, por Francisco Pizarro y sus gentes. La ficción coloca, en puesto destacado, a un alcarreño, que bien pudo ser verdad aunque nunca hubiera existido.

En la larga nómina de alcarreños que fueron a hacer las Américas figuran todo tipo de personajes: frailes inquisidores, virreyes monumentales, obispos aniquiladores de la cultura autóctona, y conquistadores de mano de hierro. En el siglo pasado, cuando yo andaba auxiliando a la Diputación Provincial en la estructuración de su política cultural, proponiendo ideas a través de la Institución Provincial de Cultura “Marqués de Santillana”, entre otras impulsé una colección de libros, que quería componer un conjunto de obras que mostraran la vida singular y la proyección de personajes salidos desde Guadalajara al Nuevo Mundo, a poner caminos nuevos y edificios con significado. Y así nació la colección “Virrey Mendoza” que alcanzó cuatro títulos, uno por año, y que ahora recuerdo quienes fueron sus protagonistas (tanto autores como biografiados).

Empezó la serie Celia Ferrer Tévar con una biografía del mercedario jadraqueño Fray Pedro Urraca, que desarrolló en Perú su gran actividad; seguí yo con un estudio completo del Marqués de Montesclaros, don Juan de Mendoza y Luna, virrey que alcanzó a ser del Perú; terció Adrián Blázquez Garbajosa con un profundo análisis de la figura del más controvertido alcarreño en aquellas tierras, don Nuño Beltrán de Guzmán, conquistador y gobernador luego de la Nueva Galicia, en el norte del actual México; y acabó la serie la profesora Berta Ares Queija con su gran análisis del tendillano Tomás López Medel, explorador de tierras, plantas e indígenas, y que acabó de auditor en lo que hoy es Guatemala (ver mi trabajo en Nueva Alcarria de 24 abril 1992).

Esta serie podría haberse alargado casi hasta el infinito, pero esa actividad de investigación se quedó parada como tantas otras en el capítulo de la cultura.

Otros alcarreños en América

La nómina de los alcarreños en América es tan grande, que haría falta no un libro, sino una enciclopedia, para tratarlos y recordarlos a todos. El profesor Gabriel María Vergara Martín, del Instituto de Enseñanza Media, fue quien primero fijó su atención en el tema y recopiló bastantes nombres de alcarreños en el Nuevo Mundo. Su libro sobre el tema, así titulado “Noticias acerca de algunos naturales de la provincia de Guadalajara que se distinguieron en América”, de 1919, es hoy una joya bibliográfica, reeditada por Aache en formato digital.

Siguió el estudio Lupe Sanz Bueno en 1989 con su “Gentes de Guadalajara en América y Filipinas”. Y acabaron su recopilación Emilio Cuenca y Margarita del Olmo con su libro “Memorial de personas ilustres de Guadalajara en América” de 1990, y yo aún aporté algo en las Actas del III Encuentro de Historiadores del Henares en 1992 con “Algunos frailes lingüistas alcarreños en América”, etc.

Lo que está claro es que han sido cientos los alcarreños que fueron a América en los siglos en que aquel territorio fue gobernado por España, dejando de sí largas memorias y muchas obras importantes.

Hay que recordar, y resaltar en todo caso, los nombres de Antonio de Mendoza, el mondejano que nacido a finales del siglo XV llegó a primer Virrey de la Nueva España, en 1535, abriendo una serie abultada y prolífica de personajes cruciales en la evolución de América. Este Mendoza fue después, en 1549, nombrado virrey del Perú, donde murió pocos meses después de llegar, muy enfermo. Otro de esos alcarreños que dieron lustre a la nómina de virreyes fue don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, quien nacido en Guadalajara siguió el mismo curso del anterior: virrey de México (la Nueva España) en 1603, y de Perú en 1607, volviendo a la península, con todos los honores, en 1616. Hasta seis Mendoza se cuentan como virreyes de América, y en otras parcelas (la política, el ejército, la ciencia y el arte) hubo también alcarreños comprometidos en el desarrollo del Nuevo Continente, en el que se dejaron la piel y los esfuerzos.

Muy someramente, aquí recuerdo a Nuño Beltrán de Guzmán, conquistador de la Nueva Galicia; a Fray Alonso de Molina, autor de “El arte de la lengua mexicana”; a Pedro de Atienza, que pasó el Ocali con Hernando de Soto en una de las más atrevidas aventuras por la Florida; a fray Alonso Gutiérrez de la Vera Cruz, agustino, que fue primer profesor de Sagradas Escrituras en la recién creada Universidad de la Ciudad de México; a fray Diego de Landa, cifontino; a Diego Núñez de Avendaño, que llegó a oidor de la audiencia de Lima, y a Francisco Fabián y Fuero, un intelectual de relieve que alcanzó a ser Obispo de la Puebla de los Ángeles.

El libro

El libro que ayer presentó Ángel Taravillo, es una novela histórica, en la que se recupera la figura de uno de nuestros más grandes conquistadores: el extremeño Francisco Pizarro, quien tras años de viajes, sufrimientos, y mil avatares, se hace con la gobernación del Perú, en la América del Pacífico. En esta novela, que apasiona nada más empezar, y acaba arrebatando, porque no puede dejarse de leer hasta el último punto y aparte, Taravillo analiza y expone en forma de historia vibrante la vida y los hechos de Francisco Pizarro.

Tiene “El morrión y la cruz” características netas de novela histórica porque todo cuanto en ella se relata –los grandes rasgos, las fechas enteras, los nombres protagonistas– con ciertos y están registrados en los anales del ayer lejano. Se añaden, sin embargo, muchos otros condimentos, que afectan al sentimiento de los sujetos de la acción. La visión, desde dentro, de sus anhelos y calamidades. El orgullo por lo bien hecho, y la maldad que a veces aflora como una verruga en medio de una piel tersa.

En mi opinión, ha sido una gran idea la de enlazar la vida de este personaje real con otro inventado, pero que le sirve de complemento, de alter ego y fiel seguidor en todos sus actos, al que llama Hernán Veguillas y le saca del anónimo glosario de hidalgos alcarreños (primero en Trijueque, luego en Atienza…) para cabalgar junto a Pizarro en toda su enorme aventura. Es una idea feliz que cuaja en una historia perfecta, en la que se complementa la realidad de un personaje con el sueño de otro. Pero que juntos (y con muchos otros protagonistas que pueblan el libro) consiguen hacer crónica verídica, relato fiel, hasta el punto de que –aunque todo lo ocurrido es real, histórico y documentado– nos asombra la historia como si de una saga de aventuras se tratase.

El acto de ayer en el Aula de Cultura de AACHE, que como siempre estuvo repleto de público interesado en las esencias patrimoniales de nuestra tierra, resultó un éxito, y el autor –que intervino largamente explicando la génesis y desarrollo de su obra– vino a resultar como ya acostumbra desde hace años que nos muestra sus obras, de un ameno sorprendente. Realmente este “El morrión y la cruz” de Taravillo Alonso es un relato apasionante, que se recordará siempre tras su lectura.

Una novela histórica, en la que se recupera la figura de uno de nuestros más grandes conquistadores, el extremeño Francisco Pizarro, quien tras años de viajes, sufrimientos, y mil avatares, se hace con la gobernación del Perú, en la América del Pacífico. En esta novela, que apasiona nada más empezar, y acaba arrebatando, porque no puede dejarse de leer hasta el último punto y aparte, Taravillo analiza y expone en forma de historia vibrante la vida y los hechos de Francisco Pizarro.

Es una gran idea la de enlazar la vida de este personaje real con otro inventado, pero que le sirve de complemento, de alter ego y fiel seguidor en todos sus actos, al que llama Hernán Veguillas y le saca del anónimo glosario de hidalgos alcarreños (primero en Trijueque, luego en Atienza…) para cabalgar junto a Pizarro en toda su enorme aventura. Es una idea feliz que cuaja en una historia perfecta, en la que se complementa la realidad de un personaje con el sueño de otro. Pero que juntos (y con muchos otros protagonistas que pueblan el libro) consiguen hacer crónica verídica, relato fiel, hasta el punto de que –aunque todo lo ocurrido es real, histórico y documentado– nos asombra la historia como si de una saga de aventuras se tratase.

Realmente este “El morrión y la cruz” de Taravillo Alonso es un relato apasionante, que se recordará siempre tras su lectura.

FUENTE:https://www.herreracasado.com/2026/03/27/hernan-de-veguillas-y-otros-pioneros-surgidos-de-guadalajara/?fbclid=IwY2xjawQ08OhleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBaR0lBS0RWclRSZUdpOVlMc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHh_3ctUaP8db-HQy2lcXGobG1HpX3j31dWqK3Iq38_-f6ZCAgDUaQMi8UNRO_aem_02-cDL4XPg_-CiZGReFM1Q

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