POR MIGUEL GALLEGO ZAPATA, CRONISTA OFICIAL DE SAN JAVIER (MURCIA)
Era el mes de julio de 1956; el calor en Murcia era de rigor, habíamos estado un par de días en el sanatorio de Don Pedro Hernández en la calle de Saavedra Fajardo de Madrid, donde a mi mujer le habían quitado un quiste producido por una inyección infectada.
Nos dieron el alta y en tanto venían a recogernos desde San Javier, nos fuimos a comer al Hotel Hispano.
Al poco de estar allí, mi mujer se mareó, en una mesa cercana había un viejo conocido que se hizo el distraído, pero en unos segundos la dueña del hotel se acercó y me preguntó, e inmediatamente la cogió y la llevó a su cama que estaba muy cerca del comedor y cuando se recuperó la levantó y volvimos a nuestra mesa.
Hay cosas que no se olvidan, pues con la solicitud y afabilidad que aquella gran señora nos atendió, lo tengo grabado en mi cabeza, por no decir en mi corazón, pues en aquel momento yo no sabía qué hacer.
Conocía aquella casa, pues en mis años juveniles, en el Frente de Juventudes nos mandaba al Hotel Hispano.
Ahora cuando leo en la prensa la triste noticia del fallecimiento de Joaquín Abellán (q.e.p.d.) me viene a la memoria el recuerdo de su madre, aquella venerable señora, y quiero rendirle el testimonio de mi recuerdo cariñoso por aquel bello gesto.
