JUANA ELGUEZABAL, LA FUNDADORA DEL TEATRO VARIEDADES, REGRESA A SU CASA DE CÁCERES MÁS DE UN SIGLO DESPUÉS
Mar 04 2026

POR FERNANDO JIMENEZ BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CÁCERES.

                                 

En el primer piso del número 6 de la calle Nidos de Cáceres todavía crujen suelos del siglo XIX. Las bóvedas se conservan. Las chimeneas también. Y en una de sus paredes, una mujer con gafas redondas y moño blanco parece salir del muro como si reclamara su sitio en la historia. Es Juana Elguezabal, la fundadora del Teatro Variedades en la calle Moros (hoy calle Margallo), que regresa a la que fue su casa más de un siglo después de su muerte gracias al proyecto Reflejo, impulsado por el profesor Pedro González Miguel.

La historia comenzó casi por azar. En 2021, el actual propietario de la vivienda compró la casa sin saber que allí había vivido la histórica empresaria del siglo XIX. Fueron los vecinos quienes le pusieron sobre la pista: «Vives en la casa de Juana». A partir de ahí, llegó la investigación, apoyada en los trabajos del cronista Fernando Jiménez Berrocal, y después la decisión de hacer algo más que restaurar paredes.

De raíces vascas
Juana había llegado desde Derio, a escasos kilómetros de Bilbao, junto a sus tíos con apenas 14 años, en 1856. Saturnino González Celaya era notario y estaba casado con Juana Leguinazabal, hermana de María, la madre de la futura empresaria. Cuando fallecieron, heredó la casa y el corral y, lejos de seguir el camino esperado para una mujer de su época, decidió levantar un teatro. No se casó. No se retiró. Emprendió.

El Variedades funcionó durante 26 años, desde 1886 hasta 1912. Tenía su entrada en la calle Moros, número 8. Primero fue de madera, pero salió ardiendo en un incendio que, según las crónicas, propició la creación del primer cuerpo de bomberos en Cáceres. Después se reconstruyó en piedra y acogió representaciones teatrales, espectáculos de variedades y las primeras proyecciones de cinematógrafo en la ciudad. Era un recinto construido a imagen y semejanza del Circo Price. Cerró tras la muerte de su propietaria. Juana falleció el 8 de septiembre de 1912. En sus últimas voluntades dispuso el futuro del teatro para que, en caso de que nadie se interesara por él, fuera dedicado a la educación. La obra pía de Vicente Marrón acabó ocupando el solar con sus escuelas, donde se impartieron clases hasta la década de los 80 del siglo pasado. Aún se puede observar parte del cartel en la parte superior de la puerta de entrada.

Recuperación de la memoria
La recuperación de su memoria no ha sido un encargo institucional, sino una suma de voluntades. El primer resultado visible es un mural en la propia casa. Como no se conserva ninguna fotografía de Juana, el equipo se ha inspirado en un homenaje realizado en su localidad natal por la artista Eneritz Amondarain. A partir de esa base, la figura ha sido reinterpretada: canesú decimonónico, gafas redondas y un pequeño guiño contemporáneo en la marca de las lentes. El mural se completa con un texto que contrapone las miradas que despertó el teatro. También participaron el pintor Vijzěnt Artist, la colorista Nüde-Deco y la contadora de historias MiHistoriaContigo.

El proyecto no termina en la pared. En junio está prevista la presentación de una publicación que recogerá el proceso creativo, textos literarios, investigación histórica, acuarelas y fotografías. También habrá una exposición en el espacio cultural La Traviata con imágenes del mural y de todo el trabajo colectivo.

Más involucrados
Otros nombres que participan en el proyecto son el historiador Diego Nevado, la poeta Rosa Cruz, el actor Santi Senso, la fotógrafa Elena de Caléndula, Victoria Otero (de la editorial Habla de Arte), Martín Mostaza (con una canción sobre Juana) y el profesor de plástica del Instituto Hernández Pacheco Antonio Jesús Pérez.
La intención es que no sea un punto final, sino un comienzo. Que la figura de Juana Elguezábal deje de ser un nombre desconocido en los archivos y vuelva a formar parte del relato de la ciudad. Porque antes de que existiera el Gran Teatro, antes de que hubiera bomberos organizados y antes de que el cine llegara a Cáceres, hubo una mujer que decidió abrir un teatro en el patio de su casa. Y eso, en 1886, no era poca cosa.

FUENTE:https://www.elperiodicoextremadura.com/caceres-local/2026/03/04/reflejo-juana-elguezabal-memoria-caceres-127506780.html

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