LA CAPILLA DEL SAGRARIO DE LA ASUNCIÓN DE PRIEGO DE CÓRDOBA: LA GRAN DESCONOCIDA
Jun 24 2025

POR MANUEL PELÁEZ DEL ROSAL, CRONISTA OFICIAL DE PRIEGO DE CÓRDOBA Y MIEMBRO DE HONOR DE LA RAECO

Cuando nos acercamos a la monumental capilla del Sagrario de la Parroquia, de la que faltan adjetivos para describirla, superblanca y luminosa, y de indescriptible belleza, el impacto visual nos deja perplejos, pues no se acierta por dónde hay que comenzar a mirar. Innumerables preguntas nos asaltan para descifrar los mecanismos de persuasión utilizados en los ambientes religiosos de la cultura del Barroco, entusiasta del culto eucarístico del sagrado lugar cuyas raíces se hunden en el pozo insondable de la memoria.

¿Qué hubo aquí antes de que los rectores de esta iglesia dispusieran su ornamentación y programa iconográfico para ensalzar la figura divina y celebrar con singular veneración y solemnidad determinadas fiestas, Jueves Santo o Día del Amor Fraterno, en primer lugar, y anualmente, en un señalado día festivo el Corpus Christi en el lenguaje popular, y conducir al Santísimo procesionalmente, andas y custodia incluidas, por las calles de Priego?

Citando al profesor Bonet Correa, que ya estuvo en Priego, dicho sea de paso con motivo de los Cursos de Verano sobre El Barroco en Andalucía, en el año 1984, “en la religiosidad del español, y en especial del andaluz, late siempre un profundo deseo de comunicación directa, de íntima proximidad y acercamiento, a través de los sentidos, con la Divinidad”. 

¿Cómo era esta capilla en sus orígenes? ¿Qué imagen, túmulo, altar o tabernáculo la presidía? ¿Quiénes apostaron inicialmente por esta ubicación? ¿Religiosos o seglares? ¿Cuándo se constituyó la cofradía del Santísimo Sacramento de la villa de Priego y quiénes fueron sus agentes y promotores?

¿Qué artistas intervinieron inicial y sucesivamente hasta completar su configuración, optando por el estuco, y pretiriendo la piedra? ¿Qué nos dice la portada por la que se accede, en cuyo remate resalta un escudo de armas, sin duda perteneciente a una familia hidalga de la localidad? ¿Y de qué alcurnia?

A todas y cada una de estas cuestiones dio cumplida respuesta el cronista de la ciudad Manuel Peláez del Rosal, en la conferencia que pronunció el pasado día 16 de junio en la sacristía del templo, aportando numerosos datos hasta ahora inéditos sobre su fundación y evolución estructural.

Hoy ya conocemos que la cofradía fue fundada en torno a 1545, y posteriormente auspiciada por San Juan de Ávila y su discípulo el vicario Marcos López, y que los orígenes de la capilla se remontan ideológicamente al año 1559, en que otorga su testamento el presbítero Juan Zamorano Calvo, disponiendo que se hiciera la capilla y que se acabara “en perfección”. Años más tarde en 1639 el regidor y mercader Fernando Carrillo de Soto contrata a los maestros de albañilería y cantería Felipe de la Cruz y Juan Saquero Galdón para que hagan las gradas y frontal de jaspe como el del altar de la iglesia de la Compañía de la ciudad de Córdoba y que en la portada lucieran las armas de su linaje. Y en 1645 cuando otorga su testamento su esposa, doña Mariana de Arroyo, ésta declara que tanto ella como su marido expresaron querer enterrarse en la capilla que tenían labrada con la advocación de “Nuestra Señora y Señor San José”. Algunas décadas después, en 1717, la capilla albergaba una cofradía dedicada a Nuestra Señora del Carmen y Señor San José, presidida por un retablo dorado en el que estaba el Sagrario, con un nicho en donde se encontraba Nuestra Señora del Carmen, en el centro, Jesús, María y José en la parte superior, San Antonio, San Nicolás, el Padre Eterno y el Espíritu Santo a los lados, y dos lienzos con sus marcos de Santa Ana y los Reyes. 

La reforma emprendida en 1772 para construir un retablo nuevo, tras incorporar al antiguo y reducido recinto una calleja contigua por liberalidad municipal, dio al traste con la capilla antigua, configurando la nueva con un vestíbulo rectangular  y una gran cámara octogonal con un deambulatorio de siete altares y una balaustrada en el cuerpo superior, y decorada con más de treinta motivos del Antiguo y Nuevo Testamento, de Francisco Javier Pedrajas y Remigio del Mármol, y presidida en su embocadura por un templete o tabernáculo, que sustituyó a otro más antiguo, obra aquél del artista montillano Manuel Garnelo y Alda y del taller del orfebre cordobés Manuel Aumente, fechado en 1941.

El amplio texto que pronto verá la luz en formato libro, editado por suscripción popular, viene ilustrado con casi un centenar de imágenes relacionadas con la Eucaristía, y recoge además un resumen de la situación de la villa de Priego en el siglo XVIII, y un extenso trasunto histórico de la procesión, del hospital del Corpus Christi, de sus danzas y saraos y de los autos sacramentales, así como de la autoría de las andas y custodia, y de sus célebres artífices: el granadino Luis de Beas (1589) y el cordobés Juan Polaíno de Cuéllar (1633) por fallecimiento del platero Antonio de la Cruz.

Su lectura teológica y el simbolismo de sus numerosos motivos y de su mensaje, explicitado puntualmente, nos ayudarán a comprender mejor la catequesis que con ellos se pretendió transmitir con esta inconmensurable obra de arte, pieza antológica del barroco andaluz y orgullo de nuestra ciudad.

Fuente: Diario CÓRDOBA, 17 de junio de 2025

FUENTE: M-P-DE´R-

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