POR MIGUEL MARTÍNEZ APARICIO, CRONISTA OFICIAL DE CALLOSA DE SEGURA (ALICANTE).
Cuando se silencia el sonido festero de las fiestas patronales de San Roque y las luces que engalanan las calles se apagan, Callosa de Segura sigue de fiestas de la mano de los barrios de nuestra huerta, que mantienen viva la tradición más popular y festiva, caracterizada por la convivencia y la participación.
Los populares barrios de Los Dolores y de San José se unen este fin de semana: uno para finalizar sus festejos y el otro para comenzarlos. Una unión marcada, sin duda, por la existencia de la carretera de Catral o de Dolores, hoy CV-913, que los ha visto nacer y crecer.
Esta importante carretera nació en la segunda mitad del siglo XIX para unir la villa con la capital del partido judicial, utilizando parte de los antiguos caminos huertanos. Discurría junto a caseríos y fincas donde se cultivaban hortalizas y cáñamo, entre los canales de nuestro tradicional sistema de riego y una vegetación formada por moreras, palmeras y olmos que daban sombra a viandantes y carruajes en los tórridos días de verano.
Según publicó La Libertad el 14 de septiembre de 1864, el Plan General de Carreteras del Estado, aprobado unos días antes, ya establecía para la provincia de Alicante esta carretera como vía de segundo orden. Años después, El Graduador, en su edición de 29 de junio de 1877, recogía un nuevo planeamiento en el que la carretera de Callosa de Segura a Dolores aparecía entre las de tercer orden.
Ya en el siglo XX, El Liberal, el 5 de junio de 1908, publicaba que el diputado en Cortes Luis Díez Guirao de Revenga, acompañado del alcalde callosino, señor Gilabert Pastor, había realizado gestiones sobre la concesión de la carretera de Callosa hasta Catral, definida como una «importante e indispensable vía de comunicación». Unos días antes, el Diario de Alicante ya había anunciado el estudio de la carretera por parte de la Dirección General de Obras Públicas.
Todo apunta, por tanto, a que sería durante la década de 1910 cuando se iniciaron las obras. En 1918, El Liberal recogía ya un trágico accidente sufrido por un carro cargado de cáñamo en la carretera de Catral.
Los trabajos continuaron durante la década de 1920. El Diario de Alicante, el 28 de marzo de 1925, relataba cómo los terraplenes de la carretera en la zona urbana estaban provocando lodazales y la inundación de viviendas debido a las fuertes lluvias. Cabe señalar que el kilómetro 0 de este vial comienza en el actual cruce de las calles Desamparados y Santa Rita, junto al Mercado de Abastos.
El 4 de enero de 1929, la Gaceta de Madrid publicaba un Real Decreto por el que se cedían al Ayuntamiento de Callosa de Segura cerca de veinte mil metros cuadrados de terrenos sobrantes del antiguo camino de Callosa a Catral, consecuencia de la construcción de la carretera que unía la ciudad con Dolores, «a fin de que el Ayuntamiento urbanice dichos terrenos y construya una calle» respetando las franjas necesarias para futuras ampliaciones y servicios del vial.
La carretera no solo mejoró las comunicaciones, sino que contribuyó a transformar este espacio de la Huerta Sur, favoreciendo el crecimiento de barriadas que, con el paso del tiempo, formarían parte esencial de la identidad y de la vida festiva de Callosa.
Es el caso del Barrio de Los Dolores. Sobre el origen de su fiesta desconocemos algunos aspectos de su patronazgo, aunque sí conocemos el inicio de sus celebraciones hace 120 años.
Siendo párroco Julio López Mamón, La Correspondencia de Alicante recogía el 19 de septiembre de 1906 que el día anterior había sido trasladada procesionalmente la imagen de Nuestra Señora de los Dolores desde la iglesia parroquial de Callosa de Segura hasta su santuario, recientemente construido en el populoso barrio denominado «Las Barracas. término de dicha villa, a cuyo acto asistió numerosa concurrencia, siendo amenizado por la notable banda de música de Albatera».
La misma información anunciaba que el domingo 23 de septiembre tendrían lugar «las grandes fiestas que en honor a la Virgen de los Dolores dedican por primera vez los vecinos de dicho barrio», organizadas por una comisión de festejos presidida por el pedáneo Ignacio Noguera.
Aquella primera ermita, construida por los propios vecinos, resultó muy afectada por la Guerra Civil. En los años posteriores fue reconstruida hasta quedar en condiciones de ser elevada a parroquia en 1955 por el obispo Pablo Barrachina. Con el paso del tiempo, el templo sufrió un importante deterioro y fue derribado en la década de 1990, construyéndose el nuevo edificio que hoy recibe a la patrona de esta barriada.
La fiesta del Barrio de Los Dolores, trasladada a los últimos días de agosto, mantiene así una tradición que supera ya el siglo y que constituye uno de los mejores ejemplos de la continuidad de las fiestas de barrio en nuestra huerta.
En cuanto al Barrio de San José, sus fiestas se celebran en los primeros días de septiembre y están dedicadas a la Sagrada Familia, especialmente a la figura del Patriarca que da nombre a la barriada. Su origen está ligado al de la propia carretera que lo vertebra. La consolidación del barrio debió producirse durante las primeras décadas del siglo XX, coincidiendo con la transformación de aquel antiguo camino en una moderna vía de comunicación.
En uno de los inventarios de la Parroquia de San Martín, aparece la ermita de la Sagrada Familia, cuya antigüedad se sitúa, aunque sin precisión, en los años veinte. Su construcción estaría, por tanto, vinculada a la consolidación de la carretera y del propio barrio.
La pequeña ermita fue levantada por los vecinos sobre un terreno donado por Manuel García Seva. En ella se veneraba un cuadro de la Sagrada Familia, origen de unas fiestas que con el paso del tiempo se consolidarían como una de las celebraciones tradicionales de nuestra huerta. Años más tarde, el templo sería ampliado con sus naves laterales gracias a la donación realizada por Manuel García Torres.
El barrio también es conocido como La Frasquitina. Según algunas fuentes orales, esta denominación procede de una de sus vecinas más antiguas, que colocó en la fachada de su vivienda una hornacina con la imagen de San José. Así, el lugar habría pasado de ser conocido popularmente como el barrio de la Frasquitina a recibir la denominación de barrio de San José.
Por el momento, no he encontrado una denominación concreta para este barrio en los documentos históricos, como sí sucede con los barrios de Los Dolores y San Roque en los censos electorales de 1924 o 1927. En ellos aparecen sus vecinos, de profesión labradores en su mayoría, como residentes en la Huerta Sur.
Dos barrios, dos fiestas y una misma carretera que los une. Una vía que nació para mejorar las comunicaciones y que, con el paso del tiempo, se convirtió también en eje de crecimiento y convivencia para muchas familias de nuestra huerta.
Finalizo esta tribuna en un fin de semana de fiesta, en ese espacio de la huerta enmarcado por la carretera que ha dado vida a estas barriadas. Mi deseo de felicidad para sus vecinos en estos días de jolgorio y convivencia, y mi agradecimiento a las comisiones que, a lo largo del tiempo, han dado forma a sus actos y celebraciones.
Un reconocimiento que este 2026 se personaliza en La Chispa, en Los Dolores, y La Traca, en San José, herederas de tantas personas que, generación tras generación, han mantenido viva una forma de entender la fiesta: desde el barrio, desde sus caminos y, sobre todo, desde la convivencia.
FUENTE:https://www.informacion.es/opinion/2026/08/30/carretera-une-fiestas-huerta-133770823.html
