LA CRUZ DE LOS BARREROS
Oct 08 2025

POR ANTONIO RAMIRO CHICO, CRONISTA OFICIAL DE LA PUEBLA Y VILLA DE GUADALUPE (CÁCERES)

Introducción:  Hace ya algunos días varios vecinos de  Guadalupe me preguntaron por una cruz de madera que cuelga  desde hace varios siglos de la fachada de la casa, hoy propiedad de los herederos  de Agapito Leza Baños y Faustina Enríquez González, situada  en el número 26 de la calle Alfonso Moreno Collado, anteriormente denominada Barrero o Barrio de la Barrera del Tejar.

A pesar de  haber consultados varias fuentes, tanto manuscritas y bibliográficas, sobre la historia, oficios y cartografía de la Puebla y Villa de Guadalupe, nada se recoge sobre este hecho que forma parte de la espiritualidad de las distintas cofradías o hermandades  que desde la Edad Media se instituyeron en la Puebla en torno a su Santuario Nacional (1340) como lugar santo de peregrinación.

En Extremadura las circunstancias de la propia Reconquista condicionaron  el desarrollo del propio gremio de los barreros o alfareros, debido en parte al empuje de los almorávides y almohades, verdaderos técnicos en el trabajo del barro. No será hasta la Edad Moderna  cuando estos profesionales alcance cierta importancia  en el desarrollo de los gremios.

En Guadalupe, dichos trabajadores desde el principio estuvieron bajo la tutela, en primer lugar, del priorato secular y del Patronato Real, instituido por Alfonso XI el 25 de diciembre de  1340. A partir de 1348, tras la concesión  del Señorío temporal al prior sobre la Puebla todo el territorio quedará sometido  exclusivamente  a la autoridad eclesiástica y civil  del prior, que será quien regule el funcionamiento  de  dichos trabajadores, lo que ocurrirá hasta las primeras décadas del siglo XIX.

Barreros, alfareros y olleros.

Todos estos profesionales eran trabajadores del barro, material imprescindible  para el importante desarrollo que alcanzó el Santuario de Guadalupe en el siglo XV, su Puebla y granjas de esta empresa innovadora, que tenía regulado todas sus estructuras, como se puede colegir por el Libro de los oficios del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe:

“Tejar. En este tejar labran quasy IIIIº meses: junio, julio, agosto y septiembre. Son menester aquí syete hombres. Dase a cada uno al mes LXXX maravedíes . Gástanse aquí II mil maravediés. Vale  el millar de la teja a  CCCXXX maravedíes. Sale el çiento a XXXIII e el X a III maravedíes i III dineros. Vale el millar de ladrillo a CCCCXL maravedíes, sale el C a  XLIIIIº maravedíes, la dozena a IIIIº maravedíes e IIIIº dineros, II mil maravedíes”[1].

“Junio; 1. “Aquí se provea el tejar de gente para traer la teja”.

Fray Esteban de Horche narra también en su obra: Instrucción de un Passagero para no errar el camino  la necesidad que tenía el Padre Mayordomo de poner todo su infjujo, para que todos los veranos se haga abundantemente: Teja y ladrillo, y que se haga bien, porque suele salir comúnmente por falta de cuidado unas veces crudo y otras por dar el fuego de prisa y arrebatadamente, quemada y derretida la obra, porque se necesita de que echen más tiempo que lo ordinario al darle fuego y dándosele al principio con mucho tiento, y con poca leñas y se ha de procurar que haya dos tendedores de tejas, porque no falten los dos hornos cada semana y desde luego ha de poner gran cuidado, en que de ninguna manera se venda uno, ni otro, porque de todo se necesita para el gasto de Casa y para la del Arca, que son muchas y todo esto es necesario para ocupar la gente y por falta de esta prevención suele faltar los materiales a la mitad del invierno·.

Barreros, eran los encargados de extraer el barro y de fabricar las tejas y los ladrillos, elementos imprescindible para la construcción del Real Monasterio, la Puebla y sus respectivas granjas. Alfareros, trabajaban el barro ayudados por el torno haciendo utensilios de cerámica y los famosos atanores vidriados, que desde el siglo XIV utilizaron en grandes cantidades para la cañería y conducción del agua a Guadalupe. Olleros, llamados así porque realizaban las ollas o vasijas, bien para el aceite, el vino o la miel. Todos ellos productos de primera necesidad para la vida del monasterio y sus peregrinos.

Hay dos obras que por su importancia y colosal infraestructura  son fiel referente del trabajo que desarrollaron los “barreros” en Guadalupe:

La primera: La traída del agua desde  el mismo nacimiento del río Guadalupe hasta el  monasterio, realizada durante el priorato secular(1350­_1367), en tiempo de Toribio Fernández de Mena-, en cuyos veinte mil pies se gastaron más de 30.000 doblas de oro.

La segunda: La construcción del Claustro Mudéjar con su singular templete, obra de Fray Juan de Sevilla. Levantado el claustro sobre la antigua Plaza de Armas, ocupa una superficie de 1680 metros cuadrados y su construcción se llevó a cabo durante el priorato jerónimo de  fray Fernando Yáñez de Figueroa (1389_1410), en el que se utilizó principalmente ladrillo aplantillado y barro crudo, con mortero de cal.

El tejar

El Monasterio poseía un Tejar a las afueras de la Puebla, en el barrio de Arriba, al final de la barrera del Tejar, por debajo de la calle Matorral y por encima del actual centro de ASDIVI, en medio de dos huertas  que poseía el  Monasterio en aquella época, tal como recoge nuestro paisano José Antonio Jorge en el interesante mapa que elaboró de la Puebla de Santa María de Guadalupe para el siglo XVI, publicado en el anexo del libro El Arca del Agua, de fray Hipólito Ámez Prieto.

Enfrente de la puerta de entrada al tejar había dos hornos de teja y ladrillo[2], que se utilizaban para cocer dichos materiales de construcción, que junto con el horno de cal del Mato estaban principalmente destinado para cubrir las necesidades materiales de sus edificios, como los demás ingenios artesanales, estaban grabados con los censos perpetuos, por lo que su rentabilidad era muy alta, superior incluso, a la que producían los propios molinos del monasterio.

Solamente los hornos de teja estaban valorados en 2.000 reales anuales, a los que se debe sumar los 2,200 reales del honor de cal. Tanto en uno como en otro existían una serie de estructuras que se completaban  con un  número de edificios añadidos: 5 casas eran necesaria para almacenar el producto y las cuadrillas de trabajadores que se encargaban de los hornos, moraban cerca del lugar de la fabricación, principalmente en la barrera del Tejar.

La arcilla, según nos ilustra  Jose-Carlos Salcedo Hernández en su tesis doctoral Urbanismo y Arquitectura de la Puebla  de Guadalupe se obtenía de zonas arcillosa de los rellenos terciarios de derrubio de ladera dentro de su propio término. La arcilla de mayor calidad era la que se utilizaba para la formación de ladrillos, tejas y caños, previa cocción  en sus respectivos hornos.

Los ladrillos fabricados en Guadalupe tenían un formato mayor a los ladrillos actuales (36 x 16 x 5 cms). También se fabricaban  baldosas y azulejos, de formato cuadrado entre 2,5 y 3 cms, que por su bajo grado de cocción  se empleaban siempre para interiores.

FUENTE: https://cronistasdeguadalupe.blogspot.com/2025/08/la-cruz-de-los-barreros.html?m=1

Calendario

enero 2026
L M X J V S D
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

Archivos

UN PORTAL QUE CONTINÚA ABIERTO A TODO EL MUNDO