LA FILOSOFÍA DE LA CONVERGENCIA CRÍTICA DE MARY HARRINGTON Y DONNA HARAWAY: FEMINISMO, TECNOLOGÍA Y NATURALEZA HUMANA
Ago 12 2025

POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ).

Dos puntos de partida diferentes que coinciden en un aspecto fundamental.

En los últimos años, el debate público en torno al feminismo, la tecnología y la identidad ha experimentado una transformación notable, produciendo alianzas ideológicas que hasta hace poco tiempo habrían resultado sorprendentes.

Lo que algunos teóricos identifican como el desplazamiento de la ventana de Overton ha dado lugar a un escenario en el que tanto la izquierda marxista tradicional, como sectores de la derecha liberal e incluso del cristianismo, comparten críticas contra los excesos del feminismo contemporáneo, particularmente en su vertiente interseccional y biolibertaria.

En este contexto se sitúa el pensamiento de Mary Harrington, una de las principales representantes de lo que ella misma denomina feminismo reaccionario. En su obra Feminism Against Progress (2023), Harrington sostiene que el feminismo moderno, lejos de emancipar a la mujer, ha contribuido a su sometimiento bajo los intereses del mercado capitalista y de la tecnología, anulando su esencia biológica y sus dimensiones existenciales más profundas, a través de mecanismos, como la anticoncepción, la gestación subrogada y las intervenciones de transición de género.

Harrington plantea que los avances tecnológicos aplicados al cuerpo femenino no han traído consigo una verdadera emancipación, sino que han intensificado las formas de dominación, mercantilización y alienación de la mujer. Desde su perspectiva, el aparente empoderamiento ofrecido por el feminismo de tercera y cuarta ola se convierte en una ilusión que instrumentaliza el cuerpo femenino al servicio de los intereses del mercado. En lugar de favorecer a la mayoría de las mujeres, estos avances tecnológicos han producido beneficios para una élite reducida, mientras que han generado nuevas formas de explotación y precarización para muchas otras.

Esta visión, profundamente crítica, encuentra un inesperado eco en algunos aspectos de la obra de Donna Haraway, particularmente en su Manifiesto Cyborg (1985). Haraway, sin embargo, adopta una posición más ambivalente respecto a la relación entre tecnología, cuerpo y género.

Para Haraway, el cyborg representa una figura híbrida, poshumana, que desafía las dicotomías clásicas entre naturaleza y cultura, hombre y mujer, máquina y organismo. En su visión, los avances tecnológicos permiten imaginar subjetividades fluidas, identidades no esencialistas y la posibilidad de trascender los límites tradicionales del cuerpo y del género.

Sin embargo, aunque los puntos de partida de Harrington y Haraway difieren, sus análisis coinciden en un aspecto fundamental: la constatación de que la tecnología está reformulando las categorías clásicas de identidad y sexualidad.

Donde Haraway ve potencial emancipador en la hibridez tecnológica del cyborg, Harrington observa el riesgo de una desnaturalización de la mujer, que desemboca en su sometimiento a los dictados del mercado biotecnológico y transhumanista.

Harrington traza el inicio de esta deriva en la Revolución Industrial, al identificar cómo la mecanización del trabajo doméstico desplazó a la mujer de su rol tradicional como cuidadora y núcleo del hogar, situándola en una encrucijada entre las exigencias del mercado laboral y las responsabilidades familiares. De este modo, propone una distinción entre dos tradiciones feministas:

– las feministas del cuidado, defensoras del rol materno y doméstico y

– las feministas de la libertad, que buscaron la equiparación laboral con los hombres en el nuevo mercado industrial.

La expansión del control tecnológico sobre la reproducción —a través de la anticoncepción y el aborto— representaría, según Harrington, un punto de inflexión que transformó el feminismo en un movimiento biolibertario, enfocado en superar los límites biológicos mediante la tecnología.

En este punto, Harrington introduce el concepto de biolibertarismo como una nueva fase ideológica en la que la naturaleza humana es objeto de ingeniería biotecnológica, particularmente a través del control de la fertilidad y las tecnologías reproductivas. El cuerpo femenino, en su lectura, se convierte en el primer campo de experimentación del proyecto transhumanista, una dinámica que proporciona libertad selectiva a unas pocas mujeres y nuevas formas de vulnerabilidad y explotación a muchas otras.

A diferencia de Haraway, cuya propuesta cyborg implica la celebración de los cruces híbridos entre naturaleza y tecnología como formas de emancipación, Harrington advierte de los riesgos inherentes a este proceso, especialmente en lo que respecta a la instrumentalización de la mujer como objeto técnico.

Ambas autoras, sin embargo, coinciden en señalar que la cuestión de la agencia femenina se encuentra profundamente imbricada en la relación compleja entre el cuerpo y la técnica.

Desde una perspectiva cristiana —que Harrington reconoce sin necesariamente asumirla como propia—, estas problemáticas también encuentran resonancia. La antropología cristiana, sustentada en la dignidad ontológica de la persona como imagen de Dios, plantea serias objeciones al intento de disolver los límites naturales entre los sexos y a la mercantilización del cuerpo. La tradición mariana, en particular, proporciona para Harrington un modelo cultural y espiritual que reconoce la centralidad de la maternidad y el amor como fuentes de sentido y dignidad.

En definitiva, el análisis de Harrington, en diálogo indirecto con Haraway, refleja una de las principales tensiones filosóficas de nuestro tiempo: la pugna entre un humanismo encarnado, que reconoce los límites biológicos como condición de la existencia humana y un proyecto transhumanista que aspira a la superación técnica de dichos límites.

Mientras el cyborg de Haraway simboliza el potencial emancipador de la disolución de las fronteras, Harrington subraya la necesidad de reconciliarse con la finitud, las diferencias sexuales y la interdependencia entre hombres y mujeres como pilares fundamentales de una vida humana plenamente vivida.

FUENTE: https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/5392903/filosofia-convergencia-critica-mary-harrington-donna-haraway-feminismo-tecnologia-naturaleza-humana

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