POR JUAN PEDRO RECIO CUESTA, CRONISTA OFICIAL DE TORNAVACAS (CÁCERES).

A comienzos del siglo XX, los vecinos de Tornavacas y Jerte aprovechaban las crecidas del río para trasladar madera destinada al ferrocarril.
Corría el año de 1901 y la carretera de Plasencia a Barco de Ávila (actual N-110), se encontraba construida hasta Cabezuela. Jerte y Tornavacas, los pueblos más cercanos a la vecina provincia de Ávila, aún no disponían, por tanto, de una vía de comunicación que permitiera el transporte de ciertas mercancías, productos u objetos de gran volumen, pues las dimensiones del Camino Real y de los caminos de herradura eran reducidas para ello. El Valle del Jerte (en aquellas fechas, como así lo ha sido históricamente, aún más comúnmente conocido como Valle de Plasencia o de Tornavacas), en el que ahora más de dos millones de ejemplares de cerezos pueblan sus laderas, contaba entonces con una destacada masa forestal compuestade, principalmente, robles y castaños, muchos de ellos con décadas –e incluso siglos- de historia.Su río, fuente de vida de la comarca y cuyo nombre bautiza a la misma, es uno de los protagonistas de esta historia.
Pongámonos en situación: en los términos de Jerte y Tornavacas, allá por aquel ya lejano año de 1901 y atendiendo a la información contenida en el Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, se estaba produciendo la tala de robles en las fincas denominadas Talamanca y Tejadillo, -ya de propiedad particular tras su desamortización-.Y el hecho de no disponer de una vía acorde para el transporte de su madera, hizo que la persona que había comprado la misma, don Ángel Sáenz de Heredia, vecino de Madrid, solicitara autorización para “conducir maderas de roble por el rio Jerte”. Resuelto favorablemente el proceso administrativo de su solicitud, debía de cumplir una serie de condiciones a la hora de realizar el transporte de la madera por el cauce del río. En una de ellas se indicaba que dicha autorización era, exclusivamente, “para conducir por el rio Jerte, la madera de roble procedente de la corta que está efectuando en las fincas denominadas Talamanca y Tejadillo, sitas en los términos de Tornavacas y Jerte”. Otra especificaba que “el trayecto en que ha de hacerse la flotación es el comprendido entre Tornavacas y Plasencia, y habrá de realizarse aprovechando las crecidas del río desde octubre a mayo, ambos meses inclusive”.
¿Y para qué se utilizarían estas maderas una vez llegaran a Plasencia? Pues es algo que no se nos concreta en el documento de la autorización, pero, en su mayoría, teniendo en cuenta las fechas y las informaciones que analizaremos a continuación, debieron emplearsepara la reposición de traviesas de las vías de ferrocarril entonces ya construidas, pues con anterioridad, en las décadas de 1880 y 1890, ya se había transportado madera que sirvió para las traviesas de dichas vías, pues así nos lo confirman varias referencias. Una de 1883, también incluida en el ya citado Boletín Oficial, en la cual se autorizaba a la empresa maderera ‘La Forestal Extremeña’, «para que en las épocas de algún aumento en las aguas del río Jerte, pueda conducirse hasta Plasencia por medio de simple flotación, las traviesas [para ferrocarril] que se fabriquen en estos montes». Y otra de 1899, hallada en la misma publicación, cuando a petición del “contratista de traviesas para los ferrocarriles de Madrid á Cáceres y á Portugal y de Plasencia á Astorga» se le concedió permiso para «conducir maderas por el río Jerte desde el pueblo de Jerte hasta Plasencia, aprovechando las crecidas desde el mes de noviembre al de mayo ambos inclusive […] por el tiempo que dure la explotación de traviesas en los términos municipales de Jerte, Cabezuela y Navaconcejo».
Fechas más remotas
Así pues, esta práctica, aunque nos pueda parecer muy curiosa vista con los ojos de la actualidad, fue empleada en esta zona durante un tiempo (finales del siglo XIX y principios del XX). Y nos atrevemos a decir que es muy probable que también se practicara desde fechas mucho más remotas, coincidiendo con ocasiones puntuales en las cualesexistiera una alta demanda de madera para realizar determinadas construcciones.
Este medio de transportar madera, aprovechando la época de mayor caudal de los ríos, es algo que se conoce como la ‘maderada’. Y representa una práctica ya extinta con gran importancia en determinadas regiones de España y que lleva asociada un patrimonio material (gancheros, navatas…) e inmaterial (conocimientos, técnica, vivencias…) de gran valor, que quedó muy bien reflejado José Luis Sampedro en su novela ‘El río que nos lleva’.
En Extremadura, esta práctica no fue apenas habitual dadas, principalmente, las características de la mayoría de sus ríos, viéndose limitada por tanto prácticamente al río Jerte, pero sí lo fue en otras zonas de gran producción maderera de España ubicadas en Aragón, Navarra o la Comunidad Valenciana, entre otras, hasta bien entrado el siglo XX.
En el Valle del Jerte en general y en algunos de sus pueblos, como Jerte y Tornavacas, de manera especial, la corta de robles ha sido una práctica que ha continuado hasta hace pocas décadas. Un trabajo que, aunque también ha tenido su contraparte negativa (desaparición de ejemplares singularesde castaños y robles), ha sido llevado a cabo por parte de nuestros mayores para posteriormente trasladar su madera, a base de un enorme esfuerzo físico, desde las sierras y montes hacia la carretera, ya entonces existente, donde era recogida por camiones.
Pero esta ya es otra historia que merecerá nuestra atención en próximos escritos, pues no debemos olvidar que el bienestar material del que disfrutamos hoy se debe, en gran parte, al esfuerzo y trabajo de una generación irrepetible que vivió en unas duras condiciones y salió adelante en las décadas más difíciles del pasado siglo XX.