LA REINAUGURACIÓN DE LA PLAZA DE TOROS DE CARAVACA, HACE CIEN AÑOS (1926)
Oct 22 2026

POR JOSE ANTONIO MELGARES GUERRERO , CRONISTA OFICIAL DE CARAVACA DE LA CRUZ (MURCIA).

                                         

Ruinosa la primera plaza de toros, construida en el barrio del Egido en 1880, por la empresa particular constituida para ello, llamada “La Constructora Caravaqueña”, presidida por el alcalde Francisco Sánchez Olmo, y formada por comerciantes y negociantes locales, cuyo único interés estaba en dotar a la ciudad de elementos que concitaran la voluntad de los forasteros por acudir a ella (los turistas de entonces), gracias a la generosidad de un acaudalado hombre de negocios llamado Bartolomé García López (conocido popular y cariñosamente como “Bartolico el de las Minas”, por un negocio minero en que intervino en su juventud), el 4 de octubre de 1926 (acaba de cumplirse un siglo), se reinauguró aquel recinto, que en sus orígenes se levantó sobre las ruinas del desamortizado convento de S. Francisco (incluyendo la residencia e iglesia del conjunto conventual).
La reinauguración de la Plaza de Toros de Caravaca, hace cien años (1926)
Casi cincuenta años después de inaugurarse la primera plaza, construida con pocos medios y peores materiales, en tiempo record de poco más de tres meses por la mencionada “Constructora Caravaqueña”, aquel coso dejó de ofrecer espectáculos en 1918, tras muchas restauraciones a lo largo de su corta existencia. Ocho largos años después, “Bartolico el de las Minas”, que ya había colaborado desinteresadamente con el Ayuntamiento en obras señeras de la ciudad, adquirió la plaza con el propósito de reconstruirla de nuevo, ofreciendo a sus paisanos un monumento digno se competir con otros del tejido monumental de la misma, y que no quedara ensombrecido por ninguno de ellos, con personalidad propia y referente obligado en su contemplación panorámica.

Primeramente buscó un socio: Juan Manuel Oñate Sánchez, para, entre ambos, hacer frente al importe del proyecto, y después contrató al arquitecto madrileño Manuel Muñoz Cassajus, quien concibió un coso monumental, con dos pisos de gradas y capacidad para diez mil personas. Con fachada de estilo mudéjar, enlucida en rojo, que en su momento debió despertar sentimientos encontrados en los gustos estéticos de la población. El Ayuntamiento, aunque de manera poco generosa, también colaboró en trabajos auxiliares de desmonte del terreno, quedando el edificio a punto para su inauguración, en la Feria de 1926, coincidiendo con la fiesta litúrgica de S. Francisco de Asís, bajo cuyo patrocinio estaba y sigue estando el barrio “del Egido” (al que popularmente se refería la población, y sigue haciéndolo como “El Legío”).

La corrida inaugural se anunció a bombo y platillo en toda la Región, entonces provincia de Murcia. Se insertaron anuncios en los periódicos locales y regionales, y se buscó un cartel de lujo entre lo más selecto del mundo de la tauromaquia en aquel momento.

El Diario “El Liberal” de Murcia destacó en la ciudad a su crítico taurino (que firmaba como “Don Diquela”), quien en su crónica del día siguiente contó “la animación que en el día de ayer reinó en Caravaca. Desde la noche anterior se hallaban las fondas abarrotadas de huéspedes, y fue tal la aglomeración, que algunos durmieron en divanes. Durante todo el día, el tráfico de automóviles fue enorme. La población ofrecía un brillante aspecto y la satisfacción de los caravaqueños no tuvo límite. La mujer de la tierra, sin embargo, que se distingue por su extraordinaria belleza, es el mejor ornamento de la ciudad”.

Calificó el crítico a la nueva plaza como “preciosa”, y aportó datos como que la presidencia estuvo a cargo del alcalde (asesorado `por el médico murciano Alfonso Palazón; y que el ganado fue del marqués de Guadalest.

La reinauguración de la Plaza de Toros de Caravaca, hace cien años (1926)
Por cuestiones de espacio no me referiré a la calidad del espectáculo inaugural, ni a la bravura del ganado. Sin embargo, sugiero a la autoridad competente un recuerdo que perpetúe en algún sitio de la ciudad o de la propia plaza, el nombre de Bartolomé Sánchez (“Bartolico el de las Minas”), por su desinteresada aportación a su pueblo, que por cierto no sólo se reflejó en la Plaza de Toros, sino en otras obras públicas como los desaparecidos edificios de la “Plaza de Abastos”, el “Matadero municipal” y el Cementerio. Cien años después de aquella “hombrada”, bien merece un detalle póstumo de sus convecinos, que sin duda agradaría lo suyo a sus descendientes.

FUENTE:https://elnoroestedigital.com/la-reinauguracion-de-la-plaza-de-toros-de-caravaca-hace-cien-anos-1926/

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