POR JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO, CRONISTA OFICIAL DE TRUJILLO (CÁCERES)
Durante años estuvo Trujillo en manos de los árabes. Después de haber intentado las tropas cristianas varias veces conquistar la villa medieval, no lo llegaron a conseguir definitivamente hasta el 25 de enero del año 1233 . Trujillo quedó como villa realenga por expresa voluntad del rey, y se la señaló un extenso territorio por jurisdicción que comprendía treinta y seis villas, lugares y aldeas. Los linajes más importantes de la villa ejercieron los cargos rectores del Concejo. En recompensa a la lealtad que mostró la villa de Trujillo a la corona, el rey don Juan II la otorgó el título de «Ciudad», en 1430.
Socialmente, la historia de Trujillo se reduce al estamento privilegiado, formado por familias poderosas y el alto clero de la ciudad. El resto de la población eran campesinos que servían a dicha nobleza, y a partir de la segunda mitad del siglo XV, surge una creciente burguesía «gremial», que tendrá gran importancia en Trujillo (nombres de las calles), incluso algún pintor que otro, la representa en sus cuadros. Una manifestación clara de este ambiente caballeresco y religioso es la iglesia de Santa María la Mayor.
Trujillo durante la dominación árabe tuvo dos mezquitas, una dentro del recinto amurallado y otra extramuros. Los cristianos al reconquistar la villa, habilitarán la mezquita principal para iglesia, bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Asunción .
En el Libro de Dotaciones de la parroquia del año 1670, se constata mejor que en ninguna otra parte, lo que fue el templo en lo referente al culto y privilegios:» Preeminencia sobre todas las parroquias y conventos de la ciudad, los que no pueden tocar a los oficios ni actos del culto general sin que primero toque Santa María, y lo mismo a las oraciones y sermón en los días de Cuaresma, Adviento y Pascuas, todo de tiempo inmemorial , por ser la primera y matriz. Es la primera iglesia que visitan los reyes y obispos y donde se hacen las honras por los reyes y príncipes y tiene anejo el Arciprestazgo» .
En otro libro de la parroquia se lee: «Títulos para que la cruz y la capa de la iglesia de Santa María presidan en las procesiones en los territorios de las otras iglesias y para que ninguna toque a vísperas, misas mayores y a la gloria del Sábado Santo hasta que no de el relox de la dicha iglesia mayor y toquen sus campanas, 11 de mayo de 1711» .
Aquí se celebraron las honras fúnebres en honor de don Juan de Aragón y en presencia de los Reyes Católicos. Se oficiaron también honras de doña Isabel de Farnesio, madre del rey Carlos III, que falleció estando el monarca en Trujillo.
Es una iglesia de tres naves, con crucero y ábside poligonal, en el cual luce el magnífico retablo mayor gótico, obra de Fernando Gallego y de su taller, con tablas en las que se representan escenas de la vida de la Virgen, y a los laterales, los Doctores de la Ley y los Evangelistas. Francisco Gallego, en la predela, ha pintado escenas de la Pasión y Muerte de Cristo. Diezmaban para esta parroquia casi la mitad de los labradores y ganaderos, ciento catorce propietarios del término; contó con ciento once capellanías y sus derechos por capillas y enterramientos fueron fabulosos porque toda la nobleza de Trujillo estaba agregada a esta feligresía. En Santa María están enterrados personajes pertenecientes a los linajes más importantes de la ciudad: Vargas, Altamiranos, Barrantes, Orellanas, etc.., y por supuesto, los restos del «Sansón extremeño», Diego García de Paredes, descansan aquí.
La iglesia de Santa María constituye el edificio más importante de la ciudad. Se trata de una fábrica conformada a partir de diferentes épocas y con distintos materiales a base de sillería, en todo el conjunto, y mampostería en las torres. El edificio es esencialmente una obra románica, comenzada tras la conquista definitiva de la villa por las tropas cristianas en 1232, aunque existió otro edificio religioso anterior del que aún quedan restos de mampostería en el primer cuerpo de la torre “Julia”, y en parte de la nave. Probablemente, date este primigenio edificio de la época en la que Rodríguez de Castro dominó la villa, entre los años 1170-1195. Rodríguez de Castro y el califa almohade son aliados con acuerdo del leonés Fernando II lo que permite un estatus especial en Trujillo donde la convivencia religiosa está equilibrada teniendo el poder civil Fernando Rodríguez que en algunos documentos es nominado como de Turgello. Su relación con los almohades es fuerte y tanto que en 1174 el nuevo señor de Trujillo lucha al lado de los musulmanes contra Fernando II en la batalla de Ciudad Rodrigo, ganada por el rey cristiano que perdona a Rodríguez de Castro casándole con su hermana Estefanía.
El señorío de Trujillo se mantiene hasta 1185 que se hace cargo de la ciudad Alfonso VIII de Castilla entregando su organización militar al maestre de la Orden del Pereiro don Gómez Fernández Barrientos. En Trujillo existía una pequeña orden militar donde tenían convento. Don Gómez unifica a todas estas minorías creando la Orden de Truxillo cuyos caballeros son los que inician sobre los restos de la mezquita mayor una iglesia cisterciense pues tal regla regía a todos estos freires. La pila bautismal de Santa María es un claro ejemplo de la época pues los freires grabaron un peral por el Pereiro de don Gómez y dos cruces del Cister .
La iglesia fue muy reformada en el siglo XVI, a esta época corresponde la mayor parte del edificio. A la obra primitiva corresponden los elementos románicos y góticos que aparecen repartidos en el templo, así como la torre-campanario, magnífico ejemplo románico y único existente en Extremadura. El hecho de encontrarnos en las puertas de Poniente y de Mediodía, e incluso en el coro, con capiteles y todo tipo de elementos góticos, siendo la mitad del siglo XVI, su fecha de construcción, nos hace pensar en el reaprovechamiento de materiales de primera mano que tenían los arquitectos del siglo XVI de la primitiva construcción románica. Se trata de un singular ejemplar de torre-campanario de cuatro cuerpos, de los cuales los tres últimos son de campana, siendo de uno a tres y progresivo en altura el número de sus vanos. Todos ellos están cobijados por arcos envolventes que, como los de los vanos, son de medio punto. Una sencilla cornisa separa cada uno de los cuerpos del campanario, cuyas esquinas están reformadas por columnillas. Remata el conjunto una cornisa volada sobre canecillos. La torre presenta una dualidad que obedece a una preexistente zona baja que se desmocha hasta la coronación del ábside y se utiliza como apoyo para edificar una torre de vanos geminados en tres plantas. La zona inferior o primer cuerpo está construida con mampostería y las esquinas reforzadas con piedras de cantería, reutilizadas de acarreo, en la mayoría de los casos de anteriores construcciones romanas. Los únicos vanos que presenta esta zona inferior son dos celosías pequeñas. Los tres pisos restantes componen una importante edificación románica (restaurada) a base de sillares muy cuidados, y en las esquinas un chaflán decorado con una semicolumna. En cada planta hay vanos en sentido creciente de abajo hacia arriba, de uno a tres, como ya hemos explicado.
Será en el siglo XVI cuando se da el aspecto definitivo al interior del templo: bóvedas, capillas, naves, sacristía, coro y la llamada «torre nueva». Ya en el siglo XVIII se construyó el camarín adosado al ábside y se remató la «torre nueva».
El templo presenta en su exterior un interesante juego de volúmenes y alturas, predominando la verticalidad de la torre nueva, la cual se puede divisar desde cualquier punto de vista de la ciudad. Desde el exterior podemos apreciar perfectamente la estructura interna de la iglesia.
La torre primitiva de la iglesia se alza adosada a la cabecera, en el muro del Evangelio. Es cuadrada, la mitad inferior es obra de mampostería con sillería en los ángulos. La mitad superior, es obra de sillería bien labrada, dividida en tres cuerpos, con vanos y baquetones cilíndricos en vez de columnas en los ángulos y canecillos en la cornisa. Algunos autores han considerado erróneamente que en el lugar que hoy ocupa la torre románica, hubo un monumento conmemorativo dedicado a Julio César, de aquí que el vulgo popular denomine a esta torre como «torre Julia». Incluso, se llegó a asegurar en algún estudio que otro, que en dicha torre hubo una piedra con una inscripción alusiva a sus legendarios fundadores . No podemos negar ni afirmar la existencia de dicha inscripción romana, ya que en la torre se han encontrado dos inscripciones, posiblemente piedras de acarreo procedentes de otro lugar de Trujillo .
El origen de construcción de la primitiva torre, lo que nos ha llegado de su base sobre la que se sustenta la misma, es anterior al resto de los cuerpos de la torre que presenta influencias de la escuela castellana, ejemplos fidedignos como las torres de la catedral de Zamora, la de la parroquia de Santa Cecilia de Aguilar de Campoo, así como varias iglesias situadas al Norte de Palencia que poseen torres con un diseño semejante a la trujillana. Con ventanales de gran hermosura. Toda una demostración de que el románico supo aunar conceptos como robustez y elegancia que a algunos les parecen incompatibles.
Se construyó al unísono que el ábside, esta hipótesis se apoya en analogías arquitectónicas y estilísticas como son las molduras de los baquetones de las esquinas, el aparejo en mampostería, basas y columnas, arquivoltas y, sobre todo, las marcas de los canteros.
A la misma se accedía por la parte baja, aún se conservan los restos de su escalera tapiada al construirse una capilla sepulcral en la zona norte del ábside. Muy acertadamente el arquitecto e historiador Manuel Viola considera que la cabecera se debió construir hacia 1275, y su autor, el Maestro Gil de Cuellar, estableciendo analogías arquitectónicas con la ermita de la Coronada y la sala capitular placentina construida por dicho maestro en tiempos del obispo Don Domingo Jiménez. Otra preexistencia de importancia que también actúa como elemento limitador en la cabecera es la parte baja de la torre “Julia” ejecutada en mampostería. Está claro que ya estaba allí cuando se construye la cabecera, deduciendo que el propio Gil de Cuellar acomete el paramento septentrional de la cabecera y cómo el absidiolo de la parte del Evangelio se apoya sobre la torre sirviéndose de uno de sus lados como testero. Por tanto, la base de la torre y una gran parte del ábside pertenecieron a un templo anterior. Probablemente, date este primigenio edificio de la época en la que Rodríguez de Castro dominó la villa, entre los años 1170-1195, construido bajo los modelos cistercienses (no olvidemos que a la orden cisterciense perteneció la Orden de San Julián del Pereiro, cuyas marcas se encuentran fidedignamente grabadas en la antigua pila bautismal de la propia iglesia y en uno de los paramentos de la puerta del Mediodía). Como feudo en tierra de nadie bajo auspicio árabe, la importancia de Fernando Rodríguez de Castro destacó por su participación en el tratado de Fresno-Lavandera, y su hijo Pedro Fernández de Castro en 1185 pactó con Alfonso VIII de Castilla que acabó apoderándose del feudo. El rey donó a los caballeros de Trujillo la recién fundada Plasencia .
En dos ocasiones quedó gravemente dañada la torre. Concretamente, con los terremotos de Lisboa acaecidos en 1521 y en 1755 . Estas dos horribles sacudidas causaron daño en toda Extremadura. En el año 1755, tanto en Badajoz como en Cáceres, donde la catedral de Coria sufrió un parcial derrumbamiento, los estragos fueron sensibles. La torre de Santa María quedó muy dañada en el seísmo de 1521, agravándose su carencia de solidez con la repetición del mismo fenómeno en 1755 . Esta fue la causa que obligó al clero a construir otra torre. Las obras comenzaron en 1550, pero no se remató hasta el siglo XVIII. El arquitecto Sancho de Cabrera intervino en la construcción de la nueva torre. Antes, lo había hecho en el último tramo del templo, construyendo el magnífico coro alto. Junto a él trabajaron Alonso Becerra y su hijo, Francisco Becerra , el que sería el gran constructor de las catedrales de Puebla de los Ángeles, Quito y Cuzco . También, trabajaron en la nueva torre, Pedro de Hermosa, Francisco Sánchez y Francisco Vizcaíno . Del remate de la torre se encargó Francisco García en 1579. Las obras fueron terminadas por García Carrasco y Francisco Sánchez, colaborador de Francisco Becerra, en 1588 . No obstante, el cuerpo de campanas de la torre, no se remató hasta el siglo XVIII, de dicha obra se encargaron José García Galiano e Isidro Marín, contratados probablemente por el arquitecto madrileño Félix de Sata y Zubiría, al cual se contrató para rematar la torre .
En 1715, otro fuerte seísmo afectó de nuevo a la torre románica .Unos años después, a causa de un recio temporal, y con la fuerte sacudida del terremoto de 1755, la situación se agravó .
En el año 1861, debido al estado ruinoso de la torre románica, a causa de los daños sufridos en el terremoto de 1755, comenzaron a llover quejar de los vecinos de la iglesia al gobernador civil de la provincia . Se pide la demolición de la torre con el fin de evitar los graves perjuicios que en su estado pueden originar. La Real Academia de San Fernando envía un informe en el que consta que la torre es un monumento histórico-artístico que pertenece al Estado. En el año 1864, tras nuevas quejas procedentes de los vecinos , el gobernador se dirige al ayuntamiento a que tome las medidas oportunas de desalojo de los vecinos de las casas cercanas a la torre hasta que la Academia de Nobles Artes decida si ha de derrumbarse la torre o restaurarse como edificio monumental . En 1865, tras el informe de la Academia, el gobernador manda instruir expediente para demoler la torre . El proyecto fue elaborado por el arquitecto provincial Francisco López , los gastos ascenderían a la cantidad de 27.390 reales a cargo de los fondos municipales. Esta resolución no gustó al municipio, ya que la torre era un monumento histórico-artístico, los gastos deberían de partir de la Sección de Orden Público del Gobierno Civil . Del tema no se vuelve a hablar hasta que en el año 1869 la torre sufre un nuevo desplome en sus lados oeste y norte, así aparece en los grabados de la Ilustración Europea y Americana, y en las fotos del Catálogo Monumental de Mélida (años 1914-1916) . Se vuelve a hacer un proyecto de demolición a cargo de Vicente Paredes . De nuevo, las dificultades de tipo económico paralizan las obras de derribo. En 1871, el ayuntamiento decide correr con los gastos. De su demolición se van a encargar Antolín Rodríguez y Juan Galeano Rojas por la cantidad de 5000 reales . Igualmente, se acordó recoger y conservar en la Casa de Comedias las columnas y molduras como recuerdo histórico. El diseño de la torre presenta claras influencias de la escuela castellana, concretamente con la torre de la catedral de Zamora, presentando los aros del primer cuerpo con un diseño muy parecido, al igual que la torre de la iglesia de San Nicolás de Plasencia. En el año 1971 se redacta el proyecto de la Dirección General de Bellas Artes para la reconstrucción de la torre, realizando las obras en 1972 la constructora de don Francisco Casares, donde los nuevos canteros (don Antonio Serván) también dejaron su marca, un escudo grabado del equipo de fútbol de Bilbao en lo alto. La reconstrucción de la torre se realizó utilizando granito, con mampostería interior y mortero de cemento, reforzándola con zunchos de hormigón armado en cada planta y en la coronación. Los forjados son de viguetas de hormigón pretensazas y bovedillas de rasillas, rellenadas superiormente con hormigón armado y tablero de rasilla en la parte inferior