POR JUAN PEDRO RECIO CUESTA, CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE TORNAVACAS (CÁCERES)
El miércoles 4 de junio de 2025, las vacas de nuestros paisanos Ángel Núñez y Lourdes González, pasaron por Tornavacas, a primera hora de la mañana, en dirección a los pastos de las sierras de la Alta Extremadura. En este lugar permanecerán la temporada de verano hasta su regreso, una vez iniciado el otoño, a los pastos de invierno de las dehesas de Extremadura, lugar desde el cual habían iniciado ahora, hace unos días, su recorrido.
Estas vacas siguen practicando la trashumancia, es decir, el desplazamiento del ganado de un lugar a otro en función de la época del año, una actividad con miles de años de antigüedad y que, históricamente, ha tenido mucha importancia en nuestra comarca, espacio que es -y así lo ha sido durante siglos-, uno de los principales corredores naturales que conecta las actuales tierras de Extremadura con las de Castilla y viceversa. Por nuestro valle, han transitado cientos de miles de cabezas de ganado en búsqueda de los pastos de invierno de Extremadura y de los de verano de Castilla o de las sierras de la Alta Extremadura.
Desde hace miles de años, cuando los pobladores que comenzaron a habitar la comarca vivían en pequeños núcleos repartidos por el valle, bien en las cercanías del río o bien esparcidos por sus laderas, la ganadería ya era una de sus principales actividades económicas, destacando, por sus características y su adaptabilidad al medio, dos tipos concretos de ganado: el caprino y el vacuno. Esta importancia de la ganadería en la economía familiar de la comarca se ha mantenido durante siglos y ha llegado hasta tiempos muy recientes. Y es que, no hace mucho tiempo, pues estamos hablando de los años 60 del pasado siglo XX, solamente en Tornavacas se estimaba que había unas 10.000 cabezas de ganado pastando dentro de su extenso término municipal.
Hoy día, por cuestiones que ya se escapan del objetivo de estas líneas y cuyo desarrollo harían extendernos demasiado, la trashumancia (que, por cierto, trae consigo importantes beneficios ambientales y que representa toda una riqueza en lo cultural) ya es una actividad en serio peligro de extinción, un honroso vestigio del pasado que se resiste a desaparecer y que algunos de nuestros ganaderos, con mucho esfuerzo y mérito, siguen manteniendo viva. Por ello, sirvan estas líneas como un reconocimiento, más que merecido, a esta labor que, hoy día, siguen desarrollando las familias ganaderas, como las aún existentes en Tornavacas, de las cuales hablaremos en próximas ocasiones.
FUENTE: EL CRONISTA
