LANCEROS Y BALLESTEROS DE LA MUY NOBLE CIUDAD DE TRUJILLO Y SU TIERRA EN LA CONQUISTA DE GRANADA
Sep 07 2026

POR ÁNGEL CADENAS HOLGUÍN, CRONISTA OFICIAL DE CONQUISTA DE LA SIERRA, (CÁCERES).

                                             

La guerra de Granada representa el cierre de un ciclo de casi ocho siglos de enfrentamiento en la Península Ibérica. Aunque la historiografía tradicional ha puesto el foco en la estrategia de los Reyes Católicos, en la artillería de Francisco Ramírez y en la diplomacia que aisló al Reino Nazarí, la victoria no se entiende sin la aportación masiva de las milicias concejiles. Trujillo, villa de realengo situada en el norte de Extremadura, fue uno de esos concejos que respondió con regularidad a los llamamientos reales. Su aportación no consistió en caballeros de linaje, sino en infantería: lanceros y ballesteros reclutados entre sus vecinos. Estos hombres, entrenados en la defensa de su propia frontera, llevaron a las campañas granadinas una experiencia acumulada en siglos de guerra de pequeña escala contra el Islam. Este trabajo analiza quiénes eran estos combatientes, cómo se organizaban, dónde lucharon y qué consecuencias tuvo su participación para la propia villa. Se basa en las actas municipales de Trujillo, las crónicas de Hernando del Pulgar y Andrés Bernáldez, y los estudios de Ladero Quesada y Miguel Ángel Ladero sobre la fiscalidad y la guerra en tiempos de los Reyes Católicos.

1. Trujillo y su Tierra: estructura social y militar. 1.1 La villa y su alfoz (conjunto de aldeas y tierras que dependían de la Ciudad de Trujillo, Villa con fuero). A finales del siglo XV Trujillo contaba con unos 4.000 habitantes y controlaba un alfoz de más de 1.200 km². La economía era agroganadera, con una cabaña ovina importante vinculada a la Mesta y vacuna. La proximidad a la frontera portuguesa y la memoria de la guerra civil de 1475-1479 habían mantenido a la villa en estado de alerta constante. El concejo conservaba el derecho de levantar milicia y nombrar capitán en caso de guerra. 1.2 El sistema de milicia concejil. El Fuero de Trujillo, confirmado en 1438, obligaba a todo vecino con bienes valorados en más de 5.000 maravedíes a tener armas y caballo si podía mantenerlo. En la práctica, solo una minoría mantenía caballo. La mayoría se presentaba a pie como lancero o ballestero. Los padrones de alarde de 1485 y 1489 conservados en el Archivo Municipal de Trujillo muestran: 150-180 lanceros: vecinos acomodados que podían costear lanza, espada, adarga y protección de cuero o malla ligera. 60-80 ballesteros: artesanos, pastores acomodados y pequeños propietarios que poseían ballesta de acero. La ballesta era un arma cara, por lo que su número indica un nivel de riqueza superior al de otras villas extremeñas. El concejo nombraba un capitán de la compañía, generalmente un regidor o un miembro de los linajes Monroy, Bejarano u Orellana. El alférez llevaba el pendón de la villa, símbolo de la identidad concejil en campaña. 2.El reclutamiento y la financiación de la guerra 2.1 El llamamiento real Entre 1482 y 1492. Los Reyes Católicos emitieron al menos siete cartas de llamamiento a Trujillo. El procedimiento era estándar: el rey escribía al concejo señalando el número de hombres y la fecha de concentración en Córdoba, Jaén o Écija. El concejo debía pagar el sueldo de los primeros 20-30 días y avituallar a la tropa. Las actas de 1486 registran el debate en el regimiento: algunos regidores protestaban por el coste, pero la mayoría aceptaba porque negarse implicaba multas y pérdida de privilegios. 22.2 Coste y formas de pago. El sueldo de un lancero era de 4 maravedíes diarios, el de un ballestero 5. Para una campaña de 90 días, una compañía de 200 hombres suponía un gasto de 810.000 maravedíes, equivalente al presupuesto anual del concejo. Para financiarlo se usaban tres vías: Sisas: impuestos sobre la carne, el vino y el pan. Repartimientos: derramas entre los vecinos según su riqueza. Anticipos reales: cuando la campaña se alargaba, la Corona asumía el pago, aunque con retrasos de meses. Este esfuerzo fiscal explica porqué en 1490 Trujillo pidió exención de impuestos por tres años. La petición fue concedida parcialmente en 1493. 3. Armamento y táctica de lanceros y ballesteros 3.1 El lancero trujillano era infantería pesada de línea. Su equipo típico incluía: Arma principal: lanza de fresno de 2,8 a 3,2 metros. Arma secundaria: espada de mano y media o estoque. Defensa: adarga de cuero de toro, capacete y brigantina o cota de malla corta. Función: sostener la línea, proteger la artillería, asaltar trincheras y puertas en los asedios. En el combate abierto, los lanceros formaban en “escuadras” de 20-30 hombres, hombro con hombro. Su disciplina era menor que la de la infantería suiza, pero su resistencia en los asaltos de Málaga y Baza fue destacada por los cronistas. 3.2 El ballestero era el especialista de la milicia. La ballesta de acero que usaban tenía un alcance efectivo de 80-100 metros y podía perforar cotas de malla a 50 metros. Para armarla usaban gafa de pie o torno, lo que requería entrenamiento. Su función táctica era: Hostigar a la caballería ligera nazarí, los jinetes, que eran vulnerables si no podían cerrar distancia. Cubrir las zapas y minas en los asedios. Defender pasos de montaña y emboscar convoyes. En la campaña de Baza, 1489, las crónicas mencionan que los ballesteros extremeños operaban en parejas: uno tiraba mientras el otro protegía con adarga. Esta táctica reducía las bajas por fuego enemigo. 4. Campañas en las que participó Trujillo 4.1 Alhama y Loja, 1482-1486. La primera intervención documentada es en el socorro de Alhama en 1482. Trujillo envió 120 hombres al mando de Hernando de Monroy. La villa estaba en el camino de abastecimiento, por lo que su participación fue logística y de combate. En Loja, 1486, los ballesteros trujillanos fueron usados 3para neutralizar a los defensores que salían en salidas nocturnas. Hernando del Pulgar señala que “los ballesteros de Extremadura tiraban de noche con fuego en las saetas para alumbrar y desbaratar”. 4.2 Málaga, 1487. El cerco de Málaga duró cuatro meses. La lucha en los arrabales y en las calles fue brutal. Los lanceros de Trujillo combatieron junto a las milicias de Sevilla y Córdoba en el asalto al arrabal de la Trinidad. La toma de la ciudad supuso un botín importante en seda y cautivos, parte del cual volvió a Trujillo. 4.3 Baza y Almería, 1489-1490. Baza fue el sitio más largo y costoso. Las milicias concejiles tuvieron que mantenerse en campaña desde junio a diciembre. Trujillo envió un refuerzo de 80 hombres en septiembre de 1489. Las condiciones fueron duras: frío, enfermedades y falta de paga. Sin embargo, la experiencia de los ballesteros en terreno montañoso fue útil para interceptar convoyes de abastecimiento nazarí. 5. Vida en el real y relaciones con otras tropas. Las compañías extremeñas acampaban juntas en el “cuarto de Extremadura”. La convivencia con la nobleza andaluza no siempre fue fácil. Las actas recogen quejas sobre el reparto desigual del botín y sobre los retrasos en el pago. Fuera del combate, los soldados de Trujillo vendían productos de su tierra en el real: queso, lana y pan. Algunos establecieron contactos que luego facilitarían la emigración a Granada y Málaga tras 1492. 6. Consecuencias para Trujillo y su Tierra 6.1 Recompensas y ascenso social. Tras la guerra, varios capitanes de Trujillo recibieron mercedes en el Reino de Granada. Hernando de Monroy obtuvo tierras cerca de Vélez-Málaga. Otros vecinos menores recibieron parcelas de regadío en la Vega de Granada. Estas mercedes consolidaron a los linajes locales y financiaron la construcción de palacios en Trujillo, como la Casa de los Orellana-Pizarro. 6.2 Declive de la milicia tradicional. Con la paz de 1492, la necesidad de milicia concejil disminuyó. La guerra de Italia y las campañas norteafricanas se hicieron con tropas profesionales y con arcabuceros. La ballesta cayó en desuso. En 1501 Trujillo ya no podía reunir más de 60 ballesteros, frente a los 80 de 1489. 46.3 Memoria e identidad. La participación en Granada quedó grabada en la memoria local. En el siglo XVI, la villa se presentó ante la Corona como “muy leal y muy noble”. Varios conquistadores de América, incluido Francisco Pizarro, eran hijos de familias que habían luchado en Granada. Su padre era Gonzalo Pizarro “el tuerto” por haber perdido un ojo en la guerra de Granada. Para ellos, la campaña granadina fue la escuela de guerra que luego aplicarían en el Nuevo Mundo. Valoración histórica. Los lanceros y ballesteros de Trujillo no ganaron batallas por sí solos. Su papel fue el de una infantería de calidad media-alta, disciplinada y acostumbrada a la guerra de frontera. Su importancia radica en tres aspectos: -Continuidad: Mantuvieron la presión militar sobre Granada durante 10 años, permitiendo que la Corona concentrara recursos en artillería y logística. -Experiencia: Aportaron conocimiento del terreno montañoso y de la guerra de pequeña escala, útil en los asedios. Legitimación política: Su servicio reforzó los lazos entre la Corona y los concejos extremeños, facilitando la integración de Extremadura en el estado moderno. Sin estas milicias, la guerra de Granada habría sido más larga y costosa. La victoria de 1492 fue también una victoria de concejos como Trujillo. -Conclusión: La historia de los lanceros y ballesteros de Trujillo muestra cómo la Reconquista fue un proceso social y no solo dinástico. Hombres que en paz eran pastores, alfareros o labradores se convertían en soldados durante meses, marchando más de 400 km para luchar en tierras desconocidas. Cuando el 2 de enero de 1492 Boabdil entregó las llaves de la Alhambra, entre las tropas castellanas que ocuparon la ciudad había hombres de Trujillo. Volvieron a su villa con cicatrices, historias y, algunos, con tierras nuevas. Su memoria quedó en las actas del concejo y en los muros del castillo que aún domina la llanura extremeña. 5 LA MUY LEAL CIUDAD DE TRUJILLO Y SU TIERRA EN GRANADA, 1485 Archivo histórico nacional. Año de 1485, aproximadamente. Copia literal. Reparto de los mil y doscientos peones que el Rey y la Reina, nuestros señores, mandaron enviar de esta muy leal de Trujillo y su tierra para la guerra de los moros, los cuatrocientos ballesteros y ochocientos lanceros, el cual se hizo a cinco días de agosto de mil cuatrocientos ochenta y cinco: La Zarza (Conquista de la Sierra): 15 Huertas y Berrocal: 20 Herguijuela: 50 Garciaz: 160 Berzocana: 160 Cañamero: 170 Logrosán: 175 Navalvillar: 20 Acederas: 10 Madrigalejo: 25 El Campo: 5 Zorita: 10 Alcollarín: 10 Abertura: 80 Escurial: 65 Búrdalo (Villamesías): 30 El Puerto: 25 Santa Cruz: 15 Ibahernando: 20 Robledillo: 10 Ruanes y Aldea del Pastor: 10 Plasenzuela: 60 La Cumbre: 20 6 Torre de los Pizarro, Conquista (Cáceres)Emitimos el repartimiento de los lanceros que acudieron a la ciudad de Trujillo de los cien lanceros que el Rey y la Reina, nuestros señores, se sirvieron para la guerra de los moros y copiamos el repartimiento de lanceros que fueron a los lugares del término de la muy leal Ciudad de Trujillo para servir al Rey y la Reina, nuestros señores, en la guerra de los moros, los cuales se repartieron entre hidalgos y caballeros que viven y moraron los lugares del dicho término de la ciudad. La Zarza (Conquista de la Sierra): 5 Herguijuela: 5 Logrosán: 4 Garciaz: 4 Madrigalejo: 3 Alcollarín: 2 Berzocana: 2 Santa Cruz: 4 Puerto: 1 Ibahernando: 2 Robledillo: 2 Ruanes: 2 Aldea del Pastor: 2 Plasenzuela: 1 La Cumbre: 1 El Campo: 1 Búrdalo: 1 Abertura: 1 Zorita: 1 Alfonso de Montalbán, aposentador de Rey y la Reina, nuestros señores, y capitán de la gente que sus Altezas se quisieron servir de la Ciudad de Trujillo y su Tierra para la guerra de los moros dijo que, por cuanto los dichos señores Rey y Reina mandaron por su corte que el Corregidor y Regidores fueron personalmente con las dichas gentes y puesto que dicha Ciudad servía dos de los Regidores. 7La reconquista demuestra algo fundamental, la capacidad de los pueblos de la península ibérica de perseverar en un objetivo colectivo, que a través de más de treinta generaciones, desde Covadonga hasta Granada, ningún rey que luchó, fue más que un peón en medio de torres y alfil de mitra, como si esperasen al jaque nazarí, de nuestra Reina Isabel, con caballo y su rey, y, al final lo que emergió, no fue la restauración de un reino visigodo, sino un nuevo reino. Renegar de la monarquía es renegar de la Gran Historia de España, que aprendió de más de 78 decenios de fronteras en luchas y quedó lista, para descubrirse al mundo y vemos así, la convicción española aferrada a su fe, y cómo pudo sostenerse sobre siglos. Su legado y sustrato pervive en nosotros, al igual que herederos de Roma y otros pueblos, forjan el carácter y en una concienciación, de que un objetivo se consigue más allá de nuestra propia trascendencia, se logra a través de generaciones, que ninguna Conquista es inalcanzable si se persigue con determinación y fe. Falta aún el capítulo de Gibraltar y que trasciende a nuestro propio tiempo, las grandes obras no se completan en una sola vida, se construyen generación tras generación, sin olvidar la majestuosa obra nazarí aquí en Granada, con la visión puesta en un horizonte que en nuestra generación, nunca alcanzaremos. ¿A dónde va España? Bibliografía: Bernáldez, Andrés. Memorias del reinado de los Reyes Católicos. Ladero Quesada, Miguel Ángel. La guerra de Granada, 1482-1492. Diputación de Granada, 2001. Pulgar, Hernando del. Crónica de los Reyes Católicos. Archivo Municipal de Trujillo, Libros de Actas Capitulares, 1482-1492.

FUENTE:A.C.H

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