POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).
Sí, más de cuatro siglos porque la antigua iglesia de la parroquia dedicada a los santos Cosme y Damián ya aparece mencionada en documentos del siglo XVI.
Que las dos campanas que Llerandi conserva lleven la inscripción indubitable de 1630 y que -por lo tanto- estén a tan solo cuatro años de cumplir cuatro siglos, ya es un dato que no superan la inmensa mayoría de las parroquias asturianas.
Que, además, hayan sobrevivido a todo tipo de adversidades como fueron la invasión napoleónica de comienzos del siglo XIX, el incendio y destrucción intencionados del templo en septiembre de 1937 y otros imprevistos percances más recientes, ha sido debido a la suerte y -por supuesto- a la atención especial de los vecinos por conservar la memoria de sus antepasados.
Cuenta Pascual Madoz -a mediados del siglo XIX- en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, que a esta fiesta de los santos patronos de cada 27 de septiembre, acudían cientos de peregrinos de todos los alrededores y otras localidades no tan cercanas, con el fin de darles las gracias por los favores recibidos o para pedirles ayuda en sus necesidades.
Cuenta también cómo muchos subían al campanario y -con el fin de mitigar sus migrañas y dolores de cabeza- metían la misma bajo el vaso de la campana y daban un único golpe con el badajo.
Creencias y supersticiones fueron muchos siglos de la mano, y aún hoy cuesta trabajo admitir que no se hayan divorciado del todo.
La actual iglesia fue edificada en 1952, a expensas de los emigrantes y hermanos Martín y Melchor Palomo, la cual vino a sustituir a la que en el lugar próximo al cementerio de la parroquia se levantaba hasta hace exactamente ahora 89 años.
Hacer memoria de la fiesta que llegó a durar hasta tres días y que tenía la única feria de ganado que había en el concejo, en cuya misa se ofrecían hasta cuatro ramos de pan, se hacía quemar y explosionar un “xigante”, se celebraba la multitudinaria comida campestre -tras la misa y la subasta de los ramos- que llenaba los alrededores de la iglesia, es casi una obligación mantener esa memoria en la actualidad, como también hacen con sus celebraciones tantos otros pueblos del concejo de Parres.
Se daba así acogida a unas jornadas de amistad, familiaridad y descanso, después de tantos trabajos y sacrificios de aquellos sufridos vecinos.
Y así, muchos pueblos pequeños albergan en su larga historia más asuntos noticiables que otros, hoy grandes e importantes.
Gracias a tantos como se desvelan por mantener la esencia del legado de sus antepasados.
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