POR FERNANDO JIMÉNEZ BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CÁCERES.
Por las calles silenciosas del cementerio de Cáceres se pueden leer mensajes que sorprenden, emocionan o incluso arrancan una sonrisa. No todas las lápidas se conforman con el clásico “Descansa en paz”. Algunas familias han querido dejar huella con frases que rompen los convencionalismos: “Sufrir y dolor fue tu camino, la luz de esa oscuridad será tu salvación”, “Se han abierto las ventanas y te alejas sonriendo…”, “Nos volveremos a ver” o “Siempre del Atleti”.
Entre las cerca de 20.000 tumbas del recinto, hay quienes han querido acompañar a su ser querido con su instrumento musical, su escudo de fútbol o figuras de animales que acompañaron en vida al fallecido. En las sepulturas abundan los motivos religiosos, pero también las referencias a la vida cotidiana, a los oficios o a las pasiones personales. Pueden verse imágenes de todo tipo: desde Camarón de la Isla hasta Jesús Nazareno, aunque la más repetida en las lápidas cacereñas es, sin duda, la de la Virgen de la Montaña, patrona de la ciudad.
En medio de flores, velas y fotografías, también asoman frases de amor eterno, agradecimientos, disculpas o toques de humor. Cada epitafio es, en el fondo, un pequeño retrato de vida, una forma de seguir hablando cuando el silencio lo envuelve todo.
Un camposanto con historia
El cementerio fue inaugurado oficialmente en 1844 con el nombre de Nuestra Señora de la Montaña y, desde entonces, ha crecido a la vez que la ciudad y entre sus muros guarda los restos de personajes ilustres, familias enteras y generaciones de cacereños anónimos. “El recinto es una enciclopedia, un gran archivo, el gran registro de los cacereños», explicaba hace unos años el responsable del Archivo Histórico Municipal y Cronista Oficial de Cáceres, Fernando Jiménez Berrocal.
Un simple recorrido por la zona más antigua revela la jerarquía social de la época: la nobleza descansaba en panteones y con el tiempo también los grandes adinerados, mientras que las clases burguesas y medias acomodadas empezaron a ocupar nichos con lápidas de mármol, granito o pizarra. Los más humildes, en cambio, eran enterrados directamente en la tierra, en el centro de los patios, sin ornamentos ni inscripción.
En los últimos años ha experimentado diversas reformas para adaptarse a las necesidades actuales y conservar su patrimonio. Se han renovado los caminos y accesos, mejorado la señalización y acondicionado nuevas zonas de aparcamiento y accesibilidad, así como ampliado el número de galerías y nichos. Además, se han restaurado panteones antiguos y algunas lápidas deterioradas, con el objetivo de preservar el valor histórico y artístico del recinto sin perder su atmósfera solemne y respetuosa.