POR JULIÁN CABALLERO AGUADO, CRONISTA OFICIAL DE ALCOBENDAS (M ADRID)
Alcobendas fue el primer pueblo de la provincia de Madrid en contar con una sala de cine. Corría el año 1928, cuando en Madrid capital solo había, por esas fechas, cinco salas: el cine Doré, el Callao, el Fuencarral, el Palacio de la Música y el Bilbao, y un emprendedor alcobendeño, Julián Baena de Castro, abría la primera sala de cinematógrafo en Alcobendas acondicionando un pajar de su padre en el nº 8 la calle de La Flor, tras comprar por 1.500 pesetas, a plazos de 75 pesetas mensuales, un proyector marca Gaumont. Se cuenta que Julián, casi un adolescente, pidió a su padre dinero para comprar el proyector, que no se lo dio, pero le regaló un cochino para que sacara dinero de él, como así lo hizo. Anecdóticamente, el cine en Alcobendas comenzó por un cochino.
Al cine le puso el mismo nombre de la calle, “La Flor”. Julián era conocedor del cinematógrafo, ya que ayudaba a pasar cine en el Colegio de loa escolapios de San Antón, de la madrileña calle de Hortaleza, dando a la manivela de la máquina y enrollando el celuloide. En el “Cine de La Flor” él era el alma mater y se encargaba hasta de redactar los afiches y propagandas, como aquella que decía “Vete a ver, si no has visto, el Conde de Montecristo”, que vociferaba el pregonero por las calles de Alcobendas. Iniciaba, Julián, la que iba a ser una gran carrera empresarial en el mundo del espectáculo.
Al año de empezar su andadura el “cine de La Flor” comenzó el cine sonoro en Madrid, y tan solo otro año después Julián adaptó su cine a él, exhibiéndose en 1930 la primera película sonora en Alcobendas que fue “El cantor de jazz” de Alan Crosland.

Con la guerra civil (1936-39) el cine desapareció del “Cine de La Flor”, pero no de Alcobendas, pues incautada la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol por el comité revolucionario, su nave fue destinada a varias actividades entre las que se encontraba el cine. Sobre una gran sábana blanca colgada desde el coro se proyectaban desde el presbiterio películas soviéticas y de contenido propagandístico republicano.
Tras la guerra, con ayuda de créditos, reinició sus proyecciones el “Cine de La Flor”, siendo la primera película exhibida la titulada “Hogueras en la noche” de Arturo Porchet (1936), exhibida el 5 de noviembre de 1939. Le siguieron títulos míticos de la época como “Morena clara” de Florián Rey (1936) y “Don Quintín el amargao” de Luis Marquina (1935), y la película que batió todos los records fue “Nobleza baturra” (1935) de Florián Rey, protagonizada por Manuel Ligero, Imperio Argentina y Juan de Orduña, que sería estrenada en Alcobendas el 19 de marzo de 1940. En los inicios cinematográficos alcobendenses las películas americanas no gustaban, pues llegaban con subtítulos, y la gente tenía problemas de comprensión, de modo que el cine español era el que triunfaba, y entre los actores eran Imperio Argentina y Miguel Ligero, con diferencia, los favoritos.
La afición al cine había prendido en Alcobendas, y se puede decir que conectaba el cine “La Flor” con las grandes salas de la madrileña calle Fuencarral, al tener su parada el coche de línea en la chamberilera plaza de Olavide, para hacerlo más tarde en la calle Olid, al lado del cine Proyecciones. Era tal la afición que, incluso, a un alcobendense le llegaron a apodar “El Cinematógrafo”. Era Pepe, yerno de Antonio “Maceo”, porque sabía mucho de cine, y era capaz de ver una misma película un montón de pases.
En ese coche de línea llegaban desde Madrid las películas en sacas, tras un largo previo viaje por los cines de la capital, lo que acarreaba que el estado de las copias fuera frecuentemente lamentable, con continuos cortes en el celuloide que el técnico de las proyecciones había de reparar lo más rápido que pudiera ya que, en la sala, el corte se transformaba en silbidos y abucheos.
El “Cine de La Flor” se iba quedando pequeño ante el aumento de público aficionado al cine en Alcobendas. Por ello, y por el calor, en el año 1942, fue habilitado como cine de verano el patio del antiguo cuartel de la Guardia Civil que se encontraba en el nº 5 de la calle de la Victoria, la actual calle Constitución, y en el año 1943 abría sus puertas un nuevo cine, el “Cine Paz” en la esquina de lo que es hoy la calle Capitán Francisco Sánchez con la de El Empecinado, propiedad de Julián Baena de Castro, que también servía de sala de fiestas.
En el año 1949 comenzó a cerrar el “cine Paz” durante el verano, y las sesiones de cine se hicieron al aire libre en la contigua terraza-baile “Villaluz”, de la misma propiedad, que se abría al público en el nº 8 de la calle de la Cruz.
En el año 1960, el Cine Paz, acoplándose a la demanda que originó el aumento poblacional de Alcobendas, aumentó los pases de películas, dando dos sesiones los sábados por la noche, y los domingos y festivos, una por la tarde y otra nocturna.
En el año 1963 se realizó una obra integral el cine Paz dotándole de un entresuelo que elevó el número de localidades a 880. También se instaló un novedoso sonido estéreo y una nueva pantalla para el sistema cinemascope, la primera que se instalaba en un pueblo madrileño. Inauguró el remozado cine la película “La Verbena de la Paloma”, de José Luís Sáenz de Heredia, protagonizada por Concha Velasco, Vicente Parra y Miguel Ligero. El nuevo cine tenía acomodadores para indicar el asiento y vigilar que los novios no se sobrepasaran, así como para pedir silencio a los que la emoción les impulsaba a silbar, vociferar o lanzar cualquier improperio. Todas las sesiones empezaban con el Noticiario de “El Nodo”, para continuar con un pequeño descanso en el que se proyectaban anuncios comerciales del pueblo, y a continuación, la película que se veía sin palomitas, pero con unas riquísimas pipas que “El Chufero” vendía en la puerta del cine.
No se limitó Julián Baena a su Alcobendas natal, sino que viendo el crecimiento del vecino San Sebastián de los Reyes abrió allí un cine en el año 1967, el que se denominaba cine Regium que competía con uno mucho más pequeño llamado Siracusa. Más adelante, en 1978, le salió un fuerte competente con la inauguración del cine Navacerrada de Vicente Navacerrada.
Coincidiendo con el considerable incremento demográfico que venía experimentando Alcobendas, en el año 1969 la empresa de Julián Baena inauguró un flamante nuevo cine que también era teatro, el Avenida, situado en la entonces denominada Avda. del Generalísimo nº 19, que contaba con 991 confortables butacas. Sala que nada tenía que envidiar a las de películas de estreno de Madrid. Su propaganda se encargaba de poner de manifiesto a los alcobendenses que solamente diecisiete salas de las 203 que existían en Madrid tenían un sistema de proyección como el del nuevo cine, y tan solo doce pueblos de España lo tenían igual, todos con mayor número de habitantes que Alcobendas. La película inaugural del nuevo cine fue “Los cañones de San Sebastián”, de Henri Vernuil, con Anthony Quinn y Charles Bronson. Por tratarse de la apertura del cine, esta película fue estrenada en Alcobendas a la par que en los cines de estreno de Madrid.
Continuó la empresa de Julián Baena dando a Alcobendas otros dos cines más. El llamado Royal, inaugurado en 1974, con un aforo de 794 butacas situado en el nº 35 de la calle Marqués de la Valdavia, pasadas las denominadas “casas baratas”, y el Castilla, en la calle Marquesa Viuda de Aldama 42, muy cerca del límite con San Sebastián de los Reyes, más pequeño, de 450 butacas, inaugurado en el 1986, coincidiendo con los cierres de los cines de Sanse, el Regium en el mismo año y el Navacerrada en el anterior. La primera película proyectada en el cine Castilla fue “El cielo puede esperar”, dirigida e interpretada por Warren Beatty.
Los profundos cambios del primer Ayuntamiento de la Transición, trajo consigo algo de competencia al monopolio cinematográfico de la familia Baena al proyectarse películas desde los locales municipales de la Casa de la Juventud, primero, y de la Cultura después. En 1982 se iniciaron una serie de Maratones de cine que perdurarían por casi dos décadas, con cine de aventuras, terror, humor y hasta porno, eso sí, en sesiones a las cuatro de la madrugada. En la recién inaugurada Casa de la Cultura, levantada sobre lo que había sido el Matadero municipal, en el año 1985 se puso en funcionamiento desde la concejalía de Cultura el denominado Cineclub Travelling, y en esa su primera cita, bajo el título de “Ocho imágenes del cine” se proyectaron títulos importantes de la historia del cine, muchas alejadas de los círculos comerciales, acompañadas de participativos coloquios. En el verano del año 1987, el Ayuntamiento dispuso de un cine de verano en el parque de Cataluña, aprovechando el desnivel del terreno entre Marques de la Valdavia y el Paseo de la Chopera, donde las gradas eran la ladera del montículo y el escenario estaba al fondo, abajo. Sesiones veraniegas que se repitieron, y repiten, anualmente hasta la actualidad.
La consolidación de la televisión y, fundamentalmente, la proliferación de los comercios de alquiler de videos en la década de los años 80, comenzó a socavar el mundo de las salas de cine en general, no escapándose Alcobendas de ello. Los videoclubs ofrecían la posibilidad de alquilar películas en formato BETA y VHS a cambio de un pequeño precio. La demanda de películas para ver en casa fue tan alta que pronto los videoclubs comenzaron a multiplicarse y las salas de cine comenzaron a reestructurarse. En 1987 cerró el cine Paz para convertirse en una macro sala de baile, “El Desguace”, y en el 1992 el cine Avenida hacía lo propio y se convertía en el centro comercial Picasso con los “Picasso Minicines”, dos pequeñas salas integradas en él con aforo de 163 butacas la sala 1 y 175 la 2.
En el 1993 abrían los “Multicines Alcobendas 2000”, en la Avenida de España, 7, en el gran complejo comercial, administrativo y de ocio llamado la Gran Manzana, centro innovador muy al gusto americano con restaurantes, más de 60 tiendas, un hipermercado Eroski, y siete salas de cine con un total de 1.115 butacas. Con la inauguración de estos cines la empresa Baena dejaba el monopolio que habían tenido del cine en Alcobendas y comenzaban a ceder ante el empuje de las distribuidoras multinacionales tras la liberalización de la distribución cinematográfica operada en el año 1994. El alcobendense ya no necesitaba acudir a la Gran Vía o a la calle Fuencarral para asistir a películas de estreno, ya las tenía en Alcobendas en la Gran Manzana. Había comenzado el gran cambio.
Las distribuidoras empezaron a ejercer una posición dominante al controlar gran parte de las películas que llegaban a la cartelera, proviniendo de ellas los títulos más exitosos. Las películas de estreno se exhibían en los nuevos cines de los centros comerciales, y los cines de Alcobendas, que entraban en la categoría de cines de barrio, no podían competir con las nuevas salas exhibiendo películas de reestreno o desfasadas, en algunos casos ya pirateadas en video. En el año 1995 llegó a Alcobendas la Warner, una de las líderes de la industria cinematográfica estadounidense, inaugurando un centro multisalas con ocho pantallas y casi mil butacas, denominado “Warner Lusomundo”, en la Avda de Europa, frente a La Moraleja. Entre sus películas inaugurales se encontraba “Forrest Gump”.
A pesar de la competencia tan dispar, en el año 1994 la empresa Baena de Castro apostó por continuar y reconvirtió el cine Royal en “Multicines Royal”, un complejo de cuatro salas con un aforo total de 241 butacas, pero en el siguiente año hubo de cerrar el cine Castilla, convirtiéndose su local en los salones Mily, de bodas y banquetes.
En diciembre de 2001 aparece en escena el macro proyecto de ocio denominado “Diversia” en la zona comercial de La Vega colindante con el Soto de La Moraleja, donde irrumpen los denominados “Ster Cines Alcobendas”, con doce salas y los estrenos de la primera de las de la taquillera saga de “Harry Potter” y la histórica “Juana la loca”, entre otros. Una de las salas tenía una pantalla de nada menos que 260 metros cuadrados que la convertía en la más grande Europa. El complejo era más que atractivo para el público. No solo ofrecía una variadísima oferta de restauración y diversión sino que unía la oferta de una guardería en la que los padres podían dejar a sus hijos mientras ellos iban al cine.
Los Multicines Royal cerraron en abril de 2002 despidiéndose con la película “Atando cabos” de Lasse Hallström, dejando los Baena el cine en Alcobendas tras 74 años de historia. Les era imposible no solo competir con los nuevos macro centros de ocio de las distribuidoras, sino que les estaba afectando de lleno lo que vino después del revés del vídeo: la creciente generalización de internet y con él la piratería de películas, con la proliferación de archivos digitales para descargarlas a través de redes o plataformas, tan devastador para el sector.
En el año 2005 los “Warner Lusomundo” de la Avda de Europa, fueron vendidos a Cinesa mutando el nombre de los cines por el de “Cinesa La Moraleja”, y en julio de 2006 se inauguraban los “Cinebox Plaza Norte2” en el centro comercial que se dio a conocer como “la Cúpula” en San Sebastián de los Reyes, los actuales “Yelmo Plaza 2”, con lo que la oferta de cine a los alcobendenses se ampliaba considerablemente.
Los últimos cambios en la oferta cinematográfica alcobendense se produjeron en el año 2014, cuando los “Kinepolis Diversia” sustituyeron, en la propiedad y en la denominación, a los “Ster Cines Alcobendas” del macrocentro Diversia, y cuando en el 2019 los Cinesa de La Moraleja se acondicionaron como “Cinesa Lux” uniéndose a la oferta de lujo con restauración en la propia sala durante las películas y butacas ultra cómodas.
Actualmente, la llegada de las plataformas online como Netflix, Amazon Prime o HBO ha hecho que muchos espectadores prefieran ver las películas en casa en la comodidad de su sofá, con lo que la asistencia a los cines está en franca decadencia, resultando hoy anecdótica la imagen de aquellos carteles callejeros en las calles de Alcobendas de los años 70 que anunciaban las películas que “echaban” en los cines, como popularmente se decía.
Se auguran cambios, como los que hemos constatado que se fueron dando en Alcobendas, durante casi un siglo, desde que Julián Baena recibiera un cochino y comprara su primer proyector.
FUENTE: J.C.A.