LOS GUARDIANES DE LA ÚLTIMA MORADA DEL CID REIVINDICAN SU LUGAR EN LA HISTORIA.
May 02 2025

POR CONSORCIO DEL CAMINO DEL CID.

El abad de Cardeña, Roberto de la Iglesia, frente a los deteriorados sepulcros, que se hallan en la capilla de San Sisebuto. – Foto: Alberto Rodrigo

Monjes de Cardeña piden restaurar el ruinoso panteón cidiano.

Los sepulcros de Rodrigo Díaz y doña Jimena están cada vez más deteriorados. El Ministerio de Cultura hizo un proyecto para restaurarlos pero no lo ejecutó.

Es cierto que las tropas napoleónicas cometieron todo tipo de tropelías y desmanes cuando ocuparon la ciudad, siendo especialmente canallas allí, en el monasterio de San Pedro de Cardeña, última morada de un héroe medieval cuya leyenda, agigantada por la literatura y la música, todos conocían. Cuando los franceses ocuparon Burgos sabían que estaban en la cuna del Cid Campeador, y a fe que quedó claro: expoliaron su tumba, robando la mayor parte de los restos y, por si eso hubiera sido poco, dejaron los sepulcros del que ‘en buena hora nació’ y de su mujer, doña Jimena, como sendos Ecce hommo. Es cierto. Lo que no tiene sentido alguno es que, desde entonces (y han transcurrido ya dos siglos) ese panteón no haya sido sometido a rehabilitación alguna; algo incomprensible tratándose de la figura más señera del suelo bendito y uno de los principales reclamos de quienes visitan el lugar. Y eso es precisamente lo que lamentan los monjes que mantienen con vida el histórico monasterio, a la vez que piden que se intervenga en su necesaria restauración; una mejora para la que existe proyecto desde hace años, pero que ni llega y ya -a estas alturas- ni se la espera.

Roberto de la Iglesia es el abad de esta comunidad desde hace más de una década. Como dentro de los muros el tiempo se espesa y pasa más despacio -o más rápido, no lo tiene del todo claro- le cuesta precisar en qué momento algún técnico del Ministerio de Cultura estuvo por allí reclamando documentación y constatando el estado de los sepulcros con el encargo de elaborar un proyecto que se haría realidad merced a ciertos fondos procedentes de Europa. No debió haber suerte, imagina el páter, en el reparto de aquellos dineros para los proyectos en liza, toda vez que nadie en la comunidad ha vuelto a saber nada de representante alguno del Estado. Y han pasado, calcula De la Iglesia, unos cinco años. «El estado de los sepulcros es penoso», admite con resignación el abad mientras los recorre con la mirada, señalando los emplazamientos en los que el deterioro es más visible.

En puridad, el panteón en su conjunto ofrece una imagen paupérrima, como constatan a diario los visitantes que se adentran en esta singular capilla, consagrada a San Sisebuto. Y que se llevan un chasco, como así confirmó a este periódico durante la elaboración del reportaje (fue el pasado martes) una pareja procedente del País Vasco. «Nos ha sorprendido lo mal que está, la verdad. No nos lo esperábamos. Es un poco increíble que siendo un personaje tan famoso e importante esto se encuentre así», apuntaban. No en vano, el rostro de la efigie del Cid está tan deteriorado que es imposible identificar su perfil, difuminado, como carcomido: además del paso del tiempo y del olvido, señala Roberto de la Iglesia que los soldados franceses se pasaban los ratos ensayando con él su puntería. Hicieron bingo más de una y mil veces, a tenor del estado en que se encuentra la cara en piedra del Campeador. Tampoco está mucho mejor el de doña Jimena, ni el lecho pétreo sobre el que se asientan ambas efigies: explica el abad de Cardeña que los tajos existentes en el sepulcro datan de la época napoleónica, de cuando el general Thiébault ordenó trasladarlo al Espolón; esos cortes en la piedra se hicieron para su traslado y para sostenerlo con garantías mientras fue exhibido.

FUENTE: https://www.diariodeburgos.es/noticia/z57117026-a5a5-4523-a2269801fd99b3d9/202504/monjes-de-cardena-piden-restaurar-el-ruinoso-panteon-cidiano

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