POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).
Especialmente a la gente joven le resultará extraño el control de mercancías que había en la entrada a cada concejo para el que se utilizaban los conocidos como fielatos, los cuales eran pequeñas oficinas instaladas a la entrada de las poblaciones más importantes o transitadas cuya finalidad era recaudar el antiguo impuesto de consumos.
Los fielatos dejaron de estar en funcionamiento cuando se anuló el impuesto sobre el consumo entre 1965 y 1970, por lo que algunas oficinas fueron derribadas o clausuradas; concretamente en el concejo de Parres eran locales alquilados y la Corporación Municipal pagaba a sus dueños la renta, además de abonar el gasto de luz a la empresa suministradora de cada uno de ellos.
Para evitar el posible estraperlo de mercancías que entraban en las poblaciones para ser vendidas, los productos estaban marcados según su categoría y debía de pagarse por ellos.
Los portadores de tales géneros debían declararlos en el momento de pasar por delante de aquel local, oficina, casa o garita.
Si en las posteriores inspecciones del mercado los guardias municipales o Guardia Civil solicitaban al vendedor el resguardo acreditativo del pago que habían tenido que abonar en el registro de entrada y carecían de él eran propuestos para sanción o se les multaba directamente.
Los tres locales de El Fielato en las entradas al concejo de Parres hace exactamente cien años eran propiedad de:
– Antonio Escandón como dueño del local alquilado para Fielato en Soto de Dueñas.
– Castaño y Fernández eran los dueños de el Fielato Central en El Portazgo.
– Emilio González era el propietario del local situado en El Orrín (en las inmediaciones del que aparece siempre mencionado en los archivos como puente de piedra o puente viejo, puente al que conocemos indebidamente como puente “romano” desde hace menos de un siglo).
Como es lógico los fielatos tenían servicio las veinticuatro horas -en turnos de trabajo de ocho horas- llegando a un acuerdo para alternarse los de Cangas y Arriondas con vigilantes de ambas localidades en sus respectivos fielatos; en Arriondas dos turnos con vigilantes de Arriondas y uno de Cangas, y en el de Cangas de Onís, al revés.
Cierto es que alguna vez echaban mano del sereno para el turno de noche. Todos los pueblos tenían sus puestos de fielato para controlar las mercancías que entraban en los mismos.
Aún el año 1945 insistía la vecina Dolores Eguibar Vigil-Escalera que el puesto de el fielato situado en la plazoleta próxima al puente viejo estaba en terreno de su propiedad, pero el Ayuntamiento parragués no rectificó sus acuerdos contrarios a esa reclamación el 11 de julio y 30 de noviembre del año anterior, plaza a la que -por cierto- algunos conocían como “Plaza Eguibar”.
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