POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)
En 1982, E.T., el extraterrestre llegó a las salas y conquistó al público de todo el mundo. La cinta de Steven Spielberg no solo encumbró a jóvenes como Henry Thomas y Drew Barrymore, sino que se convirtió en un fenómeno cultural que inspiró juguetes, videojuegos y un sinfín de imitaciones. Sin embargo, detrás del simpático alienígena de piel marrón, dedo luminoso y obsesión por los teléfonos, hubo algo que pocos saben: gran parte del personaje no era un robot, sino un actor real.
A principios de los ochenta, Spielberg planeó que E.T. cobrara vida gracias a varios autómatas. Se fabricaron hasta cuatro modelos distintos con gomaespuma, fibra de vidrio y poliuretano.
Funcionaban bien para primeros planos, pero eran torpes y poco creíbles al moverse. Entonces surgió la idea de colocar a una persona dentro del traje, algo complicado por la altura y proporciones del personaje.
La solución llegó desde un centro de fisioterapia de California. Universal Pictures organizó allí un casting para buscar a alguien con la complexión adecuada y la habilidad de desplazarse en un espacio reducido. Así conocieron a Matthew De Meritt, un niño de 12 años nacido sin piernas nacido el 21 de abril de 1970 en Los Ángeles, que podía caminar sobre sus manos. “Me midieron, me grabaron moviéndome así y pensé que no serviría para nada, pero a ellos les pareció perfecto”, recordaría años después.
El rodaje, sin embargo, fue físicamente exigente. El traje, hecho de goma y tratado con una sustancia que le daba un aspecto húmedo, se colocaba por la cabeza, sin cremalleras, dejando al actor “atrapado como una salchicha”, según contó el protagonista entre risas una vez. La única ranura para ver estaba en el pecho y la pesada cabeza de E.T. se apoyaba sobre él.
Las jornadas eran calurosas incluso sin focos, pero Spielberg se preocupaba constantemente por su bienestar, preguntándole si estaba cómodo y asegurándose de que no sufriera daños. “No recuerdo quejarme; estaba acolchado por dentro y me sentía protegido”, comentaba el alma de ET en una entrevista.
De Meritt fue el encargado de interpretar al extraterrestre en todas las escenas donde debía tropezar o caer, algo que asegura nunca resultó doloroso. También guarda un recuerdo especial del propio Spielberg, al que no conocía antes del rodaje: “No había visto En busca del arca perdida. Era un tipo simpático, sin aires de superioridad. Tenía su oficina abierta y podíamos entrar a jugar a videojuegos con él”.
Pese al éxito arrollador de E.T., su participación no quedó reflejada de forma explícita en los créditos, apareciendo únicamente bajo la mención “Movimiento especial E.T.”. Compartió esa labor con Tamara De Treaux y “Little Pat” Bilon, ambos actores de talla baja, que también se enfundaron el traje en distintas secuencias. La voz, por su parte, la puso Pat Welsh, responsable del icónico “Mi caaaasa… teléééfono”.
Tras aquella experiencia, De Meritt tuvo un papel en Cyborg 2: La sombra de cristal, junto a una jovencísima Angelina Jolie, pero no buscó hacer carrera en Hollywood. Con el tiempo, se dedicó a dar clases de inglés en Los Ángeles, se aficionó a la música y al baloncesto en silla de ruedas y formó una familia. Hoy, con 54 años, recuerda con cariño su paso por el set y asegura que prefiere el anonimato y dice: “Cuando veo algo que me recuerda a la película pienso en lo que hice y en lo especial que fue, pero no dejé que me cambiara”.
Incluso en 2022, con motivo del 40 aniversario de la cinta, se reunió con el equipo original, manteniendo vivo el vínculo con una de las películas más queridas de la historia del cine.
La historia de Matthew De Meritt revela una cara poco conocida de E.T., y al mismo tiempo abre un debate interesante sobre visibilidad y reconocimiento en la industria del cine.
Por un lado, su participación fue crucial: sin su aporte físico, muchas escenas icónicas de la película no habrían tenido el mismo realismo. Sin embargo, su nombre no figura de forma prominente en los créditos y quedó diluido bajo la genérica mención de “Movimiento especial E.T.”. Esto refleja una práctica común en Hollywood, donde actores que encarnan personajes dentro de trajes o bajo maquillaje pesado a menudo reciben un crédito menor, incluso cuando su trabajo es fundamental para el éxito del personaje.
También hay un aspecto positivo: Spielberg y su equipo integraron a intérpretes con discapacidad en una superproducción de los años 80, algo poco frecuente en ese momento. La elección de De Meritt, junto con Tamara De Treaux y “Little Pat” Bilon, supuso un precedente para la representación de personas con diversidad funcional en roles relevantes, aunque detrás de cámaras. En suma, su caso es inspirador por la manera en que convirtió una característica física en una oportunidad única, pero también es un recordatorio de la necesidad de dar mayor crédito y visibilidad a quienes contribuyen, aunque sea de forma no convencional, al corazón de una obra cinematográfica.
FUENTE: https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/5471028/matthew-meritt-nino-dio-vida-et