MEMORIA DE FONTAMEÑA DE PRESTÍN EN EL CONCEJO DE PARRES (ASTURIAS)
POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).

La finca de Fontameña (Fuente Amena) fue adquirida en 1642 a los monjes benedictinos del Real Monasterio de San Pedro de Villanueva por Sebastián de Asiego -fundador del Mayorazgo de Parres, que devendría en el de Bada- mediante un trueque de terrenos con otros de su propiedad en Següenco.
Antonio Noriega de Bada y Llerandi nació en Castañera -en el antiguo Coto de Las Arriondas- el día 7 de marzo de 1769, y al día siguiente fue bautizado en la iglesia de San Martín de Cuadroveña. El recién nacido era hijo natural del Juez por el Estado noble del concejo de Parres, Manuel Francisco de Noriega Pérez de Estrada, viudo desde hacía veintidós años de Leonor Bermúnez de Espinaredo y Posada, poseedor del Mayorazgo de la Casa de La Pedrera, en Bada. La madre de Antonio, María Manuela de Llerandi y la Iglesia era de condición humilde y vivía en dicho pueblo de Castañera -hoy parte del casco urbano de Arriondas- y estaba al servicio de dicha casa. El juez reconoció con todos los derechos a este hijo y a otro que también había tenido con María siete años antes.
En varias ocasiones conté con todo detalle la vida de Antonio Noriega de Bada y su asombroso ascenso social y político.
El joven parragués llegó -con sólo veinticinco años- a ser el hombre de confianza de Manuel Godoy, quien le nombró Tesorero Real cuando él mismo pasó a ser el primer ministro del rey Carlos IV.
En 1806 Antonio ya poseía el título de Juez por el Estado noble del concejo de Parres, el mismo cargo que había tenido su padre (fallecido en 1775).
Pero Antonio Noriega no se olvidó desde Madrid de sus orígenes y a él se debió la Real Fábrica de Hoja de Lata de Fontameña, en Prestín (concejo de Parres).
Al frente de esta fábrica puso a José Vicente Pereda, sacerdote, industrial y erudito escritor nacido en Arnedillo (La Rioja) hacia 1770, pero se le puede considerar como un asturiano de adopción, ya que vivió la mayor parte de su vida en Asturias, poniendo a disposición de los asturianos todo su saber y talento, como se vio en Fontameña. Pereda estudió Economía y Ciencias Físicas y Naturales, siendo reconocido por la Junta General del Principado como encargado del estudio de las fuentes de riqueza del país.
Descubrió una nueva modalidad de temple para obtener hojalata y -con el apoyo del Tesorero Real y la Junta General- en la factoría de Prestín se elaboraron productos que nada tenían que envidiar a las manufacturas inglesas, las más prestigiosas de aquella época.
Al que en Asturias llamaban hace dos siglos “el cura Pereda” se le reconoció su afirmación de que Langreo, Mieres y otros concejos de Asturias albergaban unos verdaderos e inagotables almacenes de carbón fósil que podían proveer a toda la península, según él “depositados por la naturaleza para redención de un país lastimosamente inculto, o no atendido».
En contra de lo que algunas veces se dice, la Real Fábrica de Fontameña sobrevivió a la invasión napoleónica de 1808, pues así lo atestiguan las ciento treinta cartas conservadas en el inventario de Francisco Cortés Posada, coronel de los Ejércitos Nacionales y Gobernador Militar de Cangas de Onís durante la Guerra de la Independencia, cartas que van desde 1803 hasta 1820 y en las que se detallan todo tipo de asuntos relacionados con esta fábrica.
Habituales redactores de las mismas son el Tesorero Real, la Junta General, los marqueses de Vistalegre y de Camposagrado. Se tratan en ellas temas como los daños de las crecidas del río Sella a su paso por la fábrica, sobre los carpinteros que el arquitecto hidráulico Josef Fornelly había traído de Aranjuez, presupuestos, encargos de ollas, latas, corazas, suministros para el ejército; recomendaciones para emplear asturianos que aprendiesen el oficio (como el de hornero); los locales, casas y oficinas que se construyeron; la presa y desvío de aguas del Sella, hasta detalles como hacer acopio de sebo para la fábrica en Ponga y Amieva, entre otros. Prácticamente todas las cartas tienen como destinatario al citado director José Vicente Pereda.
Curioso es que -precisamente el mismo día 2 de mayo de 1808- mientras en Madrid se producía el levantamiento popular frente a las tropas invasoras de Napoleón, un mandato de la Justicia de Parres daba certeza de los exitosos ensayos llevados a cabo en Fontameña en aquellas fechas.
La Junta General ordenó el cese en la fábrica el 5 de junio, pero en 1812 y 1814 se recibieron encargos de ollas de campaña para varios regimientos, como los de Betanzos y Tuy. Así llegó el 30 de enero de 1820, cuando la Diputación ordenó cesar los sueldos del vicedirector, tesorero, empleados y capellán de la Fábrica de Fontameña.
En esos mismos terrenos ha comenzado a levantarse estos meses una gran superficie comercial; sírvanos de recuerdo y memoria el pasado de dicho lugar.