POR JOSE ANTONIO AGUNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE MALPARTIDA DE CÁCERES (CÁCERES).
Y esta nueva ausencia será difícil -imposible- de suplir. El 24 de septiembre se nos fue mi querido tío Antonio García Mogollón. Antonio “Pitoño, Cabeza de madroño” —como lo llamaban entre risas y burlas sus hermanas en los juegos infantiles—; Antonio “el herrero”, si se le señalaba por el alias de la saga familiar; Antonio o tito “Iberia”, como le denominaban muchos amigos y gente menuda refiriéndose a la compañía en la que trabajó toda la vida. Pero para mí, en la confianza y la intimidad de nuestro cercano trato siempre fue Toni. Lo sentía como un hermano más que un tío. Su hermana mayor Inés, mi madre, fue para él una segunda madre, y al ser yo el nieto mayor y él el tío más pequeño, la vida nos regaló una complicidad única, un vínculo entrañable que acortaba los años que nos separaban.
La huella de Toni habita en mi memoria desde el principio. Él era muchacho cuando yo vine al mundo. Está en el aprendizaje de mis primeras letras viéndolo impartir clases a chicos mayores en el sobrao de casa de la abuela Ana; está en la magia y la ilusión de los regalos de la noche de Reyes; está en las puntuales tarjetas de felicitación que enviaba por el cumpleaños; está sosteniendo mi mano y la de mi hermano en las primeras fotografías familiares que guardamos de nuestra niñez.
Y al hablar de Toni, es imposible no pensar en Isidora, su querida Isi. Aquel temprano amor que nació cuando apenas eran adolescentes y se transformó en una vida compartida que duraría casi cincuenta años, y aún después de su partida, Isi habitó siempre, siempre, en el pensamiento de Antonio. No olvido cómo mi abuelo Francisco me sentaba en la mesa para hacer la lista de invitados a la boda de Antonio e Isi y de cómo me mandaba repartir las tarjetas por casa de familiares cual “avisandera”. Y tampoco olvido aquel tierno reloj con forma de perrito al que se le movían los ojos con el oscilar del péndulo y que fue el regalo que trajeron de su viaje de bodas a Canarias. ¡Ay, Canarias! Cuántos amigos quedan allí, su compadre Juan y tantos otros, cuántos agradables momentos guardaba Toni de sus incontables viajes a las islas y con qué ilusión nos descubrió Gran Canaria el año pasado a Leonor y a mí.
Es muy probable que fuera en Canarias donde nació una de las pasiones más grandes de Antonio. Su trabajo y trayectoria en la compañía aérea, primero en Madrid y más tarde al frente de la sucursal de Iberia en Badajoz, le hizo tejer una gran red de amigos, contactos con agencias, turoperadores y clientes lo que despertó en él, en ellos, un deseo insaciable de viajar. Sólo, junto a Isi, al frente de diversos grupos promocionales, Antonio recorrió innumerables países y conoció multitud de culturas y personas. Cada una de aquellas aventuras les regaló vivencias inolvidables y una colección de recuerdos y objetos que llenan cada rincón de su casa.
Y de esa curiosidad nació también otra de sus grandes pasiones: el coleccionismo. Antonio era el primero que acudía al pequeño comercio de Cecilia, frente al cine Morán, buscando los cromos del chocolate y cumplimentar los álbumes de “Marcelino pan y vino” o “Sissí”. Luego, su curiosidad se expandió a los sellos de correos, las monedas y billetes antiguos, las vitolas, los carteles de Semana Santa, los décimos de lotería —afición que compartía con su querido hermano Gonzalo—Y, entre todas esas colecciones, se halla la magnífica de belenes y nacimientos, con más de doscientas piezas de todo el mundo, que en ocasiones nos hizo disfrutar con hermosas exposiciones en Casa Bernabé. Y entre todas las exposiciones que organizó, ninguna le tocó tanto el corazón como la que preparó con mimo y cariño en la Casa de Cultura en 2023 para lucir las pinturas de Isi, una tarea en las que nos puso a trabajar a todos.
También, por arraigo y tradición familiar, la pesca de la tenca en sus queridos Barruecos fue otra de sus pasiones. Pescador empedernido al igual que mi abuelo Francisco, sus hermanos Alejandro y Gonza, era afición compartida con su suegro y su cuñado Antonio. Muchas horas echó aviando cañas, anzuelos y veletas, y aunque quiso inculcar su amor por la pesca a algunas de sus sobrinas y resobrinas, fue más el empeño que el éxito. Por supuesto, su vida también conoció, como la de todos, días ingratos y tristes: la enfermedad y la falta de Isi, la dolorosa pérdida de su hija al nacer, la partida de amigos y familiares.
En fín, nos quedamos con que era hombre jovial, ocurrente y divertido y un organizador nato: cómo olvidar los torneos familiares de parchís por navidades con sus insólitos premios. Antonio era ese vecino que siempre regalaba un saludo sincero, una pregunta atenta, una palabra afectuosa… El termómetro de la asistencia de personas a su duelo y misa funeral para dar sus condolencias muestra el general aprecio que se le profesaba.
De la última etapa que compartimos a su lado, elegimos quedarnos solo con lo bueno. En nuestra memoria se quedan grabados los incontables y estupendos desayunos en los Puri -¿y ahora, a quien llamaré yo para desayunar?-, la celebración de cumpleaños de su hermana Inés -la última “juntana”- y aquel postrero viaje juntos -apenas hace un mes- a Setúbal. También queda la alegría de ver juntos a España ganar el Mundial y el disfrute de acudir a los partidos de su querido Malpa, sobre todo cuando jugaba Alex Anegas o cuando a Toni le tocaba el bingo futboleto. ¡Qué persona tan suertuda!
Con dolor inmenso, hoy sentimos que tendrá que pasar mucho tiempo -si ocurriera alguna vez- para que nos hagamos a su pérdida. Toni e Isi siempre estuvieron cerca de Leonor y de mí, y también de nuestras hijas Elena y Celia, que los tenían como otros verdaderos y queridos abuelos. Celia nunca olvidará la última frase que le dijo Antonio por teléfono el miércoles pasado: “Te quiero mucho”. También nosotros, Toni, te queremos mucho. Hasta siempre y descansa hoy en paz junto a Isi y a tu hija.
“… dio el alma a quien se la dio
el cual la ponga en el cielo
y en su gloria,
y aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.»
(De las «Coplas a la muerte de su padre» de Jorge Manrique)
Un beso a ti y a todos los que hoy te acompañan en el cielo.
