PARQUE DE SAN BLAS: CIEN PRIMAVERAS FLORIDAS, 1926-2026. (IV FINAL)
Ago 18 2026

 POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)

Parque San Blas. .-Foto-Pedro-Antonio

Un proyecto de la Universidad de Jaén: Medicina para la larga vida del Parque de San Blas. En mi última solicitud a la Oficina de Obras, sobre las últimas intervenciones en el Parque, encontré el Proyecto realizado por el Departamento de Biología Animal, Vegetal y Ecología de la Universidad de Jaén. El Proyecto está elaborado por D. Antonio Manzaneda Ávila, D. Julio Manuel Alcántara Gómez y D. Pedro José Rey Zamora. Leí varias veces el Proyecto y al conocer que D. Antonio Manzaneda es villanovense, le pedí si quería contarnos él, en qué consiste, con lo que se añadía a las buenas características, la vida y el entusiasmo que han puesto y ponen sus autores. He aquí su respuesta:

Raíces y futuro: ciencia y memoria para las zonas verdes de Villanueva del Arzobispo

Antonio José Manzaneda Ávila

Profesor de Ecología, Universidad de Jaén

Mis primeros recuerdos botánicos de Villanueva del Arzobispo se remontan a hace ya cuarenta años, y permanecen muy vivos. El más nítido es la exuberancia de los olmos: aquella alameda del parque y del camino a la Fuensanta que daba sombra y carácter al pueblo. Desgraciadamente, aquellos olmos no pudieron superar la epidemia de grafiosis que asoló los años ochenta y noventa, y no solo en Villanueva, sino en toda la comarca de la Loma —Villacarrillo, Torreperogil—, donde existían alamedas de olmos verdaderamente notables. Aún quedan algunos ejemplares auténticos supervivientes de aquel golpe.

Guardo también el recuerdo de los chopos dispersos por la localidad. Uno de ellos me emociona de manera especial: el chopo que mi abuelo plantó a finales de los años cuarenta en la explanada de la antigua fábrica de los muletos —lo que después fue la cortadora de mármoles de Tomás Ávila—, todavía en pie, ya enfermo, pero visible desde la Moratilla. Y un tercer recuerdo, más exótico: durante unos años, los tulipanes asilvestrados se propagaron por la ladera noreste de Iznatorf, hacia el pueblo, regalando un colorido espectacular que la expansión de los herbicidas terminó por borrar. Hoy no queda rastro de aquella peculiaridad.

Por eso, cuando recibí la llamada de nuestro alcalde, Jorge Martínez Romero, el encargo fue para mí un reto profesional y, sobre todo, sentimental. Restaurar el Parque de San Blas y las zonas verdes de mi pueblo significaba rescatar parte de mi propia memoria y, quizá, dejar una contribución útil a las futuras generaciones de villanovenses. Como funcionario público y profesor de la Universidad de Jaén, ayudar a nuestros pueblos es nuestra labor; hacerlo en el mío propio era, además, una ilusión. Buscamos financiación, presentamos un proyecto sólido —que quedó el quinto de toda España en su convocatoria— y nos pusimos a trabajar.

Un plan con base científica

El trabajo se ha desarrollado desde el Departamento de Biología Animal, Biología Vegetal y Ecología de la Universidad de Jaén, dentro del impulso de la Agenda 2030 en las entidades locales, junto a los profesores Pedro J. Rey Zamora y Julio M. Alcántara Gámez. Su objetivo central responde a la principal espada de Damocles ambiental del municipio en los últimos cuarenta o cincuenta años: la calidad del aire. La particular situación geográfica de Villanueva y su actividad industrial agravan ese problema, y las zonas verdes son una de las mejores herramientas para mitigarlo.

Para conocer el punto de partida inventariamos 2.060 árboles —695 de ellos en el Parque de San Blas— a lo largo de 12,4 hectáreas, el 5,5 % del suelo urbano. Identificamos y revisamos la taxonomía de 109 especies, siendo las más abundantes el ciprés común (Cupressus sempervirens, casi un 34 %), el pino carrasco y la morera blanca. Cada árbol fue inspeccionado para evaluar su estado de salud, y llegamos incluso a instalar sensores que registraron durante meses la temperatura y la humedad del aire y del suelo: la temperatura media del periodo de estudio fue de 21,5 °C, con extremos que rozaron los 41 °C. El estado general del arbolado es bueno, sin signos graves de decaimiento y con una proporción muy baja de ramas secas, aunque detectamos zonas con exceso de cipreses que conviene aclarar y algún ejemplar con secuelas de podas antiguas.

Con la herramienta i-Tree, desarrollada por el Servicio Forestal de Estados Unidos, calculamos los servicios ecosistémicos que prestan esos árboles: lo que almacenan, lo que limpian y lo que producen. Y los números hablan por sí solos. El arbolado de Villanueva almacena unas 547 toneladas de carbono —el equivalente a las emisiones anuales de 427 automóviles— y cada año captura cerca de 22 toneladas más, produce más de 58 toneladas de oxígeno y retira del aire unos 600 kilogramos de contaminantes, incluidas las temidas partículas finas PM2,5 y PM10. El valor de reposición de todo este patrimonio verde supera los 2,16 millones de euros, y el beneficio neto que aporta cada año ronda los 11.000 euros: una cifra que conviene leer como lo que costaría reponer de forma artificial lo que los árboles hacen gratis. El Parque de San Blas, por sí solo, concentra más de un tercio del carbono almacenado y del que se captura cada año. Es, sin duda, el corazón verde del municipio.

Sembrar para quienes vendrán

El plan no se queda en el diagnóstico. Proponemos crear once nuevas zonas verdes —casi 37.000 metros cuadrados adicionales— y plantar más de 1.100 ejemplares, de los cuales 24 de las 27 especies elegidas son autóctonas. Apostamos por lo de aquí, por lo que mejor resiste nuestro clima, y ensayaremos técnicas innovadoras como el biochar y los hidro infiltradores para mejorar el suelo y aprovechar mejor el agua allí donde el riego es difícil. En conjunto, la superficie arbolada crecería más de un 34 %, y la proyección a treinta años muestra un aumento sostenido en captura de carbono, producción de oxígeno y retirada de partículas, con beneficios añadidos que no siempre se miden: sombra, descenso de la temperatura, paisaje y bienestar. Entre las recomendaciones figuran modernizar el riego, renunciar a los pesticidas, instalar cajas nido para aves y murciélagos y podar con criterio técnico, y no solo ornamental.

Porque esa es la otra cara del proyecto. Frente al reto del cambio climático, contar con zonas verdes de calidad no es un lujo: son refugios climáticos frente al calor, especialmente para la población más vulnerable. Y este año, además, el Parque de San Blas cumple su centenario. No se me ocurre mejor manera de celebrarlo que rescatar el legado de uno de los parques mejor conservados de la provincia de Jaén, de una composición florística magnífica, y proyectarlo hacia el futuro.

Quiero felicitar a la corporación municipal por haber aprobado el Plan de Arbolado y Zonas Verdes por una amplísima mayoría: esa práctica unanimidad es la mejor garantía de la supervivencia del parque en los años venideros. La comarca de la Loma ha cambiado mucho —la transformación del cereal en olivar ha alterado el paisaje de un modo cuyas consecuencias para la biodiversidad aún no comprendemos del todo—, y formar parte, aunque sea modestamente, de la conservación de nuestra biodiversidad y del civismo de mi pueblo es un orgullo.

Me viene entonces el recuerdo de mi abuelo, don Pedro Ávila Angullo, que fue teniente de alcalde de la localidad. Sé que le habría llenado de orgullo ver a su nieto, hoy profesor de universidad, contribuir a este bien común para todos los vecinos. Va por él, por el chopo que plantó hace casi ochenta años, y por las generaciones que mañana disfrutarán de los árboles que hoy plantamos”.

Tras la espléndida colaboración de Antonio José Manzaneda Ávila continúo con la exposición de mi trabajo; finalizándolo del siguiente modo:

Al cumplir cien años este recinto de sosiego, paz  y naturaleza, que conserva un estado de salud impecable, además del “cumpleaños feliz”, debemos de agradecerle los momentos de felicidad que varias generaciones han vivido en el auditorio, al escuchar música de todos los estilos que llenan el corazón; las elecciones de Reina la alegría de unas jóvenes ilusionadas; las representaciones teatrales, actores que nos han acercado a la palabra de la literatura, a la interpretación; la solidaridad despertada para recaudar fondos; la poesía que se cuela al corazón; el canto a la Patrona Nuestra Señora de la Fuensanta.

Debemos de mostrar nuestro agradecimiento a la primera Corporación del año 1926 por su feliz iniciativa; a todas las Corporaciones que han visto en este lugar un beneficio para el disfrute de todos los vecinos; a todos los que han aportado iniciativas para mantener un amplio espacio, alejado del centro de la ciudad.

El Parque: un recinto de sosiego, paz y naturaleza

Desearía que pasear por sus caminos, leer un libro, escuchar un concierto de música variada o tomar alguna bebida en el quiosco  respetar todo el entorno,  sean algunas de nuestras primeras actividades. Su conservación y el deseo de disfrute de los vecinos ha sido una constante del Parque Municipal a lo largo del tiempo.

Mi agradecimiento a la Oficina de Obras, a los concejales  y personas que vieron en este lugar un futuro para la localidad y a todos los que han mantenido y mantienen la Ermita y devoción al santo.

A los diversos autores de fotografías, Pedro Antonio, Ortega, Lux y Manolo que sirven para enriquecer nuestra mirada.  Libro de Fiestas, en imprenta.

FUENTE: M.L.F.

 

 

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