POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)

Te encuentras en una de las plazas más emblemáticas de Villanueva, sé que me has visitado numerosas veces, que juntos hemos paseado por la lejanía del tiempo y del espacio. Sin embargo hoy vienes a dar fe de lo que yo te cuente en primera persona, hoy quieres actuar de notario, o pregonero de mi historia. Intentaré que mi memoria sea fiel y que mi corazón sea cálido al evocar los numerosos años.
Me llaman Plaza de Santa Ana. ¿ Por qué este nombre?
Conoces la historia de ese villanovense universal, Fray Domingo de Valtanás y Mesía, y del que hablará mi amiga, aunque lejana calle, que lleva su nombre en el Barrio de las Protegidas de Santiago.
Este importante hombre fundó en una casa de su propiedad, el convento de monjas dominicas, bajo la advocación de Santa Ana. Fue un 27 de marzo de 1540. Desde entonces, el nombre de Santa Ana ha sido respetado, a pesar de los avatares políticos, y solamente en el año 1935 hay una petición para que me llamen Calle Fray Domingo de Valtanas, pero sin que prospere la iniciativa. Posteriormente se realiza otra propuesta, que queda solamente en los documentos de Plenos Municipales.
Si te parece bien podemos adentrarnos en el interior del convento e ir recordando cómo es, cómo viven estas monjas que llevan más de 450 años en la ciudad. Observa la portada de la iglesia, hoy restaurada. En una hornacina, colocada, recientemente, la figura de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden. Aparece un escrito con la fecha de 1651, como la de algunas reformas realizadas.
En la entrada a la iglesia, el brillo del suelo, el perfume de azahar, la tenue luz, junto con el susurro de voces angelicales, te sumergen en un mundo de fe y espiritualidad. El retablo anterior se cayó, arrastrando parte de la pared, el motivo fue, que al ser de madera, estaba totalmente carcomido por la polilla. Se renovó de forma sencilla colocando tres pequeñas hornacinas.
Cuando realizas uno de tus últimos paseos evocando siempre el ayer, te alegra contemplar el nuevo retablo: Inaugurado en la primavera de 1999, es una obra singular y bella realizada por D. Santiago Lara Molina, de Socuéllamos ( Ciudad Real). Ha logrado dotarlo de una majestuosidad, que unido a la sencillez de las monjas, ofrecen una armonía espiritual.
En la bóveda de la iglesia destacan los grabados de un cachorro que lleva una antorcha en la boca, coincidiendo con la leyenda, de como predijeron a la madre de Santo Domingo de Guzmán, que tendría un cachorro con una luz en la boca que iluminaría el mundo. Se pueden observar los símbolos del santo: la palma y la azucena.
Una de las maravillas artísticas es el artesonado, que corresponde al coro alto.
En las imágenes resalta la belleza de la Virgen del Rosario, que fue realizada por el escultor granadino D. Domingo Sánchez Mesa, en el año 1943, restaurada recientemente por D. Antonio Labaña, de Murcia Aquí se custodia una verdadera joya artística y monumental el trono e imagen del Santo Entierro.
La entrada al convento propiamente dicha, está flanqueada por una espaciosa y amplia verja de hierro. La llamada al torno, para que la monja portera atienda las peticiones de bordados, de túnicas para Semana Santa, o banderas para las diferentes cofradías.
Un precioso claustro del siglo XVI, con una fuente de piedra, que mana agua del manantial, llamado de las Monjas en las cuestas de Iznatoraf. Sabrosos y olorosos naranjos adornan el pequeño jardín, como punto contrapuesto al silencioso y enhiesto ciprés. Catorce columnas que sostienen parte de las dependencias y un espacioso corredor en la parte alta, nos sumergen en la paz y en la esperanza.
Alrededor del patio está el refectorio, austero, frío, con un interesante mural de 1584, pero de una serenidad y belleza irrepetible; la entrada a la modesta pero amplia cocina y la sala donde se pueden consultar interesantes documentos.
En la parte alta del corredor han aparecido, recientemente, unas pinturas, que necesitan una investigación a fondo para conocer la época de su realización. En esta zona se encuentran las sencillas celdas, la sala de labor y el coro alto de la iglesia.
Un total de 326 monjas han profesado en este convento desde su fundación: 58 en el siglo XVI. 118 » » » XVII. 75 » » » XVIII. 53 » » » XIX. 29 » » » XX.
Se puede comprobar cómo los siglos de mayor fervor religioso fueron los siglos XVII y XVIII, con una falta de vocaciones en el siglo actual.
Si te parece bien volvamos a nuestro paseo, dejemos estos patios de azahar, trabajo y oración, dejemos la sencillez, la bondad, la vida » lejos del mundanal ruido «y que el choque con el exterior nos devuelva a la realidad .
Me llaman Plaza de Santa Ana, sin embargo ningún rótulo he podido leer con mi nombre, por lo que me uno a mi vecina, que se llama Calle Santa Ana.
Si inicias el ascenso desde la calle que lleva mi nombre, comprobarás como se estrecha y dobla, con sus casas encaladas, balcones de forja, pequeñas ventanas, cámaras para conservar los frutos del año, llega la calle con un sueño aromático de panadería que hubo por aquí, para desembocar en mi amplio corazón.
No logro recordar si tuve otra calle, muy próxima, pegada a mí. No era normal que en la parte alta de la villa hubiese inmensos espacios como el que se produce frente al convento. En el Catastro de Ensenada, figuran dos o tres nombres de pequeñas calles, hoy desaparecidas.
¿ Pudo ser la Calle Las Beatas? .Hay que aventurarse, formular algunas hipótesis, aún corriendo el riesgo de no tener una base sólida
No es hipótesis, es realidad, que aprovechando mi generosidad colocaron, recientemente, la Cruz de los Caídos. ¿ Por qué quitarla de un sitio para traerla hasta mí ? Ignoro el motivo, pero se cometió un grave error urbanístico. Mi deseo, petición y esperanza es que nunca haya en España más caídos, ni bandos divisorios, ni las dos Españas que decía Machado, pero también de un mayor respeto por el entorno histórico o casco antiguo de la villa.
Era el sitio ideal, histórico y sentimental para el busto de Fray Domingo de Valtanás, inaugurado, el 13 de marzo de 1999.
Existe cierta armonía de casas encaladas. Una de ellas, que debió pertenecer a la familia Vélez, posee unas interesantes ventanas altas, de madera torneada. El arquillo que llegaba hasta mí era llamado Arquillo de Arraño.
En esta plaza se interpretaban magníficos conciertos con motivo de las fiestas patronales, que hasta 1920, se iniciaban el 28 de septiembre al día 6 de octubre. Recuerdo oír hablar de una fuente y un pino; de los numerosos vecinos de otros tiempos, Rafael, Jeromo, El Campanero, Paco; María del Señor. Lucha, Pepe Alejo… que encendían una hoguera por el día de la Cruz. Después Juana Magaña te puede contar los aconteceres diarios de una casa de vecinos: Catarro, Juan Campos, Ana María, Rosario Peguero… casa sin servicios higiénicos, con pequeñas habitaciones, que compartían más alegrías que penas las cuarenta personas, unidas en vecindad con las puertas siempre abiertas. Cada uno fue comprando su “parte” por unas diez mil pesetas, hoy hay silencio y habita solamente ella. En tu visita en los primeros días de julio, observas cada rincón de la vieja escalera, su patio, cada uno de estos rincones guardará viejas historias de amor y desamor, de varias generaciones.
Por su proximidad es interesante que cites la Ermita de la Virgen de las Cabeza. Algo más pequeña que la Vera-Cruz, de unos 10 metros de ancho y 20 de largo. Tenía un porche que servía de refugio a los vendedores ambulantes. Los pastores celebraban una interesante fiesta y una procesión hasta la Iglesia parroquial.
Aquí se veneraba la Virgen de la Cabeza con el niño Jesús y un busto que llamaban Jesús del Monte. En el altar mayor un medallón de piedra berroqueña que ocupaba el centro del retablo. Alrededor del medallón se leía: “Esta imagen mandó hacer Pedro Baltanás Megias , alcalde en el año 1571”.
La ermita fue destruida y se volvió a edificar en 1912 por D. Ramón Millán en piedra de mampostería. Después se utilizó como cárcel en el periodo 1936-1939, y posteriormente se destruyó totalmente. Unas casas prefabricadas forman una calle, unos metros más arriba, que lleva el nombre de Virgen de la Cabeza, sus techos rojos y fachadas blancas, ignoro si se colocaron de forma provisional o fue un acuerdo definitivo. Marca las diferencias en la forma de ser o de vivir, pero con el respeto que merece toda la diversidad.
En estas eras cada Viernes Santo sube el Nazareno camino del Calvario y se realiza una de las más bellas representaciones de la Pasión Viviente. El dolor se refleja aquí siempre con Cristo, con la Cruz o camino de ella. Después con el campo cubierto de amapolas el 3 de mayo, el Cristo de la Vera-Cruz, obra de Mariano Benlliure, llega hasta aquí para realizar la bendición de los campos. Que las cosechas sean para todos fructíferas en el terreno material y espiritual.
Plaza de Santa Ana, religiosidad, monjas de clausura, historia viva de la villa En las conversaciones del interior del convento has encontrado numerosas veces razones para la fe, la esperanza, pero sobre todo para la bondad y generosidad, de estas monjas, que viven en sencillez y armonía. La luz amarillenta del mediodía, los ruidos de los niños correteando, la melancolía del sol al ocultarse por Iznatoraf, se tornan en silencio, emoción, religiosidad al contemplar cada Viernes Santo la salida del Santo Entierro, de esta iglesia de azahar e incienso.
Sobre la iglesia del convento pesaba el tiempo, los años, con amenaza de derrumbarse. Villanueva supo responder con generosidad y sacrificio con una cantidad cercana a los diez millones, para restaurar las heridas del paso de los años. Esta es la grandeza de los pueblos que con su sacrificio callado son capaces de mantener en pie, su historia y monumentos.
FUENTE: M.L.F.