PASEOS POR CÓRDOBA EN MAYO
Abr 28 2026

POR JULIÁN HURTADO DE MOLINA, CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE CÓRDOBA Y EL CARPIO, EN MADRID.

                                               

Cuando el cordobés pasea por su ciudad, llena de encanto y fascinación, sabe valorar esos lugares que traen evocación de otros tiempos históricos en una sinfonía de sentidos que se refleja en esas calles estrechas y encaladas, en sus plazas repletas de azahar y en sus patios tradicionales adornados y rebosantes de macetas de flores de los más diversos colores que añoran la herencia romana y andalusí. Su vibrante ambiente, sus rincones con encanto, sus colores, su luz dorada y sus calles llenas de historia suponen una eufonía sensitiva que se activa y vivifica en el mes de mayo, el mes cordobés por antonomasia.

Paseando por Córdoba en mayo percibimos que en esta etapa primaveral se implican todos los barrios de la ciudad, sean los históricos o los modernos, e igualmente se pueden descubrir su oferta cultural, sus alegres y concurridas calles, o sus asombrosos y señeros momentos protagonizados y antecedidos por la colorista batalla de flores, o por las cruces colmadas e iluminadas por mil flores que suponen toda una flamante explosión de los sentidos en cada plaza y en cada calle de la ciudad de los Omeyas, o por la cordobesísima, popular e histórica romería de la Virgen de Linares, la advocación cristiana mariana más antigua de la ciudad, de cuya caminata ya hay constancia histórica en 1477, también por la salida de los peregrinos cordobeses al santuario almonteño del Rocío, o con la procesión del arcángel y custodio de la ciudad san Rafael, seña de identidad de la cristiana religiosidad popular cordobesa, que inicia un periplo de procesiones provenientes de diferentes zonas de la ciudad, que se suceden en mayo con salidas procesionales como las de la Virgen de la Cabeza, de Nuestra Señora de Fátima, del Niño Jesús de Praga, la Santa Cruz de la Hermandad de la Oración en el Huerto, o de la Reina de los Ángeles, entre otras, culminando con la jubilosa procesión de María Auxiliadora, que se conjugan con el espectacular y mágico festival de los Patios cordobeses, de universal resonancia, o con la siempre abierta, multitudinaria, festiva, vivaz e histórica Feria Real de Córdoba, cuyos más remotos antecedentes proceden de la concesión de Sancho IV en 1284, y de la que, una vez más, reivindicamos se use tal título de Real.

Son todos ellos anualizados y gozosos jalones de la vida de los cordobeses en los que toda la sociedad cordobesa participa con el apoyo e intervención de sus populares y representativas peñas, auténticas escuelas de convivencia ciudadana e impulsoras de las más arraigadas y honorables tradiciones, o de sus fervorosas, históricas y enraizadas hermandades y cofradías.

Caminando por la ciudad de la mezquita, por sus tabernas y restaurantes, toda esta magistral sinfonía de los sentidos, se adereza con una especial oferta gastronómica heredada de antiguas tradiciones, en la que sus tapas, su perol, su salmorejo o sus flamenquines, se saborean junto a sus boquerones en vinagre o el emblemático estofado de rabo de toro cordobés excepcional exponente del patrimonio culinario de orígenes romanos, sin olvidar las berenjenas fritas con miel, platos siempre acompañados de nuestro vino de denominación Montilla-Moriles, que culminan con el dulce vino Pedro Ximenez mientras se degusta el pastel cordobés de raigambre andalusí, riqueza toda y acervo nutricio que sitúan a nuestra ciudad como capital gastronómica internacional, que debería contar con algún reconocimiento oficial en tal sentido y que aquí reivindico, pues no en vano Córdoba fue el primer lugar de Europa en el que se comenzó a comer con mantel y a beber con vasos de cristal, o se instauró la secuencia de la presentación de los platos en la mesa, para cada comensal y concluyendo con el postre, tal como desde la época andalusí, durante el emirato de Abderramán II, se sigue haciendo, gracias a personajes como Ziryab, que así lo incluyó en la corte cordobesa, como nos recuerda Ruiz Bejarano, constituyendo una inveterada tradición cordobesa extendida al resto del mundo.

Pasear por Córdoba en mayo es en definitiva disfrutar de una ciudad luminosa y alegre que combina su incomparable y multisecular historia y floreciente cultura, con su resplandeciente arte y más genuinas tradiciones protagonizadas por una soberana y multitudinaria participación ciudadana, pues estas fiestas son y serán siempre del pueblo y para el pueblo cordobés y para cuantos quieren venir a acompañarnos en este único y maravilloso mayo bullicioso y festivo, en el que la ciudad viste sus mejores y primaverales galas.

FUENTE:https://www.diariocordoba.com/opinion/2026/04/26/paseos-cordoba-mayo-129511836.html

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