PASIÓN DE UN CRUCIFICADO REMOTO EN MURCIA
Abr 02 2026

POR ANTONIO BOTIAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.

                                           

Bajo un cielo donde las nubes no se han atrevido a convocarse para empañar el rito, la ciudad de Murcia ha vuelto a entregarse al latido de su Martes Santo más hospitalario. La noche se desplomó sobre los termómetros con una calidez inusual de oscurecida, dibujando una tarde magnífica para dos procesiones de inconfundible aire andaluz.

Mientras el Rescate atrona con sus tambores desde el otro templo de San Juan, abriendo la Vía Dolorosa una hora antes, en la plaza de la Salud, que es la de San Juan de Dios, el gentío se agolpa para ver cómo las puertas de la iglesia museo se abren de par en par, retornando cofrades en filas interminables. Es el desfile de las túnicas blancas y rojas, una procesión rigurosa y recogida que se alza como el contrapunto perfecto al barroco murciano.

Al frente del cortejo, la imponente talla de Jesús de las Mercedes -aquella que antaño reunía a cientos de devotos en la Merced- camina impregnando de devoción el itinerario nazareno bajo el mando señero de Daniel Sánchez Melgarejo. No menor recogimiento invoca la Virgen del Primer Dolor, esa joya de Salzillo que camina entre el fervor del barrio coronada por las magistrales cinceladas de Antonio Santos. Crujen los estantes bajo el peso de la devoción mientras el barrio se vuelve un pañuelo de suspiros, una marea de sentimiento que se derrama por las esquinas cuando el paso parece rozar el cielo con la yema de los dedos.

Es el momento en que el tiempo se detiene y la madera se hace carne, cuando el silencio solo lo rompe el roce de las sandalias sobre el viejo empedrado y el murmullo de una urbe que se reconoce en sus imágenes, sintiendo que cada esquina es un latido compartido de su propia historia. Así, entre el revoloteo nervioso de los pájaros en los aleros y el respeto de miles de murcianos, la Salud ha vuelto a demostrar por qué es una de las procesiones más serias, ordenadas y perfectas de la Semana Santa.

Al final, cuando el silencio se adueña de San Juan y las últimas luces de los cirios se rinden ante la luna murciana, queda el eco de una devoción que no entiende de calendarios. Es el misterio de un barrio que se hace templo y de una madera que, tras siglos de historia, sigue acunando los lamentos y esperanzas de toda una ciudad. En ese caminar lento y perfecto de túnicas, Murcia no solo ve pasar una procesión; se reencuentra con su propia esencia, renovando cada Martes Santo ese pacto invisible de fe que mantiene viva su memoria más sagrada.

FUENTE:https://www.laverdad.es/semana-santa/murcia/pasion-crucificado-remoto-murcia-20260331232310-nt_amp.html

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