POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)
Un espectro ideológico ha dejado huella profunda en la historia moderna de Europa: el comunismo.
«Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, radicales franceses y policías alemanes. ¿Dónde está el partido de oposición al que no hayan tachado de comunista sus adversarios en el poder? ¿Dónde el partido de oposición que no haya arrojado de vuelta el epíteto de comunista tanto a sus adversarios más progresistas como a los más reaccionarios?».
Este fragmento corresponde al inicio del Manifiesto Comunista, que fue escrito como documento fundacional de la Liga Comunista, con el objetivo de exponer la visión histórica y política del comunismo. Empezó siendo lo que nunca pensó llegar a ser. Sí. Así daba inicio el Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1848, anticipando el avance de una doctrina que, años más tarde, se consolidaría de forma brutal en la Rusia soviética y posteriormente en otros Estados, dejando tras de sí un rastro de represión y millones de muertes.