POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ).

Bajo el sepia color de la nostalgia, el ovillo del recuerdo recorre hoy aquellas tardes idas del Jueves Santo. Tardes que avanzaban serenas, en calma, íntimas; envueltas en un aire especial y festivo. Dicen que cuando llega ese día, con la luna de Parasceve, es cuando se ciernen las espigas del trigo y los pámpanos pierden el ribete rosa que anuncia el vino. Hoy, Jueves Santo, la caja de las fotografías antiguas me lleva a la imagen de San Juan, en aquellas tardes de la edad de la infancia. A la popular procesión de los altramuces, pues éramos muchos los niños que participábamos en ella. Ajenos al riguroso silencio y orden que nos imponían, los empujones en las filas, era nuestro propósito de la enmienda, cumpliendo así la penitencia.
(Para situaros en la foto, a la derecha estaba el Teatro Calderón, a la izquierda se corresponde con la esquina actual del Hoyo, al fondo la plazuela de Jesús. Observad el empedrado de la calle).
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