«QUE UN OMNE BIEN SABIDOR OYA LOS PLEITOS DE LAS AGUAS»
Sep 27 2026

POR ANTONIO BOTIAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.

                                           

Murcia tiene un tesoro judicial y antropológico de primer orden. Aunque esas cosas no se cuenten en los colegios, por desgracia. Me refiero al Tribunal de Hombres Buenos: los jueces de la huerta que se extiende desde la Contraparada, que es la presa que distribuye las aguas hacia las acequias del Segura por los términos municipales de la capital, Alcantarilla, Santomera y Beniel. Un total de 23 kilómetros que acaban en la Vereda del Reino, frontera con Alicante.

Desde la época romana fue necesario regular los riegos en estas tierras, que luego extenderían de forma sublime los árabes en los siglos IX y X. ¿Y quién ponía orden? Pues los más veteranos de la sura o Consejo de Ancianos, sabios e imparciales conocedores de las costumbres de la huerta. El Rey Alfonso X mantuvo aquél fructífero sistema dotándolo de nuevos privilegios en el Fuero Juzgo, donde se cita el llamado «Concejo de Hommes Bonos», germen del actual.

Los Reyes Católicos, por otro lado y en 1495, impulsaron el más importante antecedente de las Ordenanzas de la Ciudad y la Huerta que Carlos II aprobaría en 1695. Cuenta la catedrática María Martínez que, desde su constitución bajo medieval, el llamado Concejo de Herederos, «formado por todos los propietarios de la huerta, obtuvo personalidad y capacidad jurídicas para actuar en las cuestiones relacionadas con las aguas de riego».

Añade la profesora que las tareas relacionadas con el sistema de riego fueron encomendadas desde los años sesenta del siglo XIII a los jueces sobreacequieros, «quienes siguiendo la tradición musulmana del señor de las acequias, obtenían las competencias inherentes a este cargo de raigambre islámica».

Alfonso X lo respeta

En 1275, Alfonso X mantenía que el cargo de juez-sobreacequiero correspondiese a «un omne bien sabidor… que oya los pleitos de las aguas et de las otras cosas que pertenecen al su oficio en todos los dias feriados o non feriados, en la manyana o en la tarde». Ya en el año 1849, la actualización de las ‘Ordenanzas’ incluyó la creación de la Junta de Hacendados, otro organismo que devino en indispensable para gestionar la huerta.

Gracias a la reedición que hiciera el erudito Pedro Díaz Cassou en 1889 de aquellas remotas ‘Ordenanzas’, a las que añadió no pocos comentarios, el texto se mantuvo vigente hasta que en 1985 la Ley de Aguas modificó el texto que fue aprobado en 1991. En 2015 se perfiló un tanto.

El 'Boletín Oficial de la Provincia de Murcia' publicaba en 1869 el resultado del sorteo celebrado en el Ayuntamiento.
El ‘Boletín Oficial de la Provincia de Murcia’ publicaba en 1869 el resultado del sorteo celebrado en el Ayuntamiento.

El Consejo está formado por siete miembros que celebran audiencia pública en el Salón de Plenos municipal cada primer jueves de mes, a las once de la mañana. Dos de ellos son fijos, el presidente de la Junta de Hacendados y el secretario. El alguacil tampoco cambia. Los otros cuatro son elegidos cada mes por sorteo entre los procuradores de las dos grandes acequias, es decir, deben ser dos vocales de la Aljufía y otros dos de Barreras.

Todos sus miembros son agricultores reconocidos por su rectitud y conocimiento de las normas. La institución aplica en sus juicios la tradición de las ‘Ordenanzas de la huerta’, pero también las costumbres, para dilucidar en casos de litigios de riegos y cauces. ¿Qué casos son? Muy variados, desde las servidumbres de paso y de riego, disputas por lindes o plantación de árboles o el mal estado de los cauces.

El Consejo atiende a las demandas por conflictos relacionados con los cauces de riego (acequias mayores, acequias menores, brazales y regaderas) y cauces de desagüe (azarbes mayores, azarbes landronas, azarbetas y escorredores).

El proceso se inicia con la vista del expediente, la inspección ocular sobre el terreno de todo el tribunal y el acto de conciliación, donde suelen acabar gran parte de los casos de manera satisfactoria. De no haber acuerdo se procede a la sesión de juicio y la ejecución de la sentencia.

'El Diario de Murcia' ya advertía en el año 1882 de que los litigios de la huerta se resuelven en el Consejo.
‘El Diario de Murcia’ ya advertía en el año 1882 de que los litigios de la huerta se resuelven en el Consejo.

Siempre por mayoría

Las sentencias, que siempre se deciden por mayoría de votos, son solo apelables ante el Tribunal Constitucional. De hecho, el Consejo y sus atribuciones estás reconocidas por la Ley Orgánica del Poder Judicial y su zona jurisdiccional es la Vega Media del Segura. Los jueces del Consejo visten el tradicional blusón huertano, de color negro y manga larga, confeccionado en algodón y raso. Esa era la prenda que vestían nuestros ancestros, no ha mucho tiempo, de colores claros para trabajar y negra en días festivos, hoy convertida en auténtica toga judicial.

Tal es la grandeza de esta institución que el 30 de septiembre de 2009, en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), la UNESCO otorgó al Consejo el honor de convertirlo en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Además, desde 2010 forma parte de la Mesa de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de la Región.

Estos históricos y casi olvidados Hombres Buenos de la Huerta no son solo los guardianes de las acequias; son los depositarios de una forma de entender la convivencia que, en estos tiempos apresurados y de guerras, en lugar de servirnos como ejemplo, echamos al más absoluto de los olvidos.

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