RECUERDO Y MISCELÁNEA DE JUAN GUAS EN GUADALAJARA
Feb 28 2026

POR ANTONIO HERRERA CASADO, CRONISTA OFICIAL DE GUADALAJARA.

                                     

El pasado martes 13 de enero, en el salón de actos de la Biblioteca Pública Provincial, que gracias al empeño de la Asociación de Amigos de dicha Biblioteca se ha ido convirtiendo en un foro [diario] de actividades, presentaciones y encuentros, habló don Miguel Sobrino González, muy conocido en los ambientes de protección y estudio del patrimonio. Guadalajara tuvo la oportunidad de escuchar a este sabio, que habló, además, de cosas nuestras, de Guas y el palacio ducal del Infantado.

Desde que Miguel Sobrino tomó la palabra en el salón de actos de la Biblioteca, el silencio en que se sumió la multitud asistente fue testimonio fiel del interés que suscitó su disertación miscelánea. Venía a hablar de Juan Guas, de su obra en Guadalajara, y allí salieron a relucir muchos otros temas, todos engarzados con nuestra ciudad, nuestras veredas provinciales, nuestras potencialidades y nuestros déficits. Terminó, incluso, dando ideas: muchas y muy buenas ideas para la ciudad, que son cosas que aquí no abundan, últimamente.

Juan Guas tiene unos orígenes enigmáticos, a pesar de haber dejado una obra tan prolija, espléndida y luminosa. Fue Javier Solano, arquitecto e historiador del arte, hace ahora unos diez años, quien nos ofreció un estudio meticuloso del personaje y de su producción artística, enmarcado en un mundo especial, el de la Castilla de la segunda mitad del siglo XV, con una monarquía surgente y una aristocracia precursora. Juan Guas procedía de lo que hoy es Francia, posiblemente de las llanuras nórdicas junto a los Países Bajos, probablemente de las rocosas costas de la Bretaña de Brest. En esos lugares nacieron sus padres. Pero él muy probablemente nació ya en España. Era español. Era castellano hijo de inmigrantes, un aporte crucial a la enseña española. De ese personaje ha traído Miguel Sobrino muchas noticias, unas ya conocidas, otras novedosas. En todo caso, un momento el del pasado martes día 13 d enero que se nos quedará grabado por siempre.

Al Palacio del Infantado, que es la primera construcción que Guas hace en Guadalajara, le encuentra Sobrino algunas expresiones no consideradas hasta ahora: por ejemplo su calidad de primer palacio señorial moderno, “con adornos”, destinado a impresionar, a impactar en la visión, más que a defender riquezas o privilegios. Esa galería alta de ventanales sobre la línea de los mocárabes es lo que entonces se llamó “un andamio” en el que las gentes del linaje mendocino se asomaban en días de fiesta, para mirar al pueblo concentrado en la plaza delantera, y para ser visto por ese pueblo. Otro detalle que Guas aporta, y que es ya netamente renacentista, es el poderío del ángulo noroeste de la fachada. En vez de ofrecer un “compás de recodo” como muchos edificios, especialmente religiosos (monasterios de Huerta, de la Vid, de San Esteban de Salamanca luego) ofrecían amparo al viajero, recibiéndole entre la puerta y la torre, este de los Mendoza forma como una lanza ante el espectador, dando la visión de potencia en la claveteada fachada y de generosidad en la galería del sur. En esos días, hace lo mismo Lorenzo Vázquez en Cogolludo, o poco después en la Casa de las Conchas salmantina. Insistió, y todos recibimos la insistencia como prueba de veracidad, en ese sentido de poder, de fama, de gloria asignada, al palacio. Cosa que repetirá en otros lugares donde los comitentes se lo pidan (El castillo de Manzanares, la Hospedería de Guadalupe, el monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo…)

Muchos otros detalles reveló Sobrino sobre Guas, todos inéditos, que gustaron e hicieron reflexionar… Destacó las ideas que Vasari pone en su libro de la arquitectura, recogiendo y novedando las que en su día el clásico Vitruvio desarrolló para hacer de la arquitectura un ejercicio humano y humanista: nos mostró donde está la ichonografía (los planos) del palacio, su ortografía (los alzados) y aun la escenografía, que algo ha cambiado desde sus inicios, pero que sigue aportando revelaciones: o sea, andar delante y detrás del edificio, meterse dentro, subir sus escaleras, asomarse a sus ventanas. Del romano recuperó los caracteres clásicos: la firmitas (la firmeza y buena hechura), la utilitas (el uso y el gusto) y la venustas (la belleza de su visión, la ataraxia que ofrece su imagen justa).

Datos inéditos como el hallazgo (hecho por él mismo, recientemente) de que en la vieja puerta principal de la catedral de Ávila quedaban ocultas por reformas posteriores los esenciales ornamentos ideados por Guas. O en Belmonte, cuyo castillo se le atribuye, con detalles que aún se ven y otros solo se olfatean, Sobrino nos dictó la idea de que bajo los pilares feísimos de ladrillo que Mélida construyó para dar solemnidad a la vivienda que quiso ocupar la emperatriz Eugenia de Montijo, permanecen muy probablemente las finas columnas de piedra –y sus capiteles– que Guas trazó para el entorno. Algún día saldrán a la luz…

Incluso en el trascoro de la catedral de Ávila, vino a mostrarnos algo inédito, y es que un espacio añadido en donde se colocaron piezas sueltas procedentes de una escuela arquitectónica medieval, se ofrecía entre otros un tondo de yeso en el que un monje muestra a un pagano, y que es el estudio previo hecho por Guas para luego usarlo, ya tallado en piedra, en el sepulcro del caballero Valderrábanos que por allí rezonga todavía.

Al final de todo, Sobrino se alargó con una idea, y una propuesta. La idea fue la de reconstruir los artesonados que tenía el palacio y que fueron destruidos en la acción bélica del 6 de diciembre de 1936. De una forma virtual, –pudiera: ya fue iniciado el procedimiento por el arquitecto Antonio Trallero)– o de una forma física, real, con talleres que durante mucho tiempo servirían al mismo tiempo para enseñar a las gentes –alcarreñas y foráneas– los procedimientos artesanos de montar tales glorias artísticas.

Y la propuesta, que no es nueva, pero que hay que traer recurrencialmente en nuestra casa siempre que se trate del palacio del Infantado, la de apretar para que sea declarado Patrimonio de la Humanidad. Cualidades las tiene, porque según volvió a considerar, ese palacio de los Mendoza en la colación de Santiago de Guadalajara, fue, en su momento, el más extraordinario palacio español. Y ese principio debería ser reconocido, máxime cuando aún queda de él la vera estampa y el aprecio seguro.

FUENTE:https://www.herreracasado.com/2026/02/27/recuerdo-y-miscelanea-de-juan-guas-en-guadalajara/?fbclid=IwY2xjawQPtrhleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBaR0lBS0RWclRSZUdpOVlMc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHkuy4ITC5ubO3ZVtjAZu-ek_GfEjAOHKAzm1_LGrRVYyPJtBtW4pvDvzw1_w_aem_QK9YpfSSyJ_4LXTG3M5eRQ

 

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