POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).

“ROMEO Y JULIETA” (de Charles Gounod, basada en la tragedia de William Shakespeare) en la LXXVII Temporada de Ópera de Oviedo =
La segunda entrega de las cinco propuestas para la Temporada 2025-2026 de la Ópera de Oviedo nos presentó la ópera de Charles Gounod “Romeo y Julieta” según el libreto de Jules Barbier y Michel Carré, basado en la tragedia escrita en 1596 por el más célebre genio de la historia de la literatura inglesa, William Shakespeare.
Ópera en un prólogo y cinco actos -con una duración de casi tres horas- y coproducción con la ópera de Bilbao.
Una representación en vivo que tiene la capacidad de captar los sentidos, ahí donde la conciencia da paso abiertamente a la importancia de las cosas sencillas y donde el amor triunfa sobre la enemistad y el odio.
Por todos es conocida la historia de Romeo y Julieta, ambientada en Verona, donde dos jóvenes -a pesar de la oposición de sus familias respectivas, rivales entre sí- deciden casarse de forma ilegal y vivir juntos; sin embargo, la presión de esa rivalidad y una serie de fatalidades conducen a que la pareja elija el suicidio antes que vivir separados.
La consecuencia directa de la muerte de ambos es que provocará la reconciliación de las dos familias.
De la mano de Oviedo Filarmonía y del Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo), con la formidable y arrolladora soprano venezolana Génesis Moreno -en el papel de Julieta- y el tenor jerezano Ismael Jordi como Romeo -con todos los demás personajes de la trama dramática- el segundo título de la temporada introduce algunas licencias de los libretistas que no alteran el ritmo escrito por el gran Shakespeare, pero que hacen pensar al espectador sobre el porqué de esas modificaciones.
Hace veintitrés años (enero de 2002) escuchamos en el mismo escenario del Campoamor a la soprano guipuzcoana Ainhoa Arteta en el papel de Julieta, con el tenor mexicano Roberto Villazón -como Romeo- en una interpretación diferente a la vista esta semana, ni mejor ni peor, diferente por la tesitura vocal de los intérpretes.
Por cierto que el decorado que recuerdo de aquella apuesta escénica fue de lo más pobre visto en mucho tiempo, puesto que el decorado servía lo mismo para la residencia de los Capuleto, que para el convento de Fray Lorenzo, lo mismo para las nupcias de Julieta y Pâris que para el desenlace final en la cripta sepulcral; apenas bajaban de lo alto unas columnas o una cortina cambiaba de lugar.
El libreto da pie para una escenografía generosamente romántica en la italiana ciudad de Verona del siglo XIV, pero tampoco ha sido nada del otro mundo en este apartado el “Roméo et Juliette” de esta temporada.
Minimalismo, sobriedad, contención y sencillez, dejando como protagonista a un enorme prisma central que sirve para todo.
Ahora suele acudirse a las socorridas proyecciones de fondo, y en este caso concreto los juegos de elementos decorativos proyectados animaron la propuesta escénica.
A buen seguro que muy pronto -con la llamada inteligencia artificial- las representaciones de todo tipo entrarán en una nueva dimensión y no llegaremos a saber si lo que vemos en escena es real o es una impresión óptica. Promete -y mucho- la IA.
Aplaudimos en esta producción el vestuario de los defensores de los Capuleto y de sus enemigos los Montesco, seguro que en la época shakesperiana sería similar.
Con un atrezzo y decorados minimalistas, al Coro Titular de la Ópera de Oviedo le fue fácil dar vida e impulsar la función desde el propio escenario. Magníficos y omnipresentes el casi medio centenar de componentes del coro.
Acertada estuvo la iluminación que -por cierto- no existía en tiempos de Shakespeare (a caballo entre los siglos XVI y XVII), cuando las representaciones comenzaban al aire libre sobre las 2 o las 3 de la tarde y su programación debía concluir antes de anochecer, porque ya no se vería el escenario… y a la luz eléctrica aún le aguardaban tres siglos más para ser una realidad.
La música de Antonio Vivaldi nos aguarda ya en la isla de la sacerdotisa Alcina para poner en escena el próximo noviembre la ópera “Orlando Furioso”, cuando están a punto de cumplirse trescientos años de su estreno en Venecia.
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