POR ANTONIO BRAVO NIETO, CRONISTA OFICIAL DE MELILLA
Arte e ingeniería: la presa de Salime.
Entre 1946 y 1953 los arquitectos Joaquín Vaquero Palacios y Joaquín Vaquero Turcios colaboraron con el ingeniero Enrique Becerril y Antón Miralles, en la realización de la presa de Salime, en el occidente asturiano. La participación de estos arquitectos permitió dotar a un elemento tan industrial como una presa hidráulica, que habitualmente carece de referencias de diseño o expresión artística, con aportaciones realmente destacables.
La fachada con relieves monumentales en piedra artificial que representan el proceso de producción de electricidad, o el gran mural interior en la sala de turbinas de 60 metros de largo que narra la construcción de la presa desde sus inicios hasta su finalización, plagado por cierto de referencias que denotan una gran preocupación social por parte de su autor. Otros elementos menos conocidos, pero no por ello menores, revisten asimismo un gran interés como expresión artística y aportaciones arquitectónicas y de diseño, como es el caso de las escaleras en hormigón con un pasamanos metálico continuo, que comunican varios niveles del interior de las instalaciones, y el curioso espacio de reunión llamado el sofá-turbina, que denota una fuerte influencia art déco en su diseño.
En suma, una oportunidad de integrar lo industrial con lo artístico, y un lugar, sin duda, por redescubrir.
