POR DOMINGO QUIJADA GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES)
… “O llena los charcos”; o también…”hincha los charcos”; o «un San Marcos sin llover, ni lo has visto ni lo has de ver«… (aunque este último adagio no siempre se cumple pues, a pesar de que sea lo habitual, de acuerdo con mi base de datos de los últimos 38 años en cinco ocasiones –1980, 1982, 1990, 1992 y 2002– los chubascos no hicieron acto de presencia en Navalmoral en torno al 25 de abril, festividad del santo evangelista.
Y así un largo etcétera porque, la verdad sea dicha, es habitual que las necesarias precipitaciones por estas fechas hagan acto de presencia para alegría de la mayor parte de los humanos (si exceptuamos a los de Talayuela y sus alrededores, claro está, pero por el contexto festivo, pues a menudo la lluvia desluce sus actos lúdicos, incluyendo los taurinos…).
Y, como también decía, es muy conveniente que llueva por estas fechas. Siempre que lo haga con un requisito: que no haya exageraciones (como sucedió en los años 1987, 1988, 2000 y 2008; casos todos con cantidades que superaron los 100 litros por metro cuadrado, lo que perjudicó notablemente a tabaqueros, cereceros y un extenso elenco de empresarios agrarios o de otras ramas.
Sin embargo, en las demás circunstancias, nos beneficiamos casi todos: sin olvidarnos de los alérgicos, que aprecian una apreciable mejoría al depositarse la gran cantidad de pólenes que a estas alturas del año ya saturan la atmósfera (aunque la mejoría sólo es transitoria, porque tras las lluvias abrileñas surge un rebrote de la floración y polinización…).
Pero, tras este empeoramiento tradicional que un año más se ha cumplido (y con la nada despreciable cifra de 31 litros por metro cuadrado entre el sábado y el domingo), se alejará la borrasca y volverá el cielo a despojarse gradualmente de nubes, a la vez que las temperaturas ascenderán de nuevo. Y dentro de una semana cambiaremos de mes. Y, aunque hay otro refrán que asevera que «Mayo arreglado, ni frío ni acalorado; ni muy seco ni muy mojado» (de ese modo debería comportarse para que la primavera evolucione acorde con las exigencias vitales y económicas), ya hemos presagiado en otros capítulos anteriores que esta primavera tiene muchas posibilidades de ser templada y seca, pero también con cambios puntuales. Hasta ahora así se está comportando (por ejemplo, al margen de las insuficientes precipitaciones caídas, las temperaturas de este mes son más mayeras que abrileñas…), y nos tememos que continuará con parámetros similares porque los principales centros de acción meteorológicos se ubican en situación propicia para que así suceda. Habrás tormentas –es evidente–, con sus impredecibles chubascos y transitorios descensos térmicos (no olviden lo de “hasta el 40 de mayo”…). Pero el buen tiempo en general será nuestro compañero de camino en las jornadas venideras. De tal modo que estamos comprobando cómo se reitera la anómala primavera del año pasado.
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