SE CUMPLEN 120 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL SIRIO, EL MAYOR DESASTRE NAVAL DEL MEDITERRÁNEO ESPAÑOL
Ago 12 2026

POR LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁN CRONISTA OFICIAL DE CARTAGENA (MURCIA).

                                         

El 4 de agosto de 1906, el transatlántico italiano Sirio se hundió frente a las costas de Cabo de Palos (Cartagena), en uno de los mayores desastres navales del Mediterráneo. Fue una tragedia tan significativa que, según recuerda el cronista oficial de Cartagena, Luis Miguel Pérez Adán, puso el naufragio en el centro de la atención internacional y cambió para siempre la normativa de seguridad marítima. El suceso se mantiene vivo, 120 años después, en la memoria colectiva local, entre el heroísmo popular y las zonas de sombra que todavía lo rodean.

Un viaje hacia América que terminó en tragedia
El Sirio pertenecía a la naviera italiana Navigazione Generale Italiana (NGI) y cubría la ruta entre Génova y Sudamérica, con destino final en Brasil, Uruguay y Argentina, bajo el mando del capitán Giuseppe Piccone. Era un buque moderno, remozado meses antes del naufragio, con camarotes de lujo para los pasajeros de primera clase, aunque también transportaba a cientos de emigrantes hacinados en la tercera.

Pérez Adán recuerda que, en la época, existían redes que hoy calificaríamos de tráfico de personas y que embarcaban a emigrantes en las bodegas al margen de las listas oficiales. El Sirio zarpó de Génova con escalas previstas en Barcelona y Cádiz, pero realizaba aproximaciones ilegales a la costa (con la presunta complicidad de la tripulación y de la propia naviera) para recoger a estos pasajeros clandestinos.

El naufragio en el Bajo de Fuera
Esa esperanza se truncó sobre las cuatro de la tarde. Según el cronista, el buque se dirigía hacia la costa de Águilas para recoger a más emigrantes clandestinos cuando, por un error humano de navegación en una zona de aguas peligrosas que los marineros conocían como «mar sucio», embarrancó en el Bajo de Fuera, una montaña submarina de las Islas Hormigas que apenas queda a unos metros bajo la superficie. El choque abrió una vía de agua que partió el casco, de forma que la popa se hundió en cuestión de minutos mientras la proa quedó elevada sobre el mar como único testimonio visible del desastre.

El pánico y una tragedia que cambió la seguridad marítima
En medio del caos, el capitán Piccone no organizó el salvamento, un extremo en el que coincide el cronista oficial con los relatos de la época, lo que desató el pánico entre los pasajeros y una lucha desesperada por los escasos chalecos salvavidas disponibles, ya que el varamiento impidió arriar buena parte de los botes.

El impacto del naufragio trascendió a la propia tragedia. Recuerda Pérez Adán que aquel suceso contribuyó a cambiar la normativa de navegación de la época, estableciendo, entre otras medidas, la obligatoriedad de un chaleco salvavidas por pasajero.

Pasajeros ilustres, saqueos y tragedias personales
Entre los pasajeros viajaban personajes de gran relevancia, como obispos que regresaban de visitar al papa, el embajador del Imperio Austrohúngaro y artistas como la tiple Loreto Llanés o el maestro Hermoso, que transportaban joyas y objetos de valor guardados en la caja fuerte del buque. La caja fue recuperada del fondo del mar tiempo después. Apareció cerrada, pero vacía en su interior, lo que apunta a que alguien conocía la combinación y tuvo tiempo de vaciarla, un episodio que el cronista relaciona con la negligente actuación de parte de la tripulación durante el rescate.

«Cada pasajero representa una historia de tragedia personal», resume Pérez Adán, que recuerda el caso de la familia italiana Serafini, de la que viajaban diez miembros y de la que solo sobrevivieron el padre y un hijo. El cronista señala además que la aseguradora Lloyd’s llegó a emitir un informe para eludir el pago de indemnizaciones, en el que atribuía las muertes a la negligencia de los propios pasajeros por abandonar el barco por su cuenta.

La respuesta heroica de los pescadores
La reacción de la costa fue inmediata. Decenas de pescadores de Cabo de Palos, entre ellos Vicente Buigues, patrón de la barca Joven Miguel, se lanzaron al mar en sus pequeñas embarcaciones para rescatar a los náufragos, en una operación que se convirtió en símbolo de solidaridad popular. Junto a ellos, el farero de la Hormiga, José Acosta Morales, y su ayudante auxiliaron a más de un centenar de supervivientes que lograron llegar a nado hasta el islote del faro, un gesto que el paso del tiempo no ha borrado de la memoria local.

Un misterio que nunca se resolvió del todo
Más de un siglo después, todavía no existe una explicación definitiva sobre lo ocurrido, más allá del error de navegación que apunta el cronista oficial. Tampoco se conoce con exactitud cuántas personas murieron aquel día. Las cifras oficiales hablaron de en torno a 240 fallecidos, aunque otras estimaciones elevan la cifra a cerca de 300.

El archivo municipal de Cartagena conserva el listado oficial de los pasajeros de primera, segunda y tercera clase, pero se desconoce cuántos emigrantes ilegales viajaban ocultos en las bodegas. A ello se suma que, tras el naufragio, muchos supervivientes huyeron sin registrarse (algunos, para evitar el servicio militar obligatorio en España), por lo que el número real de víctimas nunca podrá conocerse con certeza.

FUENTE:https://www.ondacero.es/emisoras/murcia/murcia/noticias/cumplen-120-anos-hundimiento-sirio-mayor-desastre-naval-mediterraneo-espanol_202608116a7b2d1071b42a0b5de9b34d.html

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