POR JOSÉ LUÍS CABO SARIEGO, CRONISTA OFICIAL DE RIOSA (ASTURIAS)
Territorio de Riosa . La Sierra L´Aramo, intensamente fracturada y constituida en gran parte por materiales calizos, alberga un conjunto diverso de cavidades cuyo origen responde a procesos geológicos distintos y, en algunos casos, también a la intervención humana. El subsuelo del macizo no puede explicarse desde una única dinámica, sino como resultado de la superposición de fenómenos kársticos, periglaciares o producto de la intervención humana a lo largo de milenios -como en el caso de minas prehistóricas de Texeo.
Desde el punto de vista geomorfológico, el Puerto L´Aramo presenta cuevas y simas de origen kárstico, formadas por la disolución química de la caliza a través de fracturas y diaclasas. El agua de lluvia, se infiltra en el macizo, ampliando progresivamente conductos subterráneos y generando cavidades que, en muchos casos, fueron antiguos cauces de circulación hídrica.
En la terminología tradicional de los vaqueros del Aramo, muchas de estas simas reciben el nombre de gavias. El término no alude a una depresión superficial ni a una zona húmeda de pasto, sino a un pozo natural, generalmente profundo, de entrada irregular y a menudo estrecha, que puede pasar desapercibido hasta encontrarse prácticamente sobre él. Son cavidades verticales, abiertas en la roca viva, consideradas peligrosas para el ganado y para las personas. La experiencia de arrojar una piedra y escuchar cómo el sonido se pierde en la oscuridad -sin percibir fondo inmediato- ha quedado asociada en la memoria popular a estas aberturas, algunas de las cuales llegaron a recibir nombres tan expresivos como “Pozo Sin Suilu”.
Junto a las cavidades naturales de disolución, el Aramo conserva también cavidades de origen antrópico -intervención humana-, como las explotaciones mineras prehistóricas de Texeo. Aunque desarrolladas aprovechando fracturas naturales del terreno en su inicio, su morfología responde a técnicas extractivas humanas ya desde el Calcolítico tardío y no a procesos kársticos.
Por último, en la vertiente oriental del macizo se identifican cuevas de coluvión, generadas por procesos gravitacionales y periglaciares. La gelifracción en las zonas de crestería produjo desprendimientos de piedras que se desplazaron ladera abajo y se acumularon en forma de «lleras» -canchales – al pie de las pendientes. Posteriormente, la cementación carbonatada consolidó estos depósitos, dando lugar a grandes bloques entre los cuales se abren espacios cavernosos de morfología muy distinta a la de las cavidades excavadas en roca maciza.
De este modo, el mundo subterráneo del Aramo constituye un paisaje complejo donde la disolución kárstica, la dinámica periglaciar y la acción humana han dejado huellas complementarias, configurando un territorio en el que geología e historia se entrelazan.
FUENTE: J.L.C.S. https://www.facebook.com/Riosaactiva/posts/pfbid08rNfPA9kspZK8LiaK7sybHL32w5sdNjcHYgPT1c7y8g3RwiDnL685FeQrwTUYiq5l
