POR SILVESTRE DE LA CALLE GARCÍA, CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE GUIJO DE SANTA BÁRBARA (CÁCERES)
El ganado vacuno de aptitud cárnica es uno de los pilares fundamentales de la economía de Guijo de Santa Bárbara, localidad cacereña surgida como un asentamiento temporal de pastores trashumantes que llegaban a las montañas del noreste cacereño con sus ganados durante el verano para regresar en invierno a las dehesas de zonas bajas.
Durante siglos, los guijeños vivieron dedicados mayoritariamente al pastoreo de ganado caprino pero la dureza del oficio de cabrero y el fomento de la cría de ganado vacuno con la entrada de España en la actual Unión Europea, hizo que poco a poco, el vacuno de carne, de cuya crianza en Guijo de Santa Bárbara hay constancia a principios del siglo XIX, se convirtiese poco a poco en el ganado dominante.
Actualmente son varias las familias dedicadas a la explotación de ganado vacuno de aptitud cárnica destacando la presencia de varios vaqueros menores de 30 años. El ganado sigue un régimen de explotación extensivo trashumante, pasando el verano y el otoño en la sierra del municipio y el invierno en las dehesas de zonas bajas de la comarca de La Vera y el Campo Arañuelo principalmente si bien algunas ganaderías pastan durante este periodo en municipios más alejados como Jaraicejo. Se trata de una trashumancia corta que técnicamente recibe el nombre de trasterminancia, ya que el ganado no abandona la provincia de Cáceres y recorre distancias inferiores a los 100 km.
A finales del otoño pero sobre todo en las primeras semanas del invierno, los ganaderos guijeños emprenden la marcha con sus vacas hacia las zonas más bajas ya que los altos pastizales de la sierra guijeña se cubren de nieve o no crecen debido al frío. Tradicionalmente, muchos ganaderos mantenían a sus vacas en prados particulares y en corrales durante el invierno, alimentándolas con el heno segado durante el verano y almacenado en los desvanes de los corrales o en ameales o almiares realizados en los propios prados.
Cuando el heno se agotaba hacia finales de febrero o principios de marzo, los vaqueros emprendían la marcha hacia las dehesas. Sin embargo, el incremento del número medio de cabezas por explotación, dificulta esta práctica por lo que la mayor parte de las vacas son llevadas a las dehesas donde el clima más benigno permite el crecimiento del pasto y donde permanecerán hasta comienzos del verano, acudiendo los vaqueros periódicamente para vigilar el estado del ganado y complementar su alimentación en caso de que fuese necesario.
Estos días, las calles de Guijo de Santa Bárbara se llenan con el sonido de los cencerros y los mugidos de las vacas que cruzan la localidad camino de las dehesas, constituyendo todo un espectáculo para vecinos y visitantes.
FUENTE: S.D.L C-