UN CORDÓN UMBILICAL EN LA HISTORIA DE VALDEPIÉLAGOS.
POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).
Yo una vez conocí un túnel que formaban los olmos aún vivos. Nada más atravesar el cruce de la carretera de Torrelaguna a Guadalajara, viniendo desde Talamanca, te metías en una galería de ramas abrazadas, verdes en primavera, que desembocaba casi en el pueblo.
Era impresionante el camino según te acercabas a Valdepiélagos.
Un camino que unía nuestra villa rayana con Guadalajara, con Talamanca primero y leguas después con Madrid.
Era una ruta que habían surcado mis bisabuelos y abuelos para llevar el trigo al molino. La ruta de salida de los quintos que no se habían distanciado nunca del pueblo y eran llamados a filas. Un sendero de muchas vidas que se perdieron muy lejos. Unos marcharon a guerras inventadas por otros. Algunas y algunos para servir a Madrid o buscar un trabajo que no fuera sembrar y cultivar la tierra. Por ese camino circularon aquellas maletas con lo justo para empezar nuevas vidas. Y algunos no volvieron quedándose en territorios lejanos en el norte de África o en las Filipinas. Ese camino fue el de ida de embarazadas en el último tercio del siglo XX para volver con sus retoños una vez nacían en hospitales como La Paz, porque las matronas se habían hecho muy mayores. Ese calzada se recorría cuando la enfermedad apremiaba. Y también era utilizada por mozas y mozos que buscaban festejos en Talamanca y otros pueblos.
Por ese mismo camino llegaban las noticias tumultuosas que obligaban a las gentes a tomar partido en guerras. Por ahí llegaban los unos y los otros alterando la paz de los vecinos. Esa vía sirvió para que vinieran gentes en carromatos para vender baratijas. Y por ahí vinieron los nuevos inventos que revolucionaron al pueblo, la primera radio, el primer tractor. Seguro que por ese camino también llegaron las enfermedades que sacudieron a los valdepielagueños.
Cuando yo conocí ese cordón umbilical el coche de línea todavía arrancaba con el techo las verdes ramas que los olmos no eran capaces de levantar a los cielos.
Cuántos pensamientos, sueños, esperanzas, dilemas, terror a lo desconocido, miedos en las idas, alegrías en los regresos de aquellas gentes que habían viajado muy lejos y nunca pensaron regresar, conoció ese camino que se hizo en algún momento carretera.
Un día las plagas se cebaron con ese túnel verde que dejó de serlo por culpa de la grafiosis que aniquiló los olmos dejando troncos muertos entre alguna morera.
Entre 1901 y 1936 existió un periódico económico con una gran actividad principalmente en los años 30, «El Financiero».
Cubrió la parte final de la dictadura de Primo de Rivera y gran parte de la Segunda República.
En el año 1929, el año del desplome financiero de Wall Street dando paso a una gran depresión a nivel mundial. El año que algunos que podían ver cine descubrieron «Un perro andaluz» de Luis Buñuel. El Financiero, en su número 773, de fecha 26 de abril de 1929 publicaba una noticia donde se menciona a Valdepiélagos.
Anuncia que el 11 de mayo de ese año, la Diputación Provincial de Madrid, subastaba las obras de nueva construcción del camino vecinal del provincial de Talamanca a Valdepiélagos hasta el límite de la provincia de Madrid con Guadalajara. Informando que servirán de tipo para la subasta los precios fijados en el presupuesto, cuyo importe fue de 111.632,03 pesetas.
Al menos conocemos que en esa fecha, la vena y arteria al mismo tiempo de la que hablaba al principio, tuvo un lavado de cara que la disfrutaron en Valdepiélagos.
