POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA).
Tengo que reconocer que no termino de sorprenderme en el día a día, cuando van surgiendo algunos temas que sacan a flor de piel cosas de mi ciudad y a veces de mí infancia, temas que no por conocidos me dejan de admirar un poco más cada día.
Cuando apenas tenía 7 años, mi familia fue a vivir a la casa de mis abuelos paternos. Yo nací muy cerca de «las cuestas» del Arevalillo, en la calle Figones, y pasé a vivir sobre «las cuestas» del Adaja en un Arévalo estrecho y largo, junto al mirador…Acababan de nombrarla calle de San Ignacio de Loyola con motivo de centenario de la muerte de San Ignacio.
El tema de este gran personaje que vivió en la entonces villa once años de su juventud, y estaba ahí latente. Y cada celebración o aniversario interesante surgía de nuevo con cierta timidez, pero estaba ahí, como aletargado, con el sambenito de la frase de algunos, «hasta los 26 años de su edad se dedicó a las vanidades del mundo…».
En realidad, la población poco más conocía de aquella estancia y de que Arévalo era uno de los lugares ignacianos, pero no demasiado.
Con las últimas celebraciones no hace mucho, ya siendo Cronista y como colaborador del Diario de Ávila, me publicaron una serie de artículos que gustaron bastante y porque algunos cronistas compañeros y amigos me animaron a hacer libro de esos artículos que tenían, caro está, la época juvenil de Íñigo que pasó en esta entonces villa.
Volvió a gustar y de ello recibí numerosas enhorabuenas. Ya está agotado, pero queda en el recuerdo como testimonio de una época de un gran personaje universal que en la villa de Arévalo recibió educación cortesana «para hacer burocracia…». Y qué estancia tan productiva al final truncada por los hechos de la historia.
Al hilo de este tema, no hace mucho fui invitado a participar en el Foro El Rosarillo de Valladolid, precisamente para hablar de este momento de la historia de mi ciudad, tan apasionante como ignorado, y de ese joven guipuzcoano.
Tenía un grato recuerdo de otro espacio vallisoletano de este mismo entorno cultural, el precioso salón de San Felipe Neri, donde presenté mi libro de la Virgen de las Angustias, en una entrevista preciosa que me realizó José Luis Rubio Willen, de la Comisión Isabel y responsable también de estos espacios culturales, ambos bastante cercanos, que para mí han sido un foro privilegiado para dos de mis publicaciones.
Este Foro Rosarillo está en la antigua iglesia de la Virgen del Rosario, en el corazón de Valladolid, ha sido recientemente recuperada y restaurada y es un precioso espacio para la disertación. Me presentó el periodista Javier Solana, y fue un gratísimo encuentro con muchos amigos, algunos viejos como Miguel o José Carlos, y otros nuevos como Jorge Tua, o los amigos de Las Angustias, Alex y José Pazos, o Pablo y Alberto, o los amigos del círculo de Isabel y otros… y un buen número de asistentes que realmente me hicieron sentir muy arropado y muy a gusto.
Un tema que gustó y aún sorprendió, porque esta época juvenil de San Ignacio de Loyola es muy desconocida y aún en algunos círculos muy ignorada, porque entonces un joven, guapo y con buena posición social no era propio de la santidad, y menos de esta figura universal, no querían empañar su biografía e hicieron sólo hagiografía.
Tengo que reconocer que, como Cronista, cuanto más me acerco a esta figura universal y su desconocida juventud, más me enamoro del personaje y de aquella villa que le acogió, mi ciudad, que sigo descubriendo en cada momento.