POR MANUEL GONZÁLEZ RAMÍREZ, CRONISTA DE ZACATECAS (MÉXICO)
Se pueden conseguir en la Panadería «La Tía» y se encuentra en el Barrio Mágico de Mexicapan, donde comienza la calle Rafael Moreno Valle, al norte del centro histórico de la ciudad de Zacatecas. Por las mañanas se consigue ahí el pan calientito, recién salido del horno, al igual que unas donas esponjocitas y con sabor a tradición.
Cuando uno pasa por ahí, se siente atraído por «el santo olor de la panadería»… por cierto, ésta es una frase poética que evoca un sentimiento nostálgico y placentero asociado con el aroma del pan recién hecho, especialmente en el contexto de la patria. Se relaciona con la obra La suave Patria de Ramón López Velarde, donde este olor se personifica y se convierte en un símbolo de la tierra natal, de la infancia y de lo cotidiano elevado a lo sagrado.
La expresión «santo olor» implica que este aroma no es solo un olor agradable, sino algo casi sagrado, que trae consigo recuerdos y emociones positivas. La personificación del olor como «santo» le otorga una cualidad casi mística, elevándolo a un símbolo de la identidad y la tradición.
En la obra de López Velarde, este olor se entrelaza con la imagen de la patria, sugiriendo que la esencia de un lugar puede percibirse a través de sus aromas más característicos, como el del pan recién horneado, que evoca la vida sencilla y los lazos comunitarios. La frase también puede interpretarse como una invitación a apreciar los pequeños placeres de la vida y a valorar los momentos cotidianos que construyen nuestra memoria. Buen provecho…
