VERSOS, COPLILLAS Y REFRANES DEL PUEBLO. EL FOLCLORE COMO PATRIMONIO
POR JOSE LUIS ARAGÓN PANES, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)
Recuerdo con nitidez una tarde de primavera en la Universidad de Sevilla cuando conocí, de voz y texto de uno de mis profesores, la importante labor y estudio científico sobre el folclore andaluz realizada por Antonio Machado y Álvarez, Demófilo. Era padre del poeta Antonio Machado Ruiz e hijo de Antonio Machado y Núñez, catedrático de la universidad sevillana que impartió docencia desde la misma tarima en la que nos hablaba nuestro profesor.
Demófilo fue pionero en la recopilación de coplas, refranes y dichos andaluces, «el saber del pueblo» o «folk lore» como lo denominó (1846) W. J. Thoms. Un término íntimamente unido al de Cultura por lo que podemos considerarlo o asimilarlo a la propia definición (1871) que le dio el antropólogo E. B. Taylor, y entender el folclore como un conjunto de tradiciones, creencias populares, costumbres, música, leyendas y expresiones que emanan de un grupo social o etnia de forma no académica.
El folclore, se transmite de generación en generación; es dinámico, se desarrolla y evoluciona como la propia sociedad en la que vive y propicia cambios socioculturales. Así ha sido a lo largo de la historia. Durante el tardofranquismo, se inició un movimiento de resistencia frente al folclore oficial; por un lado los cantautores y, por otro, nuestra Lola Flores y las demás artistas y tonadilleras creadoras del «pop folclórico» que injustamente fueron, de manera peyorativa, estigmatizadas de vulgaridad. Nada más lejos de la realidad es el folclore, que también lo de Lola y su arte fueron universales, como el nacionalismo andaluz.
De nuestro entorno más próximo, hemos rescatado algunos ejemplos. Todos ellos nacidos de ese pueblo llano –antaño cuasi analfabeto, salvo algunos pocos– y transmitida sencillamente por la voz, literatura oral de los pueblos en la que se reflejan sus emociones y sentimientos; sus modos de vida y su sabiduría, desde la vertiente más popular religiosa a la más profana; de lo sagrado a lo más humano: una saeta anónima, un cuplé de carnaval sin autor, un soneto sin nombre… versos nacidos de poetas sin pretensiones de gloria ni pedestal. Ellos son ejemplos de la cultura popular de Chiclana en diferentes ámbitos de las artes.
Chiclana ahora y también en su acrisolado pasado, ha sido objeto de esas coplillas, dichos y refranes populares. Desde una fina y sencilla letrilla dedicada a nuestros vinos: «Yo soy el vino corriente / soy la bebida más sana / yo vivo sin componente / soy natural de Chiclana…», a un refrán.
Al hablar de refranes, nos encontramos con un refranero sinfín de una gran y variada temática del saber popular de toda España; sin distinción de regiones, porque son universales, aunque se les llamen castellanos. Solo si nos atenemos a la temática del vino, un dicho muy conocido en nuestra ciudad es aquel que, ante una difícil, ardua o larga tarea se suele decir, para animarse a sí mismo o a los demás: «Manta a manta, la viña no es tanta».
Otro de los dichos sobre el vino es aquel que hace referencia a la ocupación francesa en nuestra ciudad. «Ya pagará el francés el vino que se bebió». Aunque tenemos que decir que este dicho lo hemos escuchado también en Montilla. Tanto en Chiclana como en la ciudad cordobesa, el francés no llegó a pagar ni un tercio del vino que se bebió, porque la gran mayoría de las bodegas las dejaron secas, sin pagar una peseta.
Algunos poetas populares tuvieron la oportunidad de ver sus poemas en los periódicos. Un ejemplo es el de un anónimo y modesto autor, «un aficionado a las buenas letras», decía el periódico «El Español», donde se reproducía un soneto escrito en honor a una joven actriz que vino al teatro de Chiclana, allá por el verano de 1846: «Salud al genio que tan rico así atesora / de la actriz bella inspirada mente; / grande es ya tu gloria, y más luciente / la hará en tu porvenir la fama voladora. / Acoge, pues, *** encantadora, / el puro voto y entusiasmo ardiente, / de todo un pueblo que tu beldad adora. / Los aplausos que en su delirio te prodiga, / ecos son de felices corazones emanados / cual su favor á tus ojos lo atestigua. / Y en Chiclana siempre será ansiado / el día feliz en que, cual hoy, consiga / mirar en ti sus hijos extasiados».
Todo esto viene a colación de que no debemos menospreciar nuestro auténtico folclore y la sabiduría que se halla inmersa en él. Hoy solo hemos expuestos tres ejemplos de una parte de la literatura popular: versos anónimos, coplas o letrillas populares, que forman parte de las crónicas del pueblo llano. Lo escribió otro hijo de Demófilo, Manuel Machado: «Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor».
