POR CELEDONIO PÉREZ SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE SANZOLES (ZAMORA)
Ni en el Día de Castilla y León nos ponemos de acuerdo: la polémica escarba en nuestras vísceras desde siempre. Discrepamos hasta en la fiesta, en la celebración de una identidad que no somos capaces de reconocer. Nos gastamos en enfrentamientos baratos que no conducen más que a aumentar el desasosiego ancestral. Claro que en vez de conmemorar una derrota, la de Villalar de los Comuneros (1521), deberíamos haber ensalzado como fiesta de la comunidad el 7 de junio (ese día de 1494 se firmó el Tratado de Tordesillas en el que Castilla y Portugal se repartieron el mundo) y claro que nos hubiera ido mejor a castellanos y leoneses si en vez de una comunidad estuviéramos encajados en dos, identidad sobra para una y para dos.
Pero las cosas son como son y no como quisiéramos que fuesen. Y lo que pasará hoy es que en esta bendita tierra un año más cada uno hará la fiesta por su cuenta, algunos ni eso, y que si alguien escondido en el limbo pone el oído en pompa y escucha los ecos de este país llamado España, lo que oirá será los que salgan de Cataluña y de su San Jordi, una celebración a la que los catalanes, con mucho empeño desde luego, han conseguido embadurnar de “seny”, romanticismo y cultura ayudados por los medios de comunicación que se han echado en sus brazos, seguramente porque pagan más y mejor.
Aquí si la Junta de Castilla y León pudiera “entoñaría” la fiesta de la comunidad (ya lo ha hecho un poco al envolverla en músicas rampantes de toda laya y condición muy bien retribuidas) al entender que Villalar es cosa de las izquierdas, en vez de aprovechar para ensalzar los valores de una tierra única que, por ejemplo, ha conseguido que el habla utilizado por un grupo muy reducido de pastores, artesanos y labradores antes del siglo X se haya extendido por todo el mundo y lo hablen más de 600 millones de personas en la actualidad.
Porque no hay comunidad autónoma en España mejor perfilada geográficamente que Castilla y León. Ajustada entre montañas muy definidas y extendida en torno al valle de un río tan singular como el Duero (su cuenca está situada entre las tres más importantes del mundo vitivinícola), sus gentes, desde siempre, han hecho España y lo —mucho— que queda de España en el planeta.
Por eso, la fiesta de esta tierra tiene que tener enjundia y condición y no pasar desapercibida en el país (como así va a volver a ocurrir hoy). Esta comunidad autónoma suma prehistoria e historia hasta reventar y una cultura que sustenta el acervo de lo español. Saquemos pecho, en la intimidad y en grupo, y sintámonos orgullosos de haber nacido y vivido aquí, aunque nadie (o casi) se ocupe y escriba de nosotros.
(Artículo publicado en La Opinión-El Correo de Zamora)
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