POR ANTONIO BARRANTES LOZANO, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DE LA SERENA (BADAJOZ)

Es norma habitual que dentro de las prácticas municipales exista un protocolo para distinguir a personas o grupos que por su dedicación, cortesía o filantropía con la comunidad local, el Ayuntamiento en nombre de los ciudadanos, resalte de algún modo ese altruismo. A lo largo del siglo XX, sino es norma cotidiana, sí se han dado honores en este sentido a diversas personas. A unos se les ha otorgado la medalla de Oro de la Ciudad, máximo galardón para los elegidos, a otras se les nombra Hijo Predilecto y a otros, por no ser naturales se les reconoce como Hijo Adoptivo. No entramos a valorar los méritos de aquellos que en algún momento les fueron reconocidos.. A veces fueron coyunturales, otros políticos, estos siempre muy cambiantes, otros por gestas dentro del mundo del deporte o la cultura. Sea como fuere y cuales sean los méritos en su día esgrimidos estos honores son revisables y reversibles como los que hemos vivido recientemente al ponerse en solfa decisiones pasadas.
Hacemos este inciso, porque rastreando el tema que nos ocupa, encuentro que entre el elenco de los galardonados como “Hijo Adoptivo de la Ciudad”, se encuentra el Exmo. Sr. D. Rafael Benjumea y Barín, que fue Ministro de Fomento en tiempos del Gobierno de Primo de Rivera.
El acuerdo fue tomado a propuesta del entonces alcalde, D. Antonio Miguel Romero, en la sesión Plenaria del 15 de junio de 1929. Como mérito para optar a tan notable titulo se esgrime la coletilla, “que la distinción la merece por su decidido empeño y entusiasmo que ha puesto para que del ferrocarril de Talavera de la Reina a Villanueva de la Serena, fuera una realidad…”
Era el citado D. Rafael, un ingeniero reputado que antes de ser llamado al Gobierno, ya poseía el título de “Conde de Guadalhorce” por ser el mentor y ejecutor del pantano de dicho río malagueño y de su pintoresco acceso conocido como “Caminito del Rey” que a él también debemos su construcción.
Para entrar en contexto a nuestro personaje, hay que decir que en la década de los años veinte del pasado siglo en España se vivieron tiempos convulsos, el país estaba envuelto en una interminable guerra en el Norte de África que no aportaba mucho al País sino un creciente número de muertos. Los gobiernos liberales, incapaces, se encontraron sobrepasados por los acontecimientos lo que facilitó que las instituciones se pusieran en manos de los militares. Es esto lo que justifica el advenimiento de la Dictadura del General Primo de Rivera. Era el mes de septiembre de 1923.
Los pueblos, como fiel reflejo de lo que pasaba en Cortes, también vieron afectados su administración con el cambio radical en sus apoltronados ayuntamientos. Villanueva no fue una excepción y pronto se vió envuelta en la nueva dinámica administrativa y económica propiciada por el nuevo régimen.
Es dentro de este contexto cuando en Villanueva se vino a desarrollar un sueño, un sueño que poco faltó para hacerse realidad. Pero el tiempo es mutable y volubles las decisiones políticas, y aunque muchos somos los que vimos avanzar las obras más son los que ahora ven sus huellas con nostalgia. Me refiero a la añorada línea ferroviaria que uniría Villanueva de la Serena con Talavera la Real y causa que nuestro Ayuntamiento de entonces otorgara tan alta distinción a D. Rafael Benjumea.
Este trazado ferroviario estaba contemplado en un ambicioso plan de nuevos ferrocarriles que Fomento propuso al gobierno de Primo de Rivera, a fin articular todo el territorio nacional y ser un ingrediente activo de la decaída economía.
En un Real Decreto de 5 marzo de de 1926, que recoge la Gaceta de Madrid el 6 del mismo mes, y firmado por D. Alfonso, en cuatro artículos se determina: las nuevas líneas de preferente construcción, los procedimientos de licitación, la determinación de la necesidad y compromisos de las instituciones locales y en cuarto término la derogación que lo ya legislado que sea lesivo al presente proyecto.
Quiero resaltar que en artículo primero donde se detallan las líneas preferentes de nueva construcción, la que nos ocupa queda nombrada como de “Talavera de la Reina a empalmar con la de Ciudad Real a Badajoz”. No se cuando se tomó la decisión para que esta nueva línea se acoplara en Villanueva de la Serena, sabemos que desde el primer momento hubo presiones para que fuera en otros puntos e incluso con otros trazados, como así lo atestigua el escrito que eleva al Presidente del Consejo Superior Ferroviario, D. Mario Roso de Luna, con motivo de la aprobación del Estatuto del Nuevo Régimen Ferroviario, del 12 de junio de 1924, en el que solicita como “mayor partícipe en los fosfatos de Logrosán… que es más racional, estratégico y práctico el trazado de Talavera o Toledo, Logrosán, Miajadas y Mérida”. En sentido parecido y por motivos distintos, el entonces alcalde de Almorchón, propone que en su lugar se retome un antiguo proyecto, ya olvidado, que preveía unir Talavera de la Reina con Almorchón”i.
Sean cuales fueran las circunstancias del momento y la impenetrable intrahistoria que rodea a las grandes decisiones, la realidad fue que en el R.D. Número 1901 publicado en la Gaceta de Madrid de 15-11-1927, se inserta la licitación del tramo Talavera de la Reina a Villanueva de la Serena, por un importe de 9.339.730,18 pesetas. Presto anduvieron nuestros ediles en abrazar el proyecto y ofrecer los terrenos necesarios por donde discurriría el trazado, condición necesaria para su concesión, según el Art. 3 del referido R.D. de 5 de marzo de 1926.
Para hacer frente a las indemnizaciones a los propietarios afectados se vendieron 36 fanegas de tierra de la finca municipal del “Baldío” o “Montepozuelo”, procedimiento que se cerró por un valor de 58.540 pesetas a finales de 1929. Las vicisitudes históricas que se sucedieron después no favorecieron precisamente el desarrollo del proyecto, pero permaneció durmiente en la esperanza de la gente.
En 1948ii, el Sr Alcalde de Villanueva, D. Juan Antonio Hurtado Cobos de su visita al Sr. Gobernador Civil nos dice que la petición de reanudar las obras fue muy bien acogida comprometiéndose a implicar en la propuesta a los Procuradores en Cortes y al Gobernador Civil de la provincia de Cáceres. No fue hasta el año de 1952, de la mano de la expansión del Plan Badajoz cuando se le da un fuerte impulso. En la Ley de 7 de abril de 1952, (BOE del 8-4-52) se contempla en el Plan de Obras el presupuesto para acondicionar el ferrocarril de Zafra a Huelva y terminar el de Talavera de la Reina a Villanueva de la Serena, con un montante de 842.400.000 pesetas, previendo terminar hacia 1965.
En un resumen informativo sobre el Estado del Plan Badajoz, editado por el Instituto Nacional de Industria dependiente de la Presidencia del Gobierno, a finales de 1961, se puede leer al respecto, que para el acortamiento de la distancia a la capital de la nación por el citado ferrocarril- Villanueva Talavera- una de las secciones de este, la de Villanueva a Logrosán, se encuentra en condiciones de prestar servicio.
Nos dice Juan J. Ramos Vicente en su exhaustivo estudio sobre este fallido ferrocarril, que en 1960 ya se disponía del mobiliario de las estaciones y apeaderos: relojes, rótulos, campana, suministro eléctrico… “y cuando se iba a colocar todo, llega una orden ministerial en la que se instaba a abandonar dichas tareas, decidiéndose guardar el material en la estación de Logrosán”iii. Era una ilusión, un sueño del que nos despertó el Decreto del 17 de diciembre de 1964, BOE -29-12-64- en el que se ordena: “No abrir al tráfico el ramal de Villanueva a Logrosán de 55 kilómetros”.
Lo firmaba el Ministro del ramo: Jorge Vigón.
No vamos ahora a valorar la importancia económico-social que un medio como el ferrocarril tiene. Era una oportunidad. Un señuelo de progreso. La Villanueva del momento lo sabía y nuestros mandatarios de entonces no escatimaron esfuerzos, y si tuvieron que mover los hilos a su alcance los movieron y si tuvieron que reconocer la disposición de otros, lo reconocieron, como lo fue con la actitud positiva del entonces Ministro de Fomento D. Rafael Benjumea Barín. Por ello fue laureado con el honor de ser considerado “Hijo adoptivo de Villanueva de la Serena”.
Hoy, sólo nos queda pasear por el lecho de una ilusión, de un sueño que poco faltó para hacerse realidad, pero se estancó en la nebulosa de la volubilidad de los tiempos. i Tomado de “El ferrocarril de Talavera de la Reina a Villanueva de la Serena” de Juan J. Ramos Vicente ii Acta Municipal de 18-6-1948 iii Tomado de “El ferrocarril de ….”
FUENTE: A. B.L.