POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA).
Hace algunos años, de la mano de Alfredo Arnaiz visité Villanueva del Aceral, conocí alguna afloración arqueológica, según dicen de la villa antigua, en el paraje del Rehoyo, unos prados secos y una fuente sin agua… en el camino de ida y vuelta hablamos de historia, de tradiciones, de devociones… siempre conversar con él es muy gratificante. Y salió a relucir la Virgen de Villanueva, que tiene el nombre de aquel paraje donde se apareció, la Virgen de Rehoyo.
He vuelto hace unos días, tenía ganas, no tanto de volver a Villanueva del Aceral, que lo hago con cierta frecuencia, sino de ir a las novenas de la Virgen de Rehoyo, una Virgen pequeñita que despierta las devociones populares de este pueblo de la Tierra de Arévalo, conexión histórica, que fue la cabeza del Sexmo del Aceral.
Salí una tarde agradable que en la noche se tornó más que fresca, así es nuestro clima y lo ha sido días pasados. Decimos con algo de sorna que aquí no hay primavera, pasamos del invierno al verano de un día para otro.
El verdor efímero de los campos estaba exultante, con sus tonos diversos según el sembrado, con esa brisa que provocaba las olas de mies, nuestro mar de mieses, que cuando se produce añade a la belleza del paisaje un movimiento suave y delicado que asemeja el mar en calma, y certifica el desarrollo de las mieses. Este año lluvioso ha propiciado unas mieses esbeltas y prometedoras. Algunas parcelas, creo que de cebada, que es algo más temprana, ya anuncia con los hilos de su espiga otro tono tirando a dorado, porque aflora la nueva espiga y ya anuncian su pronto cambio cromático para convertirse en un paisaje dorado.
Esas mieses ondulantes relajan y sosiegan el espíritu, además de ofrecer promesas de frutos, si es que los calores repentinos como están llegando, no arrebatan y aceleran el secado… déjenlo que cuaje ¡que son la alegría de nuestros campos!
Está situada Villanueva en un pequeño altozano que, en esta llanura nuestra, cualquier pequeño accidente geográfico parece más de lo que es, pero es suficiente para ser una atalaya de nuestra llanura. Altozano coronado por la iglesia, barroca, pero conserva la parte baja de la torre de nuestro mudéjar. ¿Fue una atalaya vigilante en esta zona? O fue la torre de una iglesia mudéjar desaparecida. En torno a ella, el caserío muy arregladito y con murales preciosos.
La novena tiene un candor especial, por los versos que, además de las oraciones a la Virgen, rematan cada día. Una cadencia popular en los cantos que la distinguen. La Virgen, pequeñita, rodeada de flore está ahí, recibiendo los saludos y rezos de las gentes de Villanueva y algún foráneo, como yo, que me sumo con cariño a la Virgen y a los amigos de Villanueva.
Por el mar de los trigales
de esta tierra castellana
se pasea nuestra Virgen
que es nuestre reina adorada
Virgen Santa de Rehoyo
agua ya no quiere el campo
quiere sol quiere buen tiempo
díselo tu al Padre Santo
Hay años, normalmente que se pide agua para que los campos fructifiquen, no así este que ha sido especialmente húmedo.
Recordamos también el paso de Santa Teresa por estas tierras. Y un episodio histórico muy hermoso, las rogativas hechas en 1588 en que la Virgen fue llevada a Arévalo, un hecho que se recogió hace años en las páginas de este Diario.
Un reencuentro con gentes de nuestra comarca, muchas de ellas amigas.