POR HERMINIO RAMOS, EL CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE ZAMORA.
Zamora despedía esta tarde con una ovación cerrada a su Cronista Oficial de la Ciudad, Herminio Ramos Pérez, en la misma plaza de la iglesia de San Ildefonso abarrotada tras la eucaristía a la que acudieron cientos de personas para arropar a la familia y los amigos de quien será recordado como un gran dinamizador cultural, un sabio de la historia de Zamora, el mismo día en el que echaba el cierre su queridísima Feria de Alfarería y de la Cerámica, de la que fue creador, impulsor y benefactor.
Pero, sobre todo, el viejo maestro y profesor, fallecido este 28 de junio a los 100 años, logró reunir a tanto a alumnos y a alumnas que aún recuerdan sus enseñanzas como profesor -en Cabañas de Sayago, en el colegio Juan XIII y en el Instituto de Claudio Moyano-, como a quienes lograron darle un homenaje en vida, a integrantes de la Asociación Cultural Herminio Ramos y también del Foro Cultural Herminio Ramos que llevan su nombre.
Herminio Ramos se ha ido como vivió, sin ostentaciones, rodeado de gentes sencillas, sus vecinos y vecinas, personas que disfrutaron de su charla incansable, de sus artículos de opinión o sus reportajeados recorridos por la historia de la provincia, del barro y sus alfareros, de las barriadas de Zamora capital y sus calles recónditas con nombres rocambolescos que dejó por cientos en la hemeroteca de LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA como gran colaborador que fue, siempre dispuesto y puntual a su cita con el periódico.
Donativo a un colegio de Latinoamérica
Se ha ido un cristiano que estudiaba y practicaba el evangelio, como ha recordado en su homilía el obispo de Zamora, Fernando Valera Sánchez, a quien el Cronista de la Ciudad quiso dar la bienvenida a Zamora con una carta acompañada por un donativo para contribuir a la enseñanza en un país latinoamericano y apoyar el mantenimiento de un colegio.
De su fe inquebrantable daban cuenta los diez sacerdotes que, junto al obispo, celebraron la misa de funeral, tal era la relación personal que Herminio Ramos mantenía con los curas de la capital, a los que a buen seguro no les falta alguna anécdota con el insigne zamorano. Una de las más curiosas es la que explica el vínculo con el sacerdote Miguel Ángel Hernández Fuentes, párroco de San Torcuato, cuya amistad con el entrañable profesor le viene de la mano de su abuela, doña Nati, aquella maestra de la Tuda, pueblo natal del historiador, mentora de aquel niño en el que vio cualidades para ingresar en el bachillerato.
Valera ensalzó al «hombre de fe pegado a la tierra»
El obispo ensalzó al «hombre de fe pegado a la tierra, al barro», un vínculo tan estrecho con la Iglesia Católica como mostraban los paños de difuntos de las cofradías del Espíritu Santo y de la Vera Cruz, de las que era hermano, que cubrían el féretro junto con la Cofradía de la Virgen del Carmen de San Isidoro, a la que estaba muy unido y de la que era Hermano de Honor desde el año 2024.
El paño de la Archicofradía de la Virgen del Amor Hermoso también cubría el ataúd y hasta el pie del altar en el que se ubica esa imagen en San Ildefonso fue llevado como es costumbre en las personas fallecidas, indicó el párroco. Herminio Ramos era muy devoto de esta Virgen, ante la que solía rezar junto con su esposa María de la Fuente tras asistir a las eucaristías en San Ildefonso.
El féretro abandonó la iglesia mientras Rogelio Cabado subía al púlpito para, guitarra en mano, entonar una canción escrita expresamente para Herminio Ramos, para ensalzar al hombre, el sabio y al buen cristiano que dejó tanta huella en su ciudad, Zamora.
