JULIO NAVARRO ALBERO, ACTOR, DIRECTOR DE LA COMPAÑÍA CECILIO PINEDA Y ‘TENORIO’: «APORTO AL TENORIO MI PARTE AMABLE Y ÉL, A CAMBIO, ME CEDE SU LADO CANALLA»

POR ANTONIO BOTÍAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA

Julio Navarro. / M. BUESO

Julio Navarro. / M. BUESO

Desde hace 26 años es el Tenorio por excelencia, el que encarna al protagonista de la célebre obra de Zorrilla sobre las legendarias tablas del Romea cuando se acerca el día de Todos los Santos. Se trata de Julio Navarro Albero, fiel continuador de una saga familiar que interpretó por vez primera el Tenorio en el año 1907 y fue fundada por Cecilio Pineda, quien da nombre a la compañía teatral. Compañía que ha logrado algo casi inaudito: convertir en tradición una obra de teatro. Quizá el secreto sea el apoyo incondicional que siempre le ha brindado el público murciano y la valía profesional de los actores. Además del cuidado extremo de los detalles que, a la postre, pronto sitúan al espectador en aquella época, aquellos escenarios y aquel drama.

¿Qué tiene usted de Tenorio?

(Ríe). Llevo 26 años conviviendo con él. Así que lo conozco bien. Es un auténtico sinvergüenza que, al final, se redime por amor. Yo creo que le aporto mi parte amable. Y él, a cambio, me entrega su parte canalla. Aunque poco. Tiene más carácter que yo.

Bueno, por ahí andará la cosa…

¡Qué va! Yo sería incapaz de matar. Él sí sabe matar.

Un año más, mañana [por hoy] el Tenorio regresa al Romea. ¿Está todo preparado?

Todo a punto. Aquí actuaremos hasta el próximo día 2 de noviembre. El 3, además, celebraremos una representación para los centros de mayores del municipio.
Y siguen cuidando hasta lo indecible los más mínimos detalles.

Eso es también algo tradicional. Vestiremos, por ejemplo, 80 trajes de la madrileña Sastrería Cornejo, la mejor del mundo. Y toda la utillería es real: cristalería, cubertería, muebles de época, incluso los libros religiosos que adornan la celda de Doña Inés. Y, claro, la comida y la bebida que se muestra en escena.

Sin contar los espléndidos telones que engalanan la obra.

Son auténticas obras de arte, pintadas al óleo a finales del siglo XIX. Es un sistema que solo se utiliza en el Romea que, por cierto, atesora un gran peine [enrejado con poleas situado en el telar de los escenarios, de donde se cuelgan las decoraciones].

¿Cuántos actores sobre las tablas?

Cuarenta. Los actores con personaje son todos primeras figuras de la Región, los mejores, de una belleza escénica absoluta. Es un privilegio poder trabajar con ellos y admirarlos.

¿Por qué cree que la obra cuenta en Murcia con el apoyo incondicional del público murciano?

(Risas). ¡Eso espero! Bueno, lo cierto es que siempre hemos tenido el apoyo del público desde que mi padre recuperó la tradición de escenificarlo allá por el año 1989.

No puede decirse lo mismo sobre la obra en otras ciudades.

Es cierto. Apenas se representa en Madrid, en Valladolid… para los murcianos es un auténtico orgullo. Por eso, no me cansaré de darle las gracias al pueblo de Murcia. Mientras tenga fuerzas seguiré por ellos y para ellos.

¿No sería bueno más apoyo institucional o público?

No lo dude. Lo necesitamos. Mire, por ejemplo, cuánto se apoya al Misteri de Elche.

¿Cómo han influido las redes sociales en los últimos años en la difusión de esta cita?

Ha sido una maravilla. La gente lo comparte y te hace llegar mensajes. Te facilita la posibilidad de intercambiar opiniones.

¿Alguna novedad, que acaso no es necesaria, en la propuesta de este año?

La novedad es enriquecer la obra. Por supuesto, los actores no cambiarían sus papeles por nada del mundo (ríe). Hemos introducido mejoras en la taberna y en el cementerio. También fue un acierto que Fernando Hijo se encargara de la ornamentación floral.

¿Cuántos recuerdos le emocionan durante estos días?

(Suspira). Muchos, créame. Mis abuelos recitando la obra en casa por las noches; el primer año con mi padre y aquellos actores que ya no están; mi hija haciendo sus deberes en mi camerino…

¿Y añoranzas?

A mi padre, sin duda. Su timbre de voz, su preocupación cuando yo actuaba, con el ceño fruncido y expectante. A veces, aún hoy, le pido ayuda ante algún problema.

Fuente: http://www.laverdad.es/

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