Al final de la guerra, la situación era ya insostenible por más tiempo. Los pueblos se negaban a dar lo que no tenían y las amenazas por parte de la intendencia general que se encargaba del abastecimiento regular no se hicieron esperar. El 30 de junio de 1814 el Ayuntamiento de Paracuellos recibió una carta donde se exponía que los pueblos del partido judicial se negaban a dar las raciones que les correspondían para mantener las tropas acantonadas en Alcalá de Henares, Ajalvir y Daganzo de Arriba. La distribución de lo que tenía que aportar eran: Ajalvir (68 Raciones), Cobeña (49), Daganzo de Arriba (69), Daganzo de Abajo (31), Fresno del Torote (31) y Paracuellos (86). Enterado (…) de que los Pueblos auxiliares de eses distrito se niegan a contribuir con los suministros que les corresponden (…) he tenido a bien mandar que (…) se les condenará a cada uno en la multa de 100 Ducados que irremisiblemente se les exigirá militarmente.
Pero no sólo recibió Paracuellos peticiones de la intendencia general. El 3 de julio de 1814 el propio alcalde del Ajalvir D. Mario Antequera, ante lo angustioso de la situación, mandó una carta al alcalde de Paracuellos solicitándole el envió de raciones de pan, cebada y estopa, que ya le había solicitado en otra ocasión: En cuanto a la subsistencia de la tropa acantonada en esta villa y en la de Daganzo de Arriba. Esperaba que se presentase a la mañana siguiente con los suministros acordados, especialmente los de cebada especie por no haberla aquí ni en Daganzo. Pero no sólo no se presentó sino que contestó al día siguiente con una carta que sonaba a excusa, intentando justificar que la operación carecía de los trámites legales que había de seguir.
Entendía el alcalde que Paracuellos había de contribuir a esos gastos que las tropas generan pero con las órdenes oportunas: Para que este pueblo proceda con el conocimiento debido, se le instruya de las órdenes que esa Justicia haya recibido del Exmo. Señor Gobernador Militar y Político de la Capital. Nada de esto sabe Paracuellos, y por consiguiente entre este Pueblo en la operación sin nociones, y sólo por un efecto de buena fe. Pero siempre con las reservas y protestas (oportunas). Sin embargo no se negaba a las obligaciones que tenía y terminaba la carta con la promesa de que iría el Comisionado de este pueblo para que le fuese enseñada la superior orden en la que constasen las obligaciones impuestas a Paracuellos.
No fue hasta febrero de 1821, siete años después de acabada la guerra, que el Ayuntamiento hizo un balance general de los suministros aportados por todos los vecinos a las tropas: La Villa de Paracuellos tiene representados en esta Comisión de un cargo los estados y recibos de suministros ejecutados en los años desde 1808 a 1814 a tropas españolas y francesas (…) y para que sirva de resguardo, se practica la correspondiente liquidación de los que sean de legítimo abono se les da en documento. En esta relación también aparecían los llamados Bonos de guerra que las intendencias de los ejércitos daban a los pueblos a cambio de víveres. Aunque la realidad fue que la mayoría de estos pagarés nunca se cobraron, y mucho menos el resto de incautaciones.
En seguida vinieron otras guerras y otros problemas y, a pesar de las reclamaciones, esto pasó a formar parte de la historia.
De la gráfica de suministros a las tropas españolas que detallamos a continuación hay que hacer varias apreciaciones. La primera ha sido la dificultad en cuantificar los pesos y medidas de todo lo aportado. Así podemos decir que, por ejemplo, una ración de pan equivale a veintiocho onzas y una ración de carne a siete onzas. Con los suministros líquidos la cosa está más clara ya que una arroba de vino son, aproximadamente, dieciséis litros, sin embargo, una de aceite son doce litros y medio. Y, finalmente, las fanegas, que eran utilizadas para la cebada o el trigo entre otros y que equivalen a cincuenta y cinco kilos y medio. Aparte de todo esto, existen otras medidas, como los celemines para el trigo o las cuartillas para el vino y el aguardiente, que tienen un valor inferior. Todo ello lo hemos tenido en cuenta a la hora de elaborar la gráfica con los totales, aunque pudiera existir alguna variación que no influye o distorsiona las aportaciones.
Otro dato a tener en cuenta son las grandes diferencias de las cantidades requisadas por los distintos regimientos. Esas diferencias se deben a que el número de soldados variaba desde ejércitos enteros a pequeñas partidas o incluso individuos solos que, bien por enfermedades o mutilaciones, quedaban rezagados de sus cuerpos de ejército. La obligación de auxiliar afectaba a todos ellos. Por otra parte, hubo ejércitos que pasaron varias veces en el mismo año, lo que se contempla en la suma final. En cuanto a las unidades que pasaron, la que más nos llamó la atención fue sin duda la partida de observación del famoso guerrillero Juan Martín Díez el Empecinado, que se llevó la nada despreciable cantidad de 200 arrobas de vino (3.200 litros) y 5 de carne. Este guerrillero llegó a dominar toda la Alcarria y llego a tener una guerrilla formada por más de 10.000 hombres. Varias partidas suyas, como los voluntarios de Guadalajara o los tiradores de Sepúlveda, también requisaron suministros en nuestra localidad.
La última de las consideraciones es la inclusión en 1814, de un apartado para el suministro de estopa, que en el resto de años no existe No sabemos el motivo del aumento pero este elemento era utilizado tanto para prender las mechas de las armas como para la fabricación de ropa. El detalle más representativo del estado precario de la economía fue que, en el último año de guerra, desaparece el suministro de vino y casi por completo el de carne, pero aumenta el desembolso monetario. Como si los vecinos una vez desprendidos de todo, sólo les quedaran algunos ahorros en forma de monedas. Cabe destacar por último, la cantidad de pequeños suministros, incluidos en el apartado de “otros”, que resultan curiosos y que no hemos querido obviar. Existe constancia de aportaciones tales como onzas de chocolate, jabón, pescado, queso, aceite, huevos, arroz, carbón, menestra, herraduras, gallinas, ollas, cacerolas, mantas, colchones, etc. En términos redondos, la cantidad total en que el Ayuntamiento estimó lo requisado y que nunca se pagó, fue de 1.236.170, 29. Reales.
Este es nuestro repaso a la Guerra de la Independencia, que como todas las guerras han dejado hambre y destrucción. Esta ha sido la crónica de cómo se vivió en nuestro muncipio.
FUENTEY TEXTO COMPLETO EN: https://historiasdeparacuellos.blogspot.com/2021/05/1808-1814-cronica-municipal-de-una.html?m=1
