MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO XCVI)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

El 14 de octubre de 1952, el Secretario Municipal, Silvino Otero Manzano, hizo saber a la Corporación el contenido de la Orden de la Dirección General de Administración Local (BOE N.º 279), en la que se hacía público su nombramiento como nuevo Secretario en propiedad del Ayuntamiento de Llanera, cesando en el de Parres, donde venía ejerciendo el cargo desde hacía diez años en calidad de funcionario.

Interinamente le sustituyó el oficial primero, Cipriano Rodríguez Cibrián que -desde 1921- trabajaba en el Ayuntamiento.

Para cualquiera que siga la lectura de las aproximadamente 12.000 actas de reuniones -tanto plenarias como permanentes- que se conservan en los archivos municipales, le supondrá una especie de alivio el cambio experimentado a efectos de investigación en soporte escrito, dado que la caligrafía de este secretario era de difícil lectura, todo lo contrario a la mayoría de sus antecesores en dicha Secretaría y -sobre todo- a partir de este mes de octubre de 1952.

Es cierto que en este campo hay un poco de todo, incluido uno de los secretarios -que acabaría ocupando un relevante cargo en Asturias al frente de un partido político de ámbito nacional- cuya caligrafía semeja a la de un escolar, y que -con sus numerosas faltas de ortografía- no hubiese superado una reválida de bachillerato.

Cipriano Rodríguez -el nuevo secretario interino, hijo y hermano de maestros y vecino de este cronista- presentaba por esos días un escrito argumentando que llevaba treinta y un años como oficial, pero no como propietario por oposición o concurso, por lo que solicitaba, de acuerdo con las disposiciones legales, se convocase una oposición restringida para su puesto y, así, poder legalizar su situación como oficial en propiedad.

Sólo cinco meses fue Cipriano secretario interino y se le abonaron 300 pts. por cada mes trabajado.

Por razones de economía y proximidad se nombró secretario a Ricardo Alonso Fernández, el cual desempeñaba el mismo trabajo en el Ayuntamiento de Cangas de Onís, duplicidad que fue aceptada por el Gobierno Civil.

El Ayuntamiento de Parres le abonaría a Ricardo 500 pts. mensuales por sus servicios, alegando el alcalde que -debido a la difícil situación económica del Ayuntamiento- no le podían pagar más, además -añadía- no sería mucho su trabajo en Parres, pero el nuevo secretario -que iba a desempeñar su cargo por “acumulación temporal”- renunció a cobrar todo lo que por ley le correspondía, dejando la parte que no percibiría a beneficio de las arcas públicas municipales.

Con el préstamo de 173.974 pts. que el Banco de Crédito Local de España concedió al Ayuntamiento, se le encargaron al arquitecto municipal nuevos proyectos, como el mercado cubierto de ganados, hogar juvenil y campo de fútbol.

La visita realizada al Mirador de El Fito por el Gobernador Civil, Presidente de la Diputación, Ingeniero del Estado, junto con los alcaldes de Colunga, Piloña y Parres, tuvo como finalidad hacer un estudio para abrir una carretera desde dicho mirador que -pasando por la “cresta” del Puerto del Sueve- llegase al lugar conocido como “La Llama”, situado en la carretera de Infiesto a Colunga. Se haría en dos fases, la primera desde El Fito a la falda del Pico Pienzo, y la segunda desde Pienzo hasta el final.

El Bar Restaurante de Agustín Aramburu aparece mencionado como el lugar en el que se le ofreció una comida al Gobernador Civil y a las otras autoridades antes mencionadas que habían visitado la “carretera de El Sueve”.

Otros restaurantes eran también utilizados para celebrar agasajos protocolarios a invitados, como en el Café Español, de Silvino Fondón Álvarez.

Y la nueva Plaza de Abastos -que sólo tenía dos años- ya precisó de una importante intervención de reforma en su cubierta, en la que hubo que colocar algunas vigas de madera por valor de varios miles de pesetas.

Las sesiones permanentes las componían el alcalde José M. Ruiz y los tenientes de alcalde, Javier González Díaz y Fernando Cuenco Pría, iniciándose normalmente a partir de las cuatro de la tarde.

Como en la escuela unitaria de niños de Collía no se disponía de electricidad, las clases nocturnas para adultos salvaban esta carencia como buenamente podían, de forma que se instó a ERCOA S.A. a que instalase la luz en la misma, siendo por cuenta de los adultos que recibían clases los gastos de instalación.

Aún en 1952 quedaba un cubil de cerdos detrás de la capilla de San Antonio, con las correspondientes protestas de los vecinos por los olores que desprendía, negándose el propietario a retirarla, junto con el gallinero que también allí tenía.

Las ordenanzas sanitarias municipales prohibían los cubiles para cerdos o porquerizas a menos de 200 metros de las viviendas, de forma que el médico e inspector municipal de sanidad, Celestino Suárez Lobo, intervino en este tema que afectaba como propietario a uno de los vecinos que -como inquilino- vivía en el mismo edificio donde los demás protestaban.

En las ferreterías de la villa se adquirían las herramientas necesarias para entregar a los alcaldes de los pueblos del concejo, destinadas a obras de carácter comunal, casi siempre palas, azadas, picachones, porrillas, terciadores y otros.

La bicicleta municipal era reparada por el mecánico Benigno García.

Los carros registrados en el concejo (no se dice cuántos había) pagaban sus correspondientes arbitrios que -en el año 1953- ascendieron a 9.860 pts.

Había que solicitar permiso para los asuntos más nimios, como pintar la puerta de tu comercio, el marco del escaparate, la cocina, dormitorio o un local cualquiera del interior del domicilio, etc.

Además de las limosnas que se entregaban a los transeúntes pobres, a veces el alcalde ordenaba por su cuenta que se les diese hospedaje a peregrinos en el “Hostal de las Hermanas Cofiño”, en el “Gijonés”, en el “Hotel Santa Cruz”, casa de Josefa Migoya, y otros lugares. No se especifica si esos peregrinos iban camino de Santiago de Compostela, Covadonga u otros santuarios.

Por parte de ERCOA S.A. la facturación de la luz a la que hacía frente el Ayuntamiento cada trimestre se acercaba a las 4.500 pts. y en ella se incluía el alumbrado público de Arriondas, Casa Consistorial, Cuartel de la Guardia Civil, y algunos pueblos del concejo, pues a otros los atendía Electra de Coviella, que facturaba más de 1.700 pts. por trimestre.

Decidieron adquirir una máquina de escribir de “carro grande” y realizaron gestiones en varias casas especializadas en su venta, proponiéndoles cambiar una de las viejas que tenían y abonando la diferencia de precio en metálico.

Al final, decidió el alcalde comprar una máquina de la “Casa Tudela” -en la calle San Francisco n.º 6 de Santander- marca “Underwood”. Vendieron una vieja de la misma marca y la valoraron en 3.000 pts., costando la nueva 8.500 pts., de modo que acordaron pagar las 5.500 pts. en varios giros que harían el día 30 de cada mes, certificando la nueva con una garantía de cinco años.

A Celso Rodríguez se le encargaba algunas veces la pintura de las dependencias municipales, de los arcos armados que se colocaban en las calles para la Fiesta de Las Piraguas, o de los buzones de correos diseminados por el concejo, entre otros.

A Antonio Arcadio Diego Somoano -como maestro de la escuela de San Juan de Parres- lo encontramos reclamando -mediante una instancia- la diferencia entre lo que se le abonaba por la casa-habitación que ocupaba y la cantidad que realmente debía percibir, interesando se corrigiese el error, como así se hizo.

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