POR HERMINIO RAMOS PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE ZAMORA
Acaba de cerrarse el II Congreso sobre Sefard con toda ese inmensa carga de historia que pesa sobre ella, teniendo en cuenta todo el proceso histórico que durante siglos va a girar en el Duero y la influencia del mundo hebreo hasta el Decreto de la Alhambra.
Se han localizado las cuatro juderías, Barrios Bajos cuyos restos de la Sinagoga en la calle Baños esquina a Zapatería se han derribado hace unos años, otra entre la calle de las Doncellas y Moreno en el cruce en el arrabal de San Lázaro, encontramos testimonios tan claros y definidos como los topónimos de sus calles del Sol y la Luna, la localización del cementerio en su territorio y algún recuerdo curioso y hasta anecdótico como es el célebre postre de arroz con leche conservado en la fiesta de Nuestra Señora del Yermo, postre típicamente judío que según la tradición se ofrece a quienes han ganado la confianza y el efecto de la familia.
La judería zamorana es una de las cuatro primeras de la península que implanta el invento de Gutenberg y es concretamente en la calle de las Doncellas donde se fija a Antón de Centenera, cuyas primeras obras impresas se publican a partir del 1480. Todavía estaba lejos el decreto de expulsión, y hasta aquí llega la curiosidad de la calle de las Doncellas que desde aquella lejana fecha ha mantenido hasta la primera mitad del pasado siglo un establecimiento de este género.
En nuestra provincia aún nos quedan recuerdos de un pueblo y una cultura que se resistía ante la postura de los nuevos reyes con el ya citado célebre decreto de la Alhambra del 1 de marzo del 1492, cuando solamente hacía dos meses que se había conquistado Granada y la guerra había terminado. Sin embargo, justo es reconocer la clara visión de los Reyes Católicos cuando su contador real que era el rabino de la sinagoga de Segovia, es bautizado. Llevará el apellido Coronel y seguirá siendo su contador real. Otra nota curiosa corresponde a los pueblos que cambian de nombre. Santibáñez cuyo nombre era San Juan San Pil que era San Pedro y Sanzoles que era San Zoilo y curiosamente es el único que conserva en su toponimia urbana el testimonio indiscutible de las calles del Sol y la Luna.
En Carballeda apellidos que han dominado el comercio de la capital nos habla con gran claridad de los restos de ese espíritu propio de ese pueblo y su expansión.
Como final y un gratísimo recuerdo de Sefarat allá por los años treinta del pasado siglo, visitando en el barrio de Olivares, el estudio del Pintor Jesús Gallego Marquina un grupo de amigos, entre los que se encontraba don Ramón Menéndez Pidal, sintió la curiosidad de saludar y hablar con un grupo de señoras mayores que hacían sus labores en aquella solana y comenzó a hacerles algunas preguntas y una señora le completó un romance Sefardí del que él había recogido un fragmento en Salónica.
Fuente: http://www.laopiniondezamora.es/
