POR HERMINIO RAMOS, CRONISTA OFICIAL DE ZAMORA

Villarrín de Campos, a través de su asociación cultural -envuelta en la túnica sagrada de la llanura, cargada a la vez de esas bellas panorámicas en las que resaltan como joyas cuidadosamente trabajadas las líneas blancas de sus inconfundibles palomares, muy destacados en la belleza de los atardeceres cuando la luz embellece sus entornos- ha llegado y está presente en La Encarnación durante unas semanas.
El tema que el colectivo cultural nos ofrece no es otro que una magnífica exposición de palomares dividida en tres partes. La primera es una auténtica antología en la que a través de cerca de un centenar de magníficas fotografías, podemos seguir y conocer la gran variedad de formas, ambientes y estructuras de las regiones de España, principalmente de aquellas en las que los palomares construyen una nota destacada en su paisaje de tan atractivo interés que te hace marchar casi sin darte cuenta por la geografía, a la vez que te hace soñar con esos instantes que el día despierta o la noche llama y el revoloteo de las palomas constituye una nota casi musical del paisaje rural.
Una segunda parte está compuesta por varios cuadros en los que el tema es el palomar para terminar con dos grupos de producciones artesanas en barro y madera, produciendo una interesante variedad de tipos, auténtico catálogo de modelos.
Hoy, aun en las comarcas más ricas en este campo, se ha producido una tremenda disminución en este sentido pero sigue viva a la vida y la actividad de la paloma en el deporte del tiro, que sigue constituyendo uno de los aspectos más atractivos para seguir manteniendo este sector del palomar. El miércoles 13, en la visita a la exposición, tuve la suerte de coincidir con dos viejos amigos, de una parte el organizador y coordinador de la muestra, Fernando Miñambres, un villarriano de pura cepa, y de otro lado el excelentísimo señor don Saturnino García Oviedo, que en poco más de una hora nos dio esa rica, curiosa y clara lección de la vida, ambientes y características de las aplicaciones del mundo del palomar a través de la vida social en sus más altas esferas y eso a través del ancho mundo, una lección que recordaré siempre.
Nos queda un breve pero interesante recuerdo sobre la vida de las palomas y de los palomares como es el valor de la palomina como abono para la vid, que fue motivo de comercio en épocas ya lejanas. Y por último nos queda esa luz de los amaneceres en las llanuras de campos, en las que el revoloteo de las palomas por las rastrojeras constituye la nota musical y a la vez mística del propio pensamiento de nuestras llanuras en las que el palomar y las palomas han constituido siempre una mítica referencia que podemos evocar al contemplar esta interesantísima exposición.
Fuente: http://www.laopiniondezamora.es/
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