BLANCA Y LA INFLUENCIA DE LA VERA CRUZ.

POR ANGEL RÍOS MARTÍNEZ CRONISTA OFICIAL DE BLANCA (MURCIA)

La Ermita de San Roque (s. XVIII), Torreón de una de las casas más antiguas en Blanca y El Baño de la Cruz.

Quiero en esta colaboración poner mi granico de arena para ensalzar, en este Año Santo, a una reliquia de la que tanto se ha escrito: la Vera Cruz de Caravaca, Verdadera Cruz, nombre con el que desde la Edad Media se la conoce para evitar que se la confundiese con otras falsas reliquias y que esta documentada en los archivos de la catedral de Murcia en los que se describe el escudo de Caravaca (1285), cuya fama se ha extendido a todo el mundo y, lógicamente a Blanca.

Papel importante en las peregrinaciones tuvieron las Órdenes Militares del Temple y de Santiago que se encargaban de ofrecer la mayor seguridad posible a estos territorios, dada la situación de frontera de la ciudad, estaba sometida a las “razzias” de los musulmanes a las que se sumaban las de los almogávares de Granada, constituidos en terribles bandas que saqueaban con el pillaje para obtener buenos botines.

Los Templarios se establecieron en época del Rey Sabio (1266) pero su duración fue breve. Los Santiaguistas lo hicieron en 1344, reinando Alfonso XI y, como su duración fue mayor, fueron fundamentales en el culto a la Vera Cruz. Es en la segunda mitad del siglo XIV cuando esta Orden de Santiago recibe dos Bulas del Papa Clemente VII, en pleno Cisma, desde Avignon, en que se da referencia a las peregrinaciones a esta ciudad de Caravaca. Es también en esta segunda mitad de siglo cuando aparece el ritual del Baño del Agua, mediante la inmersión de la reliquia, que proporciona poderes milagrosos ante las adversidades de todo tipo y que se viene celebrando desde entonces, en el mismo lugar en que se hizo la primera vez: la Acequia Mayor, que procede de las Fuentes del Marqués y que en el siglo XVIII, bajo el patronazgo del infante don Felipe de Borbón-Palma, comendador de Caravaca, se edificó el Templete.

Blanca y los demás pueblos del Valle de Ricote -pertenecía a la Orden de Santiago- y, por Real Célula de 8 de febrero de 1566, pasó a formar parte de una de las seis encomiendas de la alcaldía de Caravaca; lo fue hasta el 10 de agosto de 1591, en que Felipe II le concedió el título de Villa, que le fue confirmado por Fernando VII en 19 de febrero de 1819. Al crearse una alcaldía mayor en Cieza en 1667, pasó a depender de ella. Pero seguía bajo el mandato de la orden jacobea y seguro que se debe a ella la influencia de la Vera Cruz pudiendo ver este símbolo en dos lugares emblemáticos de Blanca: sobre el pináculo que hay sobre la campana de la ermita de San Roque (s. XVIII) y sobre el torreón de una de las casas más antiguas de la localidad para, según me cuentan, pedir su intercesión ante tormentas, desgracias… o “mal de ojo” por lo que también se le ponía -y aún hoy se les pone- a los niños en su carrito o cuna.

Es con el Concordato de 1851 entre la Santa Sede y el Gobierno de España, por la Bula “Quo gravius” cuando las vicarías de Caravaca, Calasparra, Totana y Yeste quedan libres de la dependencia de la Orden de Santiago e Infantes de la casa real.

También se lleva a cabo el Baño de la Cruz, pero de manera distinta: el sacerdote porta una Cruz de flores desde la Parroquia al paraje denominado “piedra del barco”, junto al río –lugar donde estaba situada la plataforma para cruzar el río-, bendice las aguas y deposita en ellas la Cruz, que hará posible que de las tierras regadas manen abundantes cosechas.

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